LA CULTURA DE LA PREVENCION
“Levántate si te caes,
y antes de volver a andar,
mira dónde te has caído
y pon allí una señal.”
Augusto Ferrán.
EDUCAR PARA LA PREVENCIÓN
En la última década, pocos conceptos –y en éstos incluimos el de la prevención- han sido objeto de atención en nuestra sociedad y pocos han causado especial preocupación en los ámbitos educativos. Quizá porque la idea de prevención en el medio escolar está íntimamente relacionada con problemas de aprendizaje, consumo de drogas, salud, medio ambiente, etc.
También, en menos ocasiones de las deseadas, se plantea la prevención desde una perspectiva global, generadora de una cultura de la prevención, y en la que han de tener cabida los contenidos ligados a la seguridad en el quehacer diario del alumno de hoy y del trabajador del mañana.
Se ha dicho con frecuencia que las políticas sobre prevención de una sociedad son los indicadores de la calidad del progreso de ésta y no es posible dicho progreso sin una educación que tome en consideración estas políticas. Él problema estriba en el hecho de que introducir esta visión del tema supone generar cambios significativos e innovadores en cuanto que hacer durante el tiempo en la escuela. Bajo el supuesto de que la meta de la escuela debe ser la de preparar a los alumnos para el futuro, y siendo heterodoxo el tomar una perspectiva economicista, es difícil negar el valor añadido que tendría la educación en una sociedad en la que sus ciudadanos en general y productores en particular, ahorrarían los gastos derivados de las inadecuadas conductas que se producen por la ausencia de una cultura preventiva.
El término prevención está haciendo referencia a la necesidad de poner en marcha intervenciones de carácter proactivo; es decir, actuar antes de que aparezcan las situaciones de riesgo en las que puedan producirse efectos negativos. Por otra parte, no convienen olvidar la nota de implicación global de la comunidad en todo planteamiento preventivo. Es difícil avanzar en la cultura de la prevención sin un clima de participación en toda la sociedad; es decir, a las actuaciones en el marco escolar, deberían unirse la del marco familiar y social. Ahora bien, desde el punto de vista de educar para la prevención, es necesario señalar que el desarrollo en los alumnos de una actitud preventiva exige una serie de requisitos mínimos.
Los programas de actuaciones deberán estar adaptados a las características de los destinatarios, y deberían ser desarrollados en un medio que permita introducir los cambios que se derivan de una política de prevención. Las actuaciones derivadas de un programa de prevención deberán ir más allá de la propia información y producir transformaciones. Finalmente, los órganos y estamentos públicos, además de crear un medio cada vez más seguro han de emprender las acciones pertinentes para que los agentes educativos principales, padres y profesores, generen conciencia de la necesidad de intensificar la educación para la prevención.
Son muchos los dichos populares, Más valer prevenir que curar, Hombre prevenido vale por dos, Lo más inseguro de todo es trabajar de cualquier modo..., que ponen en evidencia la importancia de la prevención. Y es que, como dijo el poeta: “Lo que tu sabes de sobra / es que una vida que se pierde / ya nunca más se recobra”.
Francisco Arias Solis
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No hagamos las paces con la guerra, ni tampoco levantemos guerras con la paz.
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Gracias.