S?bado, 30 de septiembre de 2006
JUGARSE LA VIDA

?Vencida de la edad sent? mi espada
y no hall? en que poner los ojos
que no fuese recuerdo de la muerte.?
Francisco de Quevedo.

SIN HACER ESPECT?CULO DE LA MUERTE

Contaba L?pez Ibor el siguiente hecho que encierra una profunda lecci?n de filosof?a. Una madre acompa?a a su hija, de veinte a?os, a la consulta del hospital. Como el tratamiento exig?a la hospitalizaci?n, se le propone a la madre. Esta responde: ?Si mi hija est? grave, la verdad, yo me la llevo, porque para que se muera en el hospital, prefiero que lo haga en casa?. Como el doctor la reprendiese por decir esto de delante de su hija, salta ?sta diciendo: ?No le haga caso a mi madre, porque, ?que m?s se me da a mi morir en casa que en el hospital?. No importa la muerte como contingencia, ante el hecho esencial de morir. Existe una enorme diferencia entre esta actitud y aquella manera angustiosa de morir de Goethe, con el sentimiento dram?tico de que lo pierde todo y va a sumirse en una zona oscura. ??Luz m?s luz!? En cambio la postura esencial del espa?ol ante la muerte es sencilla, llana, como la de quien de un paso m?s en un seguro devenir. Se muere como don Quijote, ?sin hace espect?culo de la muerte-como escrib?a Unamuno- como se mueren los verdaderos santos y los verdaderos h?roes, casi como los animales se mueren, acost?ndose a morir?.

El espa?ol ha sido siempre uno de los hombres m?s f?cilmente dispuestos a jugarse la vida: la historia entera de Espa?a lo atestigua. Pero tiene cierta pereza por jugarse algo que sea menos que la vida. Por esto en Espa?a no es frecuente el valor civil, cotidiano, lento, tenaz, mientras que es notorio el valor agresivo, violento e instant?neo. El espa?ol est? dispuesto a jugarse la vida de una vez, pero no a plazos.

?El orgullo, la dignidad y el horror! Esas tres fuerzas gloriosas y funestas a la par para nuestro pueblo crearon la tensi?n fatal que el dicho popular concret? en la famosa frase: ?Sostenella y no enmendalla?. El orgullo, la dignidad y el honor han tenido buena parte en la consumaci?n de los errores que nos han arrastrado de tumbo en tumbo en nuestro devenir hist?rico.

?Uno de los defectos de la naci?n espa?ola, seg?n el sentir de las dem?s europeas, es el orgullo?, escrib?a Jos? Cadalso. Y don Miguel de Unamuno dec?a con la palabra viva de un campesino analfabeto. ?Yo no tengo honor: yo soy un hombre honrado?. Y a?ad?a don Miguel: ?yo no soy tampoco un caballero, pues no monto en caballer?a?. Y finalmente, don Antonio Machado dec?a: ?Porque no he dudado nunca de la dignidad del hombre, no es f?cil que os ense?e a denigrar a vuestro pr?jimo. Tal es el principio inconmovible de nuestra moral. Nadie es m?s que nadie como se dice por tierras de Castilla?. Y el gran poeta sevillano contin?a diciendo: ?Por mucho que valga un hombre nunca tendr? valor m?s alto que el de ser hombre?.

El espa?ol sabe que un d?a cuando llegue la hora, se portar? como un hombre, se jugar? la vida limpiamente. En algunos pa?ses el hombre se corrompe hasta la ra?z, y cuando lo ve as? y lo encuentra irremediable, no lo puede soportar y se pega un tiro. En Espa?a no ocurre as?, y a ?ltima hora cada uno se siente tranquilo y no desesperado. Esto es, en cierto sentido, admirable y me parece una de las grandes virtudes de esta vieja raza, que a pesar de sus esfuerzos nunca ha conseguido decaer enteramente. Pero, como todo lo humano, es ambiguo: da al espa?ol cierta tranquilidad para corromperse, porque sabe que nunca es del todo. El espa?ol se envilece hasta cierto punto, quiz? innecesariamente, contando con que podr? volver atr?s, que en su d?a todo tendr? remedio y podr? mirarse otra vez al espejo sin enrojecer. Es ?sta, sin embargo, una especulaci?n peligrosa, como lo es la de don Juan, que por algo, en su primera aparici?n en los escenarios del mundo, al hacerlo del modo barroco, su inventor o descubridor el fraile Tirso, le hizo decir aquello: ?Estrellas que me alumbr?is / dadme en este enga?o suerte, / si el galard?n en la muerte / tan largo me lo fi?is!?. Al modo rom?ntico de Zorrilla ese largo plazo ser? corto, ?plazo breve y perentorio?. El galard?n en la muerte no se har? esperar.

Al final del drama religioso-fant?stico de Zorrilla, al que calific?, tan justa como ajustadamente, Azor?n de ?el drama m?s excelso de todo el teatro espa?ol?; cuando Don Juan, como un torero ?como lo que es, en definitiva, el burlador y burlado Don Juan- grita a sus espectros y fantasmas mortales: ??Dejadme morir en paz / a solas con mi agon?a!? ?Morir en paz y en agon?a!... ?Paradoja al canto! ?que exclamar?a regocijado el inolvidable don Miguel-. Y nuestro Lope dir?a: ?Porfiar hasta morir?. Y otro gran poeta exclamar?a: ?Se?or, yo quiero morirme / como se muere cualquiera: / cualquiera que no sea un h?roe, / ni un suicida, ni un poeta / que quiera darle a su muerte / m?s raz?n de la que tenga. / Quiero morirme, Se?or, / igual que si me durmiera?.


Francisco Arias Solis
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Paz, queramos paz.

Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus p?ginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL: http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm.

Gracias
Publicado por Franciscoariassolis @ 7:56
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