JUAN DE MENA POR FRANCISCO ARIAS SOLIS
JUAN DE MENA
(1411-1456)
“Puesto que digan de mí,
porque en Córdoba nascí,
que en loor suplo sus menguas,
callen, callen malas lenguas,
pues se saber ser así.”
Juan de Mena.
LA VOZ DE UN HOMBRE DE LETRAS
Si el marqués de Santillana es poeta y caballero, Juan de Mena ofrece una sola cara, la de un hombre de letras. Encarna un nuevo tipo de hombre: el intelectual puro que dedica integra su vida a las letras y que sólo circunstancialmente se roza con la política. No es de extrañar que en un siglo como el XV fuertemente culturizado, la boga de Mena fuese tan grande que ya en vida era un clásico, así lo conceptúa Nebrija para quien era el “poeta” por excelencia.
En Laberinto de la fortuna, es el poema más extensa de Mena, el que le dio fama en su tiempo y mantiene su nombre perenne en la historia de las letras. Más conocido por Las trescientas, por el número de sus coplas, aunque ya advirtió el Brocense que no son auténticas más que 297. Está escrito en octavas de arte mayor y debió de concluirse en 1444, unos meses antes que la Comedieta de Ponza, del Marqués de Santillana. Juntamente con Santillana y Jorge Manrique, constituye Mena la trilogía de poetas del siglo XV, con los que la posteridad se ha mostrado más amable, siendo con Garcilaso y Góngora, comentado como un clásico.
Mena se había propuesto crear un poema nacional, para ello no le faltaba dignidad épica ni hondo y sincero patriotismo. La preocupación primordial de Mena es la crítica de las corruptelas de su época; los disensiones internas que retrasan la Reconquista le llenan de indignación.
Juan de Mena, de una familia de conversos, nace en Córdoba en 1411, ciudad que recuerda siempre con singular afecto y orgullo. Córdoba aparece vinculada a una concepción estilística peculiar, cuyos principales jalones son Lucano, Séneca, Mena, Góngora y el Duque de Rivas. Huérfano desde temprana edad, según nos cuenta Valerio Francisco Romero: “De padre e madre fue presto privado / él y una hermana reciente nacido... “ A los veintitrés años va a Salamanca para cursar estudios, y de la ciudad del Tormes pasa pronto a Roma. Allí se familiariza con los autores latinos, en especial con Virgilio”.
Vuelto a España, pronto gana con sus obras poéticas alto prestigio, y Juan II le nombra su secretario de cartas latinas y cronista, honrándole, además con el cargo de Veinticuatro de Córdoba. Tuvo entrañable amistad con Santillana, Villena y otros ingenios ilustres de aquel tiempo. En medio de vicisitudes políticas de la época se mantuvo fiel al monarca y también a don Alvaro de Luna. Murió en Torrelaguna, pueblo de la provincia de Madrid, en 1456. Se cree que su sepulcro fue costeado por el Marqués de Santillana.
La muerte de Mena en plena madurez, sólo contaba cuarenta y cinco años, impresionó vivamente a sus coetáneos. Gómez Manriqe le recuerda en esta copla: “Esta muerte, que condena, / a buenos y comunales, / me levó a Juan de Mena , / cuya vida fue tan buena, / que vi pocas iguales”. Antón de Montoro le llama “primogénito de Séneca”.
Como prosista su producción se reduce a la Ilíada en romance, más conocida como Homero romanceado, y unos comentarios a su propio poema la Coronación.
En la obra poética de Mena están representada las tres corrientes o modas de la época: amorosa y satírica, entroncada con los Cancioneros: alegórica, según los modos italianizantes y doctrinal.
Al género alegórico pertenece, aparte de Laberinto, el poema la Coronación o Calamicleos, en honor al Marqués de Santillana, a quien nos presenta coronado en el Parnoso como excelso poeta.
El estilo de Mena, como el de Góngora en el barroco, es la culminación de un movimiento cultista apareado a fines del siglo XIV, aunque con más antiguas raíces. Como primer intelectual, Mena es también el primero en preocuparse del estilo. Consciente de su misión, trata de perfeccionar el idioma buscando en el latín, como luego haría Góngora, nuevos vocablos. Y si las innovaciones formales de su poética sólo afectaron a un reducido número de lectores cultos, los neologismos que introdujo pasaron en cambio al lenguaje común: canes, exilio, nocturnas, rubicundas, adversos, sidéreo, etc. son palabras cuya introducción debe el idioma castellano a Mena.
La vida de la fama llega a obsesionar a nuestros escritores del siglo XV y aparte del Laberinto del siglo XV, la expone Mena en otras obras: en la Coronación dice: “Cuanto más que uno de los fines porque los hombres al trabajo se aplican es por la buena fama”; y en el Laberinto lamenta el olvido de los grandes hechos por falta de autores que lo consignen: “Las grandes fazañas de nuestros majores, / la mucha constancia de quien los más ama / yaze en tinieblas dormida su fama, / dañada de olvido por falta de autores”.
Francisco Arias Solis
e-mail: aarias@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias
¡Necesitamos vivir en paz!
Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus páginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL: http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm.
Gracias
(1411-1456)
“Puesto que digan de mí,
porque en Córdoba nascí,
que en loor suplo sus menguas,
callen, callen malas lenguas,
pues se saber ser así.”
Juan de Mena.
LA VOZ DE UN HOMBRE DE LETRAS
Si el marqués de Santillana es poeta y caballero, Juan de Mena ofrece una sola cara, la de un hombre de letras. Encarna un nuevo tipo de hombre: el intelectual puro que dedica integra su vida a las letras y que sólo circunstancialmente se roza con la política. No es de extrañar que en un siglo como el XV fuertemente culturizado, la boga de Mena fuese tan grande que ya en vida era un clásico, así lo conceptúa Nebrija para quien era el “poeta” por excelencia.
En Laberinto de la fortuna, es el poema más extensa de Mena, el que le dio fama en su tiempo y mantiene su nombre perenne en la historia de las letras. Más conocido por Las trescientas, por el número de sus coplas, aunque ya advirtió el Brocense que no son auténticas más que 297. Está escrito en octavas de arte mayor y debió de concluirse en 1444, unos meses antes que la Comedieta de Ponza, del Marqués de Santillana. Juntamente con Santillana y Jorge Manrique, constituye Mena la trilogía de poetas del siglo XV, con los que la posteridad se ha mostrado más amable, siendo con Garcilaso y Góngora, comentado como un clásico.
Mena se había propuesto crear un poema nacional, para ello no le faltaba dignidad épica ni hondo y sincero patriotismo. La preocupación primordial de Mena es la crítica de las corruptelas de su época; los disensiones internas que retrasan la Reconquista le llenan de indignación.
Juan de Mena, de una familia de conversos, nace en Córdoba en 1411, ciudad que recuerda siempre con singular afecto y orgullo. Córdoba aparece vinculada a una concepción estilística peculiar, cuyos principales jalones son Lucano, Séneca, Mena, Góngora y el Duque de Rivas. Huérfano desde temprana edad, según nos cuenta Valerio Francisco Romero: “De padre e madre fue presto privado / él y una hermana reciente nacido... “ A los veintitrés años va a Salamanca para cursar estudios, y de la ciudad del Tormes pasa pronto a Roma. Allí se familiariza con los autores latinos, en especial con Virgilio”.
Vuelto a España, pronto gana con sus obras poéticas alto prestigio, y Juan II le nombra su secretario de cartas latinas y cronista, honrándole, además con el cargo de Veinticuatro de Córdoba. Tuvo entrañable amistad con Santillana, Villena y otros ingenios ilustres de aquel tiempo. En medio de vicisitudes políticas de la época se mantuvo fiel al monarca y también a don Alvaro de Luna. Murió en Torrelaguna, pueblo de la provincia de Madrid, en 1456. Se cree que su sepulcro fue costeado por el Marqués de Santillana.
La muerte de Mena en plena madurez, sólo contaba cuarenta y cinco años, impresionó vivamente a sus coetáneos. Gómez Manriqe le recuerda en esta copla: “Esta muerte, que condena, / a buenos y comunales, / me levó a Juan de Mena , / cuya vida fue tan buena, / que vi pocas iguales”. Antón de Montoro le llama “primogénito de Séneca”.
Como prosista su producción se reduce a la Ilíada en romance, más conocida como Homero romanceado, y unos comentarios a su propio poema la Coronación.
En la obra poética de Mena están representada las tres corrientes o modas de la época: amorosa y satírica, entroncada con los Cancioneros: alegórica, según los modos italianizantes y doctrinal.
Al género alegórico pertenece, aparte de Laberinto, el poema la Coronación o Calamicleos, en honor al Marqués de Santillana, a quien nos presenta coronado en el Parnoso como excelso poeta.
El estilo de Mena, como el de Góngora en el barroco, es la culminación de un movimiento cultista apareado a fines del siglo XIV, aunque con más antiguas raíces. Como primer intelectual, Mena es también el primero en preocuparse del estilo. Consciente de su misión, trata de perfeccionar el idioma buscando en el latín, como luego haría Góngora, nuevos vocablos. Y si las innovaciones formales de su poética sólo afectaron a un reducido número de lectores cultos, los neologismos que introdujo pasaron en cambio al lenguaje común: canes, exilio, nocturnas, rubicundas, adversos, sidéreo, etc. son palabras cuya introducción debe el idioma castellano a Mena.
La vida de la fama llega a obsesionar a nuestros escritores del siglo XV y aparte del Laberinto del siglo XV, la expone Mena en otras obras: en la Coronación dice: “Cuanto más que uno de los fines porque los hombres al trabajo se aplican es por la buena fama”; y en el Laberinto lamenta el olvido de los grandes hechos por falta de autores que lo consignen: “Las grandes fazañas de nuestros majores, / la mucha constancia de quien los más ama / yaze en tinieblas dormida su fama, / dañada de olvido por falta de autores”.
Francisco Arias Solis
e-mail: aarias@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias
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Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus páginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL: http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm.
Gracias

