EL PRECIO DE LA INDEPENDENCIA
“- Tras estos tiempos vendrán
otros tiempos y otros y otros,
y lo mismo que nosotros
otros se jorobarán .”
Antonio Machado.
EL DEJAR DE TRABAJAR PARA OTROS
En España hay tres millones de personas que trabajan sin jefes y a su propio ritmo y las escasas expectativas de empleo para mujeres y jóvenes empujan a estos colectivos a establecer sus propias empresas. Pero, el trabajador autónomo se haya en una encrucijada de la que será difícil, cuando no imposible, salir por sí mismo. El desarrollo comercial, de producción y de servicio en esta sociedad en la que estamos inmersos, donde desde las prestaciones hasta el consumo, cualquier actividad se realiza a escalas económicas múltiples, hace prácticamente inservibles las ilusiones que aquél pudiera albergar.
Si bien es cierto que, en un pasado no muy lejano, la figura del trabajador autónomo fue ponderada, incentivada socialmente, primada institucionalmente e individualmente ilusionada con el señuelo de un falso independentismo, no es menos cierto que en la práctica, todos estos atributos se han estrellado, desmoronado, hecho trizas ante la realidad actual, ya que la incertidumbre de la debilidad económica y la falta de viabilidad, por la escasez de recursos competitivos, los lleva todo lo más a la parca subsistencia.
La desesperanzada situación de los autónomos en algunos sectores e incluso el descenso de los mismos en talos sectores, tanto en número como en capacidad económica, es especialmente significativo, al no poder hacer frente a las grandes asociaciones comerciales que les invaden, arrinconándoles y apartándoles de las corrientes empresariales.
Los sectores de la alimentación y el comercio, seguido del transporte, son los más afectados por las nuevas formas que imponen la evolución comercial.
Cerca de dos millones de autónomos de los mencionados sectores se encuentran en la gran encrucijada, después de haber tenido un pasado, sin gloria alguna, tener un presente tenebroso y un futuro sin perspectivas, a menos que puedan contar con las aportación y el compromiso de las instituciones nacionales y supranacionales, que asuman, como deben, la ayuda material y humana necesaria para hacer frente a las multinacionales. Necesitan esos medios para agruparse en grandes sociedades laborales y cooperativas.
Los autónomos no han sido los culpables sino las víctimas de los cambios comerciales que se han efectuado y de las grandes operaciones de trasvases económicos y técnicos, habiendo estado alejados de todo centro de toma de decisiones.
En los últimos veinticinco años la reconversión y la deslocalización de empresas ha dejado en la calle a centenares de miles de trabajadores, indemnizados con despidos que sólo le han servido como mínima ayuda para adquirir una pequeña tienda, un camión, un taxi, etc. Muchos de estos autónomos están atravesando una penosa situación y los poderes públicos debieran ser sensibles a sus justas reivindicaciones, evitando con ellos deterioros humanos que conducen inevitablemente a convulsiones sociales, a estados de injusticia y de profunda desigualdad. Y es que, como dijo el poeta: “Una vez que me haya ido / ya nunca más volveré: / porque si vuelvo seré / otro del que antes he sido”.
Francisco Arias Solis
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La paz pide una oportunidad.
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Gracias.