viernes, 06 de octubre de 2006
RODRIGO CARO
(1573-1647)

“Estos, Fabio, ¡ay dolor! que ves ahora,
campos de soledad, mustio collado,
fueron un tiempo Itálica famosa.”
Rodrigo Caro.

LA VOZ DE UN APASIONADO ERUDITO

La personalidad más destacada de Rodrigo Caro, es la de un apasionado erudito que dedicó lo mejor de su tiempo al estudio de la Antigüedad, legando aportaciones fundamentales como Antigüedades de Sevilla (1631), Días geniales o lúdicos, sobre el folklore andaluz, Varones insignes en letras de Sevilla, o las dedicadas a su pueblo natal, Relación de las inscripciones y antigüedades y Memorial de Utrera (1632). Y en medio de esta labor erudita la pluma de Rodrigo Caro nos has dejado junto a algunos sonetos, su famosa oda de 102 versos, Canción a las ruinas de Itálica. Las ruinas de la ciudad romana, que se encuentra cerca de Sevilla son coreadas con gesto típicamente renacentista, que remontan al soneto “Superbi colli...” de Castiglione, y que nos recuerdan poemas de Boscán, de Garcilaso y de Quevedo.

Rodrigo Caro nace en Utrera en el año 1573. Estudia Humanidades y Derecho en Sevilla. Ordenado sacerdote, ocupa varios cargos en la Curia hispalense. Sus libros muestran su gran erudición y cultura en materia de arqueología, epigrafía, historia y literatura. Rodrigo Caro muere en Sevilla el 10 de agosto de 1647.

Se le ha atribuido, aunque sin fundamento, la Epístola moral a Fabio, una composición poética magistral. El epígrafe que lleva en un manuscrito de la Biblioteca Colombina de Sevilla (y que dio pie a Adolfo Castro en 1875 para su atribución definitiva; antes se había creído también de Bartolomé Leonardo de Argensola y de Francisco Rioja) proporciona los datos más importantes que tenemos sobre su autor, el poeta sevillano Andrés Fernández de Andrade.

Las cinco redacciones que tuvo la Canción a las ruinas de Itálica (y que ha condicionado en parte algunos errores de atribución, como el de creerse durante algún tiempo que había sido escrita por Caro y refundida por Rioja) muestran el trance laborioso empeño de su autor por conseguir una pieza poética depurada.

Las ruinas ofrecen ahora el desolador espectáculo de la que fuera floreciente colonia romana y cuna de los emperadores cuyo recuerdo enardece los restos de una ciudad que también tuvo su mártir en la figura de Geroncio, su primer obispo. La canción (escrita en estancias) es una muestra más del fervor arqueológico de Caro. Itálica no es sólo un símbolo de la fugacidad –como lo será en su más común aplicación por otros poetas- para deducir una lección de desengaño. Las ruinas adquieren aquí un protagonismo esencial y se constituyen en la raíz misma del poema, que ofrece una patética visión ante el discurrir del ojo humano sobre los restos de los gimnasios, termas, anfiteatro... Dos bellísimos versos ponen un magnífico final a tan famosa canción: “Goza en las tuyas sus reliquias bellas, / para envidia del mundo y sus estrellas”.

Francisco Arias Solis
e-mail: aarias@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias

Paz, queramos paz.

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Gracias
Publicado por Desconocido @ 5:16
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