AMERICA ES LA ESPERANZA
“Mientras la onda cordial aliente un sueño,
mientras haya un viva pasión, un noble empeño,
un buscado imposible, una imposible hazaña,
una América oculta que hallar, vivirá España. “
Rubén Darío.
EL REDESCUBRIMIENTO DE AMERICA
“Soy un hijo de América, soy un nieto de España...”, nos dijo la voz armoniosa del poeta, la más española de los continentes americanos.
El realismo político parece estar en boga en la idealista Europa. Subrayemos este hecho por lo que tiene de síntoma; porque al hablar de la cuestión de América y España, también se toca algo muy real. Y es que más allá de los problemas estrictamente económicos, más allá y por encima y por debajo de ellos conviene no olvidar que América está en España, en la realidad española, y basta que España entre en sí para que se tropiece con ella.
La intuición popular lo ha comprendido ya de un modo harto claro, y son muchísimas las pruebas de este “redescubrimiento de América”, que está creando un clima de estrecho contacto con algo que jamás debimos descuidar: con América, con la América que, a pesar de nuestra dejadez, sigue llamándose América hispana.
Nuestras empresas americanas, la ingente obra del español en América, se ha llevado a término muchas veces, por no decir todas, al margen del Estado, y en ocasiones en contra suya. No quiere decir esto que el Estado no se haya sentido con preocupación americanista; nada de eso, puesto que igualmente existen pruebas de este propósito estatal, sino que nunca llegó a construir o proyectar una política americana, siendo los suyos, en todo caso, actos y legislaciones esporádicos y aislados, unidos y formando un cuerpo, más que por el propósito que los animara, porque se referían a una misma época, a una misma materia y porque el denominador común de los destinos españoles de aquellas fechas hacía que se sintiera su unidad. Por añadidura, es evidente que en muy contadas ocasiones coincidieron, en lo que atañe a América, la iniciativa personal con los planes de nuestros gobernantes.
La fuerza de América, esa fuerza telúrica a que todos los americanistas han hecho referencia, es tan poderosa, que tal vez hoy mismo, cuando pretendamos acercarnos a ella y actuar con ella, con sus colaboraciones y ayudas, nos impone a continuación normas, nos señala caminos. Normas y caminos que guardan, sin duda, estrecha relación con la actualidad de la vida americana.
América es, sobre todo, la esperanza. Esa esperanza a que no renunciamos los españoles y en cuya busca continuaremos. En estas horas de crisis, sólo quien tenga una auténtica capacidad creadora o renovadora puede subsistir. Pues bien, América, todo un continente repleto de posibilidades, puede dedicarse con nosotros a la inmensa tarea de encontrar esa nueva cultura, ese hombre nuevo, ese nuevo orden. Es sabido que lo nuevo solo puede ser engendrado por lo nuevo. Ni América ni nosotros nos hemos dado plenamente, y en busca de esa plenitud y esa esperanza navegamos y vivimos.
El español de estos momentos puede renunciar a todo menos a la esperanza. Y la esperanza, lo dijo Prieto, a los que no lo sabían, es América. Y como dijo el poeta: “No hay esperanza sin sueño; / ni sueños sin esperanza. / El esperar siempre empieza. / El soñar nunca acaba”.
Francisco Arias Solis
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