Mi?rcoles, 27 de septiembre de 2006
GUTIERRE DE CETINA
(1520-1557)

?Ojos claros, serenos,
si de un dulce mirar sois alabados,
?por qu?, si me mir?is, mir?is airados?
Si cuanto m?s piadosos,
m?s bellos parec?is a aquel que os mira,
no me mir?is con ira,
porque no parezc?is menos hermosos.
?Ay, tormentos rabiosos!
Ojos claros, serenos,
ya que as? me mir?is, miradme al menos?.
Gutierre de Cetina.

LA VOZ INMORTALIZADA POR UN MADRIGAL

Gutierre de Cetina se ha inmortalizado por su c?lebre y bell?simo Madrigal por unos ojos. El Madrigal de este poeta sevillano figura entre ?Las cien mejores poes?as l?ricas de la lengua castellana?, escogidas por Men?ndez Pelayo entre lo mejor de la literatura espa?ola antigua y moderna, pero son muy pocos los que se interesan por los versos de Gutierre de Cetina. Y, sin embargo, sus composiciones po?ticas deben figurar entre las m?s destacadas de su ?poca.

Gutierre de Cetina nace en Sevilla hacia el a?o 1520, en el seno de una familia dedicada al comercio y la administraci?n, y proyectada hacia las Indias en busca de mejor fortuna. Poes?a en clave buc?lica de quien se autodenomina Vandalio (?el andaluz?) que entona sus quejas amorosas en las riberas de su Betis natal, reconstruyeron los a?os juveniles de Gutierre de Cetina, que se enrolar? pronto en los ej?rcitos de Carlos V, Italia ser? el necesario fundamental de su vida en la d?cada 1538-1548, a?os claves en la pol?tica imperial. Cetina participa en la campa?a del Adri?tico en 1538 y en la cuarta guerra franco-espa?ola en 1543-1544, empresas b?licas que se combinan con el ocio al amparo de los pr?ncipes de Molfeta o de los marqueses del Vasto.

Es la dimensi?n europea del poeta-soldado la que une este autor con los otros poetas italianistas de la ?poca imperial: Garcilaso, Hernando de Acu?a, Diego Hurtado de Mendoza... Junto a esa dimensi?n Cetina encarna la aventura americana, donde encontrar? su final. En viaje de negocios en 1544 con un t?o suyo, y cuando iba a Veracruz ?a embarcar cierta plata para enviar a Castilla? , una enfermedad le retiene en Puebla de los Angeles (Nueva Espa?a), donde ?en un lance propio de la comedia de capa y espada- es seriamente acuchillado en la oscuridad y por error, a consecuencia de lo cual muere en 1557.

La estancia en Italia proporciona a Cetina el conocimiento directo del lenguaje po?tico surgido a la sombra del gran Petrarca y de la revitalizaci?n de los cl?sicos. ?Si pusiera intenci?n en la fuerza ?escrib?a Fernando de Herrera- como en la suavidad y pureza ninguno le fuera aventajado... en n?mero, lengua, terneza y afectos ninguno le negar? lugar con los primeros?. Cetina se prodiga en una poes?a que le sirve para cantar sus desesperadas quejas de amor (a D?rida, a Amarilada, a Laura) y bucear en su propio autoan?lisis sentimental. Pero para esto ?ltimo Cetina tambi?n se hace eco de otra herencia importante, de ra?z hisp?nica en este caso, la de Ausias March, con la que conecta a la perfecci?n en su esp?ritu atormentado, construido de puro intelectualismo y pasi?n reconcentrada. As? surge un cancionero amoroso (de madrigales, sonetos, canciones, sextinas) en una evoluci?n matizada que va de la caja al desenga?o. Y junto a ?l, otro mundo po?tico en Cetina que tambi?n tiene su importancia: el de las ep?stolas, a caballo entre la comunicaci?n culta y la noticiosa familiar, que presenta un mundo vivaz presidido a menudo por la s?tira. El mejor Cetina nos llega a sorprender en ocasiones como en los sonetos ?Como de duro entalle una figura?, ?Como teniendo en tierra bien echadas?, ??Ay sabrosa ilusi?n, sue?o suave?, ?Dulce, sabrosa y cristalina fuente?, ?Este andar y tornar, ir y volverte?, ?Amor mueve mis alas, tan alto?.. El resto de la obra de Cetina, aunque desigual, no alcanza la sencillez espont?nea de los madrigales. Sus canciones de salvan por una d?ctil musicalidad semejante a la de los sonetos; y en la Ep?stola a Hurtado de Mendoza hay fragmentos vigorosos donde asoma na punta moralista, frecuentemente citada al hablar de los antecedentes de la Ep?stola moral a Fabio. Y como dijo el poeta sevillano: ?Que si otro puso al mar perpetuo nombre / do el soberbio valor le dijo la muerte, / presumiendo de s? m?s que pod?a, / de m? dir?n: ?Aqu? fue muerto un hombre / que si al cielo llegar neg? la suerte, / la vida le falt?, no la osad?a ?.

Francisco Arias Solis
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La paz pide una oportunidad.

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Gracias.
Publicado por Franciscoariassolis @ 23:26
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