JOSE MARIA ROLDAN
(1771-1824)
“Triste el mundo gemía
en densa niebla y en temor sumido:
En medio de alta cumbre
doliente el sol oscureció su lumbre.”
José María Roldán.
LA VOZ OLVIDADA DE LA ESCUELA SEVILLANA
La corriente poética neoclásica está muy bien representada por Leandro Fernández Moratín, con algún procedente en Meléndez, quien, como se sabe, atiende más al gusto prerromántico. Los demás poetas neoclásicos son ya hombres muy metidos en el XIX: Arriaza, Quintana, Cabanyes, etc. En esa misma órbita hay que situar a los poetas de la llamada “segunda escuela sevillana” (Reinoso, Arjona, Blanco White, Lista; María Rosa Gálvez, Marchena, González y Carvajal y José María Roldán) que acusan esa fijación neoclásica (pero también no pocas notas prerrománticas) hasta muy avanzado el siglo XIX.
El mismo Gustavo Adolfo Bécquer comenzará escribiendo al dictado de estos presupuestos de escuela prestigiados en sus años juveniles por la influyente figura de Alberto Lista, a cuya muerte Bécquer dedicó una oda de fuertes tonos clasicistas. En realidad el gusto por una poética genuinamente dieciochesca coexiste en los años centrales del XIX con las innovaciones románticas. No hay que olvidar que Lista, maestro de Espronceda y en cierta manera del mismo Bécquer, no muere hasta 1848, veinte años que José María Roldán, y que Quintana perdura hasta 1857.
No es posible, por lo tanto conocer bien la lírica setecentista sin introducir con cierta amplitud en el nuevo siglo, superando la rígida referencia temporal del Setecientos y viendo textos decimonónicos que reflejan todavía muy bien las formas y los temas de la más inequívoca poesía ilustrada , como sucede con los poemas del poeta sevillano José María Roldán, poeta cada vez más olvidado.
José María Roldán nació en Sevilla el 24 de agosto de 1771, siguió sus estudios siguiendo la carrera eclesiástica. Con Félix José Reinoso, Alberto Lista y Arjona fue fundador de la Academia de Letras Humanas, adoptando como sobrenombre poético el de Danilo.
Roldán fue cura de la iglesia de San Marcos de Jerez y luego de la Parroquia de San Andrés, de Sevilla, hasta su muerte, acaecida el 9 de enero de 1828. Una de las composiciones más famosas “A la Resurrección de Jesucristo”, comienza con estos versos: “Yacía envuelto en polvo y sangre yerta / bajo la losa fría / el santo de Israel, el pecho herido / la temblorosa faz de horror cubierta”.
Francisco Arias Solis
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