miércoles, 27 de septiembre de 2006
FRAY FRANCISCO ALVARADO
(1756-1814)

“La malicia de los hombres intenta corromperlo todo.”
Fray Francisco Alvarado.

LA VOZ DEL FILOSOFO RANCIO

La tesis del Filósofo Rancio, en síntesis, viene a ser la siguiente: los conceptos de dignidad humana, libertad, igualdad, y seguridad sólo encuentran su recto entendimiento dentro de la filosofía cristiana y la doctrina evangélica, pero cuando los filósofos se desentienden de éstas e intentan explicar tales conceptos a la única luz de la razón, se convierten en crímenes e infames pasiones. Así lo explicita: “La dignidad del hombre, según estos informes, consiste en que su miserable razón sea el supremo tribunal de todas las cosas y no se sujete ni aun a Dios. La libertad, en que piensen, hablen y obren según les inspiren sus errores, pasiones e intereses. La igualdad, en que los hijos de las yerbas y los hombres viciosos roben a los que, por su nacimiento, o su industria, son más ricos que ellos y usurpen las distinciones que son debidas a la virtud. La seguridad en la impunidad por los crímenes. La filosofía, en fin, justificar y promover las pasiones todas que nos son comunes con las bestias, y en que frecuentemente las exceden nuestros vergonzosos abusos”.

El programa político del padre Alvarado es bien simple. Así, por ejemplo, cuando justifica la necesidad de la desigualdad humana lo hace basándose en la distinción de ricos y pobres, ya que, dado que el hombre rehúsa naturalmente el trabajo, la sabiduría divina ha creado a los pobres para que ellos lo hagan. Este tipo de argumentaciones son tan burdas que justifican el que se haya dicho que “el Filósofo Rancio carece de toda categoría intelectual y que la valoración que se le dio en el pensamiento tradicional del siglo XIX sólo puede deberse a un obtuso sectarismo ideológico, o de una crasa ignorancia, o, lo más probable, a una bien proporcionada mezcla de ambos factores”.

El Filósofo Rancio, cuyo nombre de religión es Fray Francicsco Alvarado, es el más famoso de los pensadores anti-ilustrados y anti-enciclopedistas que formulan el pensamiento reaccionario español de la Edad Contemporánea. Francisco Alvarado nació en Marchena, provincia de Sevilla, el 25 de abril de 1756, de humilde familia campesina. Frecuentó de niño el colegio de los jesuitas en Marchena. A los 15 años, ingresó en el convento dominico de San Pablo de Sevilla. Allí desarrollará estudios de filosofía y teología hasta la primavera de 1778, en que pasa al Colegio de Santo Tomás de Aquino de la capital hispalense, donde reside diez años. Siendo lector de Artes compuso las Cartas aristotélicas Ocupó diversos cargos entre ellos el de Consejero del Santo Oficio, pero la mayor parte de su vida estuvo entregado a tareas académicas. Al llegar los soldados franceses a Sevilla, en 1810, marchó a Tavira (Portugal), donde escribirá sus Cartas críticas, que le dieron enorme renombre. A estas cartas hay que llegar un tomo de Cartas inéditas, publicado póstumamente. Fray Francisco Alvarado murió en Sevilla el 31 de agosto de 1814.

La valoración del Filósofo Rancio ha sido muy desigual. Menéndez Pelayo le sitúa entre los “atletas de la escolástica decadente”, encumbrándole a las más altas cotas del pensamiento. Otros autores son, sin embargo, más críticos; por ejemplo, Javier Herrero dice: “El padre Alvarado es un autor tosco y plúmbeo, cuya rudeza llega en ocasiones a la grosería más vulgar. Ha sido también y con razón , uno de loa autores menos leídos de nuestra historia; el mismo don Marcelino, cuya formación filosófica es tan pobre, sin duda alguna se limitó a hojearlo... Es evidente que cuando Menéndez Pelayo se lanza a estudios políticos y filosóficos sus juicios proceden de simpatías y antipatías, basados, exclusivamente en rápidas intuiciones de identidad ideológica”.

Creo que la verdadera importancia del Filósofo Rancio no está en su originalidad ni en ningún tipo de singularidad, sino más bien todo lo contrario: el haber sabido asimilar y refundir en una síntesis, más o menos acertada, aunque burdamente expuesta, los tópicos y lugares comunes del pensamiento reaccionario de todos los autores anteriores. Hay en el padre Alvarado, no sólo un rechazo de los principios esenciales de la Ilustración y el liberalismo sino de toda la filosofía en general.

Las advertencias del Filósofo Rancio a los filósofos son de una brutal claridad. “Prediquen, pues, si así les parece su doctrina, pero no extrañen que para esta clase de apóstoles tengamos los católicos un quemadero, y si no se hallan con fuerzas ni para callar ni para arder, todavía tienen otro remedio . Ahí está la Francia, que los recibirá con los brazos abiertos (...) Pero, ¿en la España? (...), ¿qué partido deben esperar? Ya lo tengo dicho el quemadero”.

Confiando en Fernando VII como rey de España dice: “Veo restituida por él la fe a su antigua e innata dignidad, la religión a su absoluto imperio, la Iglesia s su debido influjo, las costumbres públicas a su justo arreglo, las Santas Leyes a su puntual observancia... “ El instrumento para una política semejante debe ser la Inquisición. Al hablar de los liberales llega a incluso a defender la práctica de la tortura para obligarles a abjurar de sus errores. Sus frases en este sentido son altamente aleccionadoras de los extremos que llegaba el pensamiento reaccionario, y así le vemos exclamar:”¿Quién ha dudado jamás de que el palo y el castigo son el mejor específico para curar los antojos, cuando la razón no alcanza a curarlos...?”.

Francisco Arias Solis
e-mail: aarias@arrakis.es
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No disparar donde haya niños. Stop.
En la gloria no necesitamos más ángeles.

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Gracias
Publicado por Desconocido @ 6:50
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