MANUEL ANDUJAR ( 1913-1994)
“Tiempos de los campos.
Campos del tiempo.”
Manuel Andújar.
LA VOZ DEL PENAR
“Penar -decía Andújar-, es una palabra sureña, rica y terruñera, que no dice del mismo modo ni con inflexión pareja en Andalucía que en el resto de España. Penar es un poco cante jondo”.
Manuel Andújar nació en La Carolina, provincia de Jaén, en 1913. Realizó estudios en Málaga y residió sucesivamente en Madrid, Lérida y Barcelona, lugares en los que trabajó como funcionario administrativo. Exiliado al final de la guerra, fue internado en el campo de concentración de Saint-Cyprien (Francia), pasa luego a Hispanoamérica, fija su residencia en México -aunque recorre todo el continente y reside una año en Chile-, donde funda, con José Ramón Arana, Las Españas, una de las más importantes revistas del exilio, y ocupa puestos directivos en el Fondo de Cultura Económica. En 1967 regresó a España, residiendo en Madrid, ciudad en la que murió en 1994.
Andújar ha abordado prácticamente todos los géneros literarios: poesía, teatro, crónica, ensayo, narrativa breve, novela. Es uno de nuestros más exigentes e importantes novelistas de nuestro siglo. Su poesía, a la vez que canta, narra, dice e, incluso, enumera. En su discurso poético opta por calificativos cortantes y totales, renunciando a las imágenes, uso y abuso frecuente de los poetas andaluces.
Toda la vasta producción narrativa de Andújar se encuadra en un vasto ciclo titulado Lares y Penares, en el que con absoluta independencia temática y clara evolución formal, se realiza una interpretación novelada de la España del siglo XX. Desde unos primeros libros de corte realista, de sabor tradicional, hasta sus más recientes obras, tentadas por nuevos moldes expresivos y por una progresiva concepción simbólica del relato, la serie de Manuel Andújar es una indignación profundamente ética del comportamiento humano del pueblo español que ha configurado su trayectoria histórica. De esta manera lo particular y lo social se compenetran de forma indisoluble al servicio de un mensaje profundamente humano y social.
Lares y penares (1945) se inicia con Cristal herido (1945), primera muestra novelesca de Andújar, que a pesar de ser un primer libro nos presenta un escritor de seguro instinto narrativo. Con ella da paso Andújar a una exploración organizada de la España de preguerra que se realiza en la trilogía Vísperas: Llanura (1947), El vencido (1949), El destino de Lázaro (1959).
Llanura es una novela que, sin deseo de buscarle filiaciones literarias, comparte la estructura del drama rural con la de novela de asunto caciquil. El vencido nos traslada a la zona minera jienense donde Miguel consigue pasar de hijo de un modesto obrero a rico empresario, pero ello no le salvará de su irremediable soledad, pues el triunfo económico no conlleva satisfacción espiritual. El destino de Lázaro se desarrolla en un recinto portuario, y en la misma, la tesis social o la censura de las anteriores, cede el paso a una historia más particularizada en la que, por otra parte, un aliento de esperanza ha empezado a infiltrarse.
Lares y penares posee otra novela mayor Historias de una historia (1973), individualmente su libro más importante. Resalta en el libro ese aire de verdad que posee toda literatura auténtica, sobre todo porque la obra no obedece a unos esquemas previos ni a ninguna clase de maniqueísmo, sino a unas motivaciones.
El ciclo novelístico de Andújar se completa con las novelas La voz y la sangre (1984) y Cita de fantasmas (1984).
Andújar publica su primera colección de poesía, La propia imagen, en 1961, en México. El siguiente libro de poesía, Campana y cadena, se edita en España en 1965. Otras obras poéticas son Fechas de un retorno y Sentires y querencias. Entre su ensayos más relevantes se cuentan: La literatura catalana en el destierro y Andalucía e Hispanoamérica: Crisol de mestizajes. Entre sus obras teatrales destacan: El primer juicio final, Los aniversarios y El sueño robado. Y entre los cuentos y crónicas-relatos podemos citar: Los lugares vacíos, La franja luminosa, Secretos augurios, Partiendo de la angustia y Saint-Cyprien, plage. Campo de concentración.
La literatura de Andújar es fundamentalmente interpretativa. En cualquier caso, y en toda su obra, resulta de vital importancia el talante ético del autor, que, curiosamente, no le lleva a ninguna clase de moralización. Tras un tono crítico, tras una palabra cruda, se ocultan siempre un gran dolor, un hondo penar y un gran amor. Esto es muy patente en una serie de poemas dedicados a España: a la España que el desterrado contempló -entrevió- en su realidad -no en su sueño de desterrado- durante un breve viaje: “Con recatado amor / y pasión requemada / adobáis la espera / mientras / lejanos árboles de ocres y cenizas / sempiternas caras cenceñas, / roídas murallas amarillas y flamantes máquinas, / la madeja devanan / de España”.
Francisco Arias Solis
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