GOYA POR FRANCISCO ARIAS SOLIS
FRANCISCO JOSE DE GOYA Y LUCIENTES
(1746-1828)
“Y la puesta de sol en la Pradera.
Y el embozado
con su chistera.
Y la gracia y la desgracia.
Y la desgracia de la gracia.
Y la poesía
de la pintura clara
y la sombría.”
Rafael Alberti. Goya.
LA VOZ DEL PINTOR DE LA POESIA
Goya fue desde el primero al último día de su vida un hombre del pueblo. Nació en Fuendetodos, aldea aragonesa, el 30 de marzo de 1746. Estamos ante un aragonés universal, que escribió, con sus pinceles, algunos de los capítulos más dramáticos de la historia de España a caballo entre los dos siglos claves de la moderna historia de Europa. Francisco José de Goya y Lucientes pierde el habla durante una hora el 2 de abril de 1828, catorce días, más tarde, muere.
Goya buscaba el movimiento exterior y el interior en la calle, en el pueblo,. Era para Goya el pueblo y lo popular la fuente inagotable, pero la expresión no era nunca lugar común, ya que éste no se halla en el mundo de las formas exteriores, sino en las transferencias positivas o no de la visión del artista que mira. A fines del siglo XVIII la corte española comenzaba a sentirse atraída por el prestigio de lo popular: las majas, los majos, las manolas, los chisperos, la manera, el vestido y giro de la calle. Goya acentuó la corriente y la consagró en las alturas cortesanas.
Con Goya se produce una escuela de lirismo visual que no es ya “imitación de la naturaleza” de los clásicos, sino la superación de la naturaleza por el efecto inefable cristalizado en la superconciencia del todo inmune a cualquier forma de análisis. Se puede hablar, desde Goya y más tarde Picasso y todas las escuelas modernas de poesía visual, es decir, incongruencia lírica de fuerte resonancia en los sentidos del que contempla.
“El tiempo también pinta”, nos decía Goya. Demos, por buena esta afirmación goyesca, y preguntemos, si el tiempo también pinta, ¿cómo pinta? ¿Pinta como Goya? ¿Pinta como quiere?
Goya empezó en su tiempo, a tratar de pintarle a él; empezó haciendo pintura del tiempo, pintura de historia. En su tiempo era una pintura obligada. Pintura teatral. Un cuadro de historia era naturalmente y por principio un cuadro sin historia; sin historia propia, sin auténtica temporalidad. Una pintura representativa de ese modo, era una abdicación histórica de la pintura; de la voluntad del pintor; de la voluntad de pintar. Una caprichosa negación de la pintura misma.
“La historia y la poesía todo puede ser uno” -había escrito Lope-. La poesía, más verdadera que la historia, ¿convertirá el cuadro de historia en cuadro de poesía?, ¿la pintura de historia en pintura de poesía? O sea, en pintura de verdad. Porque todo puede ser uno, en el tiempo, y aún por el tiempo, para el hombre, por él y para él. Esta humanización del arte de pintar –arte poético y no histórico, esto es, revolucionario y no evolutivo-, es la primera verdad de nuestro Goya; la que caracteriza su pintura como pura voluntariedad; como capricho. Como pura voluntariedad la pintura de Goya es asombrosamente exacta, justa, precisa, creadora; inventiva; fantástica. Monstruosamente genial.
Goya empezó a temporalizar sus historias pintadas humanizándolas de verdad. Esto es lo que se ha llamado, equivocadamente, psicología. Goya, pintor de retratos, o sea pintor del hombre temporal, no es un psicólogo, es todo lo contrario: es un poeta; es decir, un verdadero pintor.
Los monstruos más disparatados y caprichosos de toda la pintura goyesca son probablemente sus retratos (La Chinchón, María Luisa, Las majas).
Las verdades más claras de España son las populares que nos pintó Goya. Tan claramente, por el preciso agravio que a su resplandor pusieron sus márgenes de sombra. No hay pintura más clara para los ojos, como para el entendimiento –para el entendimiento humano de lo español- que la oscura y clara. La negra o roja; blanca o coloreada; del enorme Goya.
Los sueños de la razón goyesca –disparatada, caprichosa- nos entran por los ojos esas imágenes geniales, generadoras de nuestra verdad y nuestra vida: la popular de España. Y como dijo el poeta de la pintura, Rafael Alberti: “Pintor. / En tu inmortalidad llore la Gracia / y sonría el Horror”.
Francisco Arias Solis
e-mail: aarias@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias
La paz pide una oportunidad.
Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus páginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL:
http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm
Gracias.
(1746-1828)
“Y la puesta de sol en la Pradera.
Y el embozado
con su chistera.
Y la gracia y la desgracia.
Y la desgracia de la gracia.
Y la poesía
de la pintura clara
y la sombría.”
Rafael Alberti. Goya.
LA VOZ DEL PINTOR DE LA POESIA
Goya fue desde el primero al último día de su vida un hombre del pueblo. Nació en Fuendetodos, aldea aragonesa, el 30 de marzo de 1746. Estamos ante un aragonés universal, que escribió, con sus pinceles, algunos de los capítulos más dramáticos de la historia de España a caballo entre los dos siglos claves de la moderna historia de Europa. Francisco José de Goya y Lucientes pierde el habla durante una hora el 2 de abril de 1828, catorce días, más tarde, muere.
Goya buscaba el movimiento exterior y el interior en la calle, en el pueblo,. Era para Goya el pueblo y lo popular la fuente inagotable, pero la expresión no era nunca lugar común, ya que éste no se halla en el mundo de las formas exteriores, sino en las transferencias positivas o no de la visión del artista que mira. A fines del siglo XVIII la corte española comenzaba a sentirse atraída por el prestigio de lo popular: las majas, los majos, las manolas, los chisperos, la manera, el vestido y giro de la calle. Goya acentuó la corriente y la consagró en las alturas cortesanas.
Con Goya se produce una escuela de lirismo visual que no es ya “imitación de la naturaleza” de los clásicos, sino la superación de la naturaleza por el efecto inefable cristalizado en la superconciencia del todo inmune a cualquier forma de análisis. Se puede hablar, desde Goya y más tarde Picasso y todas las escuelas modernas de poesía visual, es decir, incongruencia lírica de fuerte resonancia en los sentidos del que contempla.
“El tiempo también pinta”, nos decía Goya. Demos, por buena esta afirmación goyesca, y preguntemos, si el tiempo también pinta, ¿cómo pinta? ¿Pinta como Goya? ¿Pinta como quiere?
Goya empezó en su tiempo, a tratar de pintarle a él; empezó haciendo pintura del tiempo, pintura de historia. En su tiempo era una pintura obligada. Pintura teatral. Un cuadro de historia era naturalmente y por principio un cuadro sin historia; sin historia propia, sin auténtica temporalidad. Una pintura representativa de ese modo, era una abdicación histórica de la pintura; de la voluntad del pintor; de la voluntad de pintar. Una caprichosa negación de la pintura misma.
“La historia y la poesía todo puede ser uno” -había escrito Lope-. La poesía, más verdadera que la historia, ¿convertirá el cuadro de historia en cuadro de poesía?, ¿la pintura de historia en pintura de poesía? O sea, en pintura de verdad. Porque todo puede ser uno, en el tiempo, y aún por el tiempo, para el hombre, por él y para él. Esta humanización del arte de pintar –arte poético y no histórico, esto es, revolucionario y no evolutivo-, es la primera verdad de nuestro Goya; la que caracteriza su pintura como pura voluntariedad; como capricho. Como pura voluntariedad la pintura de Goya es asombrosamente exacta, justa, precisa, creadora; inventiva; fantástica. Monstruosamente genial.
Goya empezó a temporalizar sus historias pintadas humanizándolas de verdad. Esto es lo que se ha llamado, equivocadamente, psicología. Goya, pintor de retratos, o sea pintor del hombre temporal, no es un psicólogo, es todo lo contrario: es un poeta; es decir, un verdadero pintor.
Los monstruos más disparatados y caprichosos de toda la pintura goyesca son probablemente sus retratos (La Chinchón, María Luisa, Las majas).
Las verdades más claras de España son las populares que nos pintó Goya. Tan claramente, por el preciso agravio que a su resplandor pusieron sus márgenes de sombra. No hay pintura más clara para los ojos, como para el entendimiento –para el entendimiento humano de lo español- que la oscura y clara. La negra o roja; blanca o coloreada; del enorme Goya.
Los sueños de la razón goyesca –disparatada, caprichosa- nos entran por los ojos esas imágenes geniales, generadoras de nuestra verdad y nuestra vida: la popular de España. Y como dijo el poeta de la pintura, Rafael Alberti: “Pintor. / En tu inmortalidad llore la Gracia / y sonría el Horror”.
Francisco Arias Solis
e-mail: aarias@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias
La paz pide una oportunidad.
Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus páginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL:
http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm
Gracias.

