domingo, 08 de octubre de 2006
LUIS GARCIA DE CAÑUELO
(1744-1802)

“¿No ha de haber un espíritu valiente?
¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?
¿Nunca se ha de decir lo que se siente?”
Quevedo. . .

LA VOZ DE UN ESPIRITU VALIENTE

La historia de la lucha que sostuvieron los ilustrados españoles del XVIII, sobre todo en su último tercio, para dar a su país un tono europeo y de progreso social, es realmente patética. Luis García de Cañuelo, editor de El Censor, fue uno de esos españoles que, conocedores del progreso de la Europa ilustrada, quiso contribuir con su pluma a que su país abriera los ojos a la razón y a la cultura. Su lucha fue heroica. El Censor fue secuestrado una y otra vez –de acuerdo con una larga tradición española-, sufrió suspensiones y persecuciones, hasta quedar definitivamente prohibido., y su editor principal, Cañuelo, fue denunciado a la Inquisición y acabó perdiendo el juicio.

Del intrépido editor de El Censor, Luis García de Cañuelo, no sabemos mucho. Cañuelo nació en Granada, en 1744, trabajó como abogado en su ciudad, y años después, en 1772, se trasladó a la Corte, donde fue recibido como miembro del Real Colegio de Abogados de Madrid. En 1781 fundó El Censor, que debió ser la gran aventura intelectual de su vida, en la que le acompañó otro ilustrado, Luis Pereira. En 1788, un año después de la suspensión definitiva de El Censor por el Gobierno, tuvo que abjurar “de levi” ante la Inquisición, siendo sometido a una penitencia “por haber introducido ciertas proposiciones en unos números de su revista”. Luis García de Cañuelo falleció en 1802.

¿Cuáles fueron los pecados de El Censor, es decir, de Cañuelo? En realidad, haber censurado y ridiculizado los vicios de la sociedad de su tiempo, su atraso social y cultural, las supersticiones, los abusos de los poderosos. Cañuelo se atrevía a lo que otros ilustrados, más cautos, se guardaban mucho de hacer: atacar públicamente vicios de una sociedad tradicional y regresiva que se aferraba a viejas leyes, a viejos tabúes, a viejas y ridículas costumbres. Pero esa sociedad tenía aún defensores -¿y acaso no sigue teniéndolos? –que no estaban dispuestos a permitir que prosperasen tales ataques, tales sátiras. En 1872 tiene lugar el primer secuestro: el número 46, que atacaba a las supersticiones. Después de no pocas dificultades reaparece la revista, pero en 1784 nuevo secuestro. Pero Cañuelo era incansable, y en septiembre de 1785 El Censor iniciaba su tercera y última época. En ella se produce, cómo no, un nuevo secuestro. Pero aún logró salir Cañuelo de este tropiezo y El Censor volvió a publicarse, para morir definitivamente en agosto de 1787.

Cañuelo fue un precursor: en él se encuentra “la fuerza satírica de Goya, la amargura de Larra, y anticipa la angustiosa búsqueda de las raíces de los problemas nacionales”, que observamos en los escritores del 98. El número o “discurso” 101, parece escrito por Larra: es el retrato de un país que “ama más las tinieblas que la luz”, y en donde la mentira y el engaño dominan, porque las leyes persiguen a quienes intentan decir la verdad. El retrato es tan terrible que Cañuelo no se atrevió a decir que era una pintura de España, y se inventó un país imaginario llamado Cosmosia.

El Censor y sus editores Cañuelo y Pereira, fulminados por la ira del patrioterismo fanático, han permanecido en el olvido durante más de un siglo y medio. Pero desde hace algunos años, hispanistas extranjeros y españoles han comenzado a hacerle justicia.

“¿No ha de haber un espíritu valiente?, pregunta Quevedo. Y él lo era. Su pregunta afirma de ese modo un valor espiritual. Para Quevedo, “¿no ha de haber un espíritu valiente?, se refiere a un valor, a una valentía muy concreta, que es la de decir la verdad. Cañuelo era un “espíritu valiente”, como Quevedo; era hombre de ese espíritu de verdad. Y como dijo el poeta: “No he de callar, por más que con el dedo, / ya tocando la boca, o ya la frente, / silencio avises o amenaces miedo”.

Francisco Arias Solis
e-mail: aarias@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias

No disparar donde haya niños. Stop.
En la gloria no necesitamos más ángeles.

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Gracias
Publicado por Desconocido @ 16:45
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