JULIO ZALDUMBIDE POR FRANCISCO ARIAS SOLIS
JULIO ZALDUMBIDE
(1833-1887)
“¡Es preciso olvidar! Córrase el velo
del olvido sobre ese de amargura
pasado tiempo. A mi dolor consuelo
sólo tú puedes dar, alma natura:
yo por ti el mundo abandoné engañoso,
para buscar en ti dulce reposo.”
Julio Zaldumbide.
LA VOZ ROMÁNTICA DEL ECUADOR
El puesto de honor entre los poetas ecuatorianos de la época corresponde, sin duda, a Julio Zaldumbide, la voz romántica más autorizada del país. Y eso que Zaldumbide, en el fondo era un clásico, como que a sus lecturas de ingleses, italianos y franceses había precedido un amplio baño de literatura latina y castellana representada en nuestros mejores escritores del Siglo de Oro. No pudo, sin embargo, sustraerse al contagio del romanticismo, que cultivó en una forma digna y muy templada. Gusta Zaldumbide de llevar el verso la meditación filosófica que nos da envuelta en cierta atmósfera de suave melancolía; y aunque ha pasado del escepticismo a la duda y de ésta a la fe, dejándonos de cada uno de tales estados fiel testimonio poético, nunca su musa se descompone en gestos inelegantes ni prorrumpe en gritos histéricos, tan caros a los vates de su tiempo. Esta actitud meditativa le inspiró muy bella composiciones: La mañana, El mediodía, La tarde, La noche, Flota en los aires... El acento en todas ellas es grave, contenido, casi leopardino.
Julio Zaldumbide Gangotena nace en Quito el 5 de julio de 1833 y muere en la misma ciudad el 31 de julio de 1887. Se graduó de maestro y en la Universidad Central de Ecuador curó estudios de Derecho, si bien, no llegó a graduarse. En 1865 fue diputado por la provincia de Imbabura. Publica un folleto contra el Gobierno de Gabriel García Moreno. Fue ministro de Educación Pública, encargado de negocios en Colombia y candidato a la Presidencia de la República. A él se debe la creación de la Academia Ecuatoriana de la Lengua. En su época era conocido como el “poeta filósofo”.
Zaldumbide se empeña por dejar de ser melancólico, aunque mantiene su visión del mundo adverso. Durante sus primeras composiciones, ciertos fenómenos naturales provocaron su melancolía.
Zaldumbide no cambia la visión del mundo, que seguirá siendo la misma, sino la actitud ante la visión del mundo. El concepto de la existencia dolorosa es inamovible. En una composición “Al dolor”, el lírico se entrega al padecimiento sin escudo y sin defensas, pero con altanería: con la altivez de héroe: “ A ti me entrego en mi fatal despecho” . Si bien es cierto que su actitud es típica del heroísmo romántico, no deja de marcar diferencia respecto al pasivo y sometido cantor elegíaco: “Hiere, pues, rompe, hiende, / destroza sin piedad mi inerme pecho. / Pero sabe, oh Dolor, que, aunque rendido, / a ti me doy perdida la esperanza”. Tiene presente su lectura de los textos de la lírica quejumbrosa cultivada por las generaciones anteriores. Sabe del “romanticismo tétrico” y decide no quejarse. “no arrancará ni queja ni gemido / ni de su llanto hará correr la fuente”.
En La mañana, reconoce que él había sido un “habitador hastiado” de la ciudad: “El corazón marchito, el alma fría, / cegada ya la fuente / del entusiasmo, y el estéril tedio / consumiendo la flor de mi existencia”.
Dentro del conjunto de poemas a la naturaleza se observa una conducta coheente. Después del reconocimiento del cambio registrado en La mañana, el poeta no sólo ratifica, sino que también demuestra ese cambio en El mediodía, composición de pleno optimismo en la que se lee sobre todo el homenaje del autor a la naturaleza por su cualidad consoladora. Es cierto que esta concepción de la naturaleza mantiene su carácter subjetivo.
Zaldumbide es un solitario morador de la soledad del universo en última instancia, lo cual no deja de ratificar otra vez la categoría idealista de su ideología. Idealismo en el que descansa el subjetivismo y la emoción.
En El mediodía, Zaldumbide reafirma así el cambio de su talante en su cosmovisión: “El fastidio, el dolor, la duda triste: / eso el mundo te da, Naturaleza / te ofrece aquí la paz y la alegría / junto con la inocencia y la belleza... “.
Francisco Arias Solis
e-mail: aarias@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias
¡Necesitamos vivir en paz!
Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus páginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL: http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm.
Gracias
(1833-1887)
“¡Es preciso olvidar! Córrase el velo
del olvido sobre ese de amargura
pasado tiempo. A mi dolor consuelo
sólo tú puedes dar, alma natura:
yo por ti el mundo abandoné engañoso,
para buscar en ti dulce reposo.”
Julio Zaldumbide.
LA VOZ ROMÁNTICA DEL ECUADOR
El puesto de honor entre los poetas ecuatorianos de la época corresponde, sin duda, a Julio Zaldumbide, la voz romántica más autorizada del país. Y eso que Zaldumbide, en el fondo era un clásico, como que a sus lecturas de ingleses, italianos y franceses había precedido un amplio baño de literatura latina y castellana representada en nuestros mejores escritores del Siglo de Oro. No pudo, sin embargo, sustraerse al contagio del romanticismo, que cultivó en una forma digna y muy templada. Gusta Zaldumbide de llevar el verso la meditación filosófica que nos da envuelta en cierta atmósfera de suave melancolía; y aunque ha pasado del escepticismo a la duda y de ésta a la fe, dejándonos de cada uno de tales estados fiel testimonio poético, nunca su musa se descompone en gestos inelegantes ni prorrumpe en gritos histéricos, tan caros a los vates de su tiempo. Esta actitud meditativa le inspiró muy bella composiciones: La mañana, El mediodía, La tarde, La noche, Flota en los aires... El acento en todas ellas es grave, contenido, casi leopardino.
Julio Zaldumbide Gangotena nace en Quito el 5 de julio de 1833 y muere en la misma ciudad el 31 de julio de 1887. Se graduó de maestro y en la Universidad Central de Ecuador curó estudios de Derecho, si bien, no llegó a graduarse. En 1865 fue diputado por la provincia de Imbabura. Publica un folleto contra el Gobierno de Gabriel García Moreno. Fue ministro de Educación Pública, encargado de negocios en Colombia y candidato a la Presidencia de la República. A él se debe la creación de la Academia Ecuatoriana de la Lengua. En su época era conocido como el “poeta filósofo”.
Zaldumbide se empeña por dejar de ser melancólico, aunque mantiene su visión del mundo adverso. Durante sus primeras composiciones, ciertos fenómenos naturales provocaron su melancolía.
Zaldumbide no cambia la visión del mundo, que seguirá siendo la misma, sino la actitud ante la visión del mundo. El concepto de la existencia dolorosa es inamovible. En una composición “Al dolor”, el lírico se entrega al padecimiento sin escudo y sin defensas, pero con altanería: con la altivez de héroe: “ A ti me entrego en mi fatal despecho” . Si bien es cierto que su actitud es típica del heroísmo romántico, no deja de marcar diferencia respecto al pasivo y sometido cantor elegíaco: “Hiere, pues, rompe, hiende, / destroza sin piedad mi inerme pecho. / Pero sabe, oh Dolor, que, aunque rendido, / a ti me doy perdida la esperanza”. Tiene presente su lectura de los textos de la lírica quejumbrosa cultivada por las generaciones anteriores. Sabe del “romanticismo tétrico” y decide no quejarse. “no arrancará ni queja ni gemido / ni de su llanto hará correr la fuente”.
En La mañana, reconoce que él había sido un “habitador hastiado” de la ciudad: “El corazón marchito, el alma fría, / cegada ya la fuente / del entusiasmo, y el estéril tedio / consumiendo la flor de mi existencia”.
Dentro del conjunto de poemas a la naturaleza se observa una conducta coheente. Después del reconocimiento del cambio registrado en La mañana, el poeta no sólo ratifica, sino que también demuestra ese cambio en El mediodía, composición de pleno optimismo en la que se lee sobre todo el homenaje del autor a la naturaleza por su cualidad consoladora. Es cierto que esta concepción de la naturaleza mantiene su carácter subjetivo.
Zaldumbide es un solitario morador de la soledad del universo en última instancia, lo cual no deja de ratificar otra vez la categoría idealista de su ideología. Idealismo en el que descansa el subjetivismo y la emoción.
En El mediodía, Zaldumbide reafirma así el cambio de su talante en su cosmovisión: “El fastidio, el dolor, la duda triste: / eso el mundo te da, Naturaleza / te ofrece aquí la paz y la alegría / junto con la inocencia y la belleza... “.
Francisco Arias Solis
e-mail: aarias@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias
¡Necesitamos vivir en paz!
Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus páginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL: http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm.
Gracias

