PENSANDO EN CADIZ
“¡Ay, cómo tiemblan
los campanarios de Cádiz
los que tanto me querían!”
Rafael Alberti.
CADIZ NECESITA HOY Y HA NECESITADO SIEMPRE DE LOS GADITANOS
Cádiz tiene tan larga historia y ha tenido siempre tan profunda y fina relación con el tiempo que aquí nada envejece porque todo es viejo de nacimiento.
Pero al inicio del siglo XXI, empieza a sentirse alarma al ver que en los últimos años, cuando en España se ha recobrado la libertad política y se han ampliado indeciblemente todas las demás, lejos de producirse en la “cuna de la libertad” un notable progreso, se puede afirmar que Cádiz “ha venido a menos” de lo que es, de lo que ha sido durante cosa de tres mil años.
Las ciudades no pueden soñar con una ubre abstracta a la cual recurrir, porque son sus ciudadanos los que pueden henchirla o dejarla exhausta.
Desde el siglo XIX que sobreviene la decadencia, se ha apelado a un Madrid distante y no muy enterado. Es menester que el gaditano, ante cualquier cuestión perentoria, tienda la mirada alrededor, y busque en él, los recursos, la inspiración, la fuerza. Es necesario conseguir, la movilización, de todos los gaditanos. Es esencial que nadie se desalentado que no se prescinda de nadie.
Cádiz necesita hoy y ha necesitado siempre de los gaditanos. Cádiz exige de cada uno de nosotros, la voluntad recia de hacer cada día y cada hora algo positivo y aceptable por Cádiz. No basta con ser gaditano “de hecho” ni basta con que lo diga el documento de identidad, sino de tal modo que la conducta de cada uno sea digna de esa pretensión, de esa afirmación, adquiriendo el compromiso de no pasar por movimiento mal hecho, de no tolerar la corrupción, la chabacanería, la indolencia, el desaliño, la injusticia.
En Cádiz no sentimos interés por Cádiz. Y lo que es más triste, casi todo por no decir todo lo que hoy tiene nuestra ciudad, lo debe más que al esfuerzo tenaz de los gaditanos, a la gratuita donación de la naturaleza que puso en nuestra tierra suavidad en su clima, variedad y riqueza en su Bahía y abrió su alma marina a todos los vientos.
Pero todos esos encantos, necesitan como elemento que lo complete, el afán íntimo y sentido de sus moradores de darse a Cádiz, de ofrendar sus trabajos y sus voluntades, a favor de Cádiz, para elevarlo al sitio que por su posición privilegiada le corresponde. Ya que no en balde ha sido rodeado de tantos y naturales atractivos.
Esta primavera del año 2006 se presenta como una posibilidad atractiva y promisora; pero la vida humana es inseguridad. ¿Cómo estará Cádiz cuando llegue la primavera venidera? ¿Habrá trazado su camino hacia el esplendor que tanto tiempo tuvo?
En otras palabras: el año 2006 ¿será más o menos Cádiz? Para apostar por lo primero, es menester unir a Cádiz con su Bahía, con su provincia y buscar la compenetración y el bienestar conjunto, de esta forma, todo ganaremos.
Francisco Arias Solis
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Gracias.