jueves, 12 de octubre de 2006
RAMON MENÉNDEZ PIDAL
(1869-1968)

“¡Oh Dios y qué buen vasallo
si tuviese buen señor!”
(Cantar de Mio Cid).

LA VOZ DEL SABER

Menéndez Pidal destacó muy pronto en la vida intelectual y científica española con sus numerosas colaboraciones en las revistas especializadas. Dotado de gran talento y cultura extensísima e infatigable trabajador, realizó una labor ingente como educador y hombre de ciencia y supo crear escuela en su especialidad.

Don Ramón Menéndez Pidal nació en La Coruña, el 13 de marzo de 1869. Estudió en la Universidad de Madrid, siendo uno de los discípulos más aventajados de Menéndez Pelayo. En 1899 obtuvo la cátedra de Filología románica. Se casó con María Goyri, que fue su compañera de estudios en la Universidad y luego su mejor colaboradora. En 1904 hizo su primer viaje a América para estudiar la cuestión que entonces se debatía sobre fronteras entre el Ecuador y Perú.

Su amplísima actividad constituye el punto de partida de la Filología española moderna y en buena parte, también de la Historia. Su obra como investigador en el campo de la filología y de la literatura española es una de las más fecundas y más valiosas de nuestro país. Desde muy joven se consagró al estudio del Poema del Cid e hizo un trabajo completísimo sobre el viejo cantar. Este libro recibió el premio de la Academia Española en 1895. Un año más tarde sale a la luz La leyenda de los Infantes de Lara, que fue premiada por la Academia de Historia. En 1901 ingresó en la Real Academia Española de la que fue director desde 1925, hasta su muerte, ocurrida en Madrid, el 15 de noviembre de 1968, con el paréntesis de 1939 a 1947, en que por motivaciones políticas fue apartado del cargo. El discurso que leyó en el acto de ingreso en la Real Academia Española versó sobre El condenado por desconfiado, de Tirso de Molina., y es, como todos los suyos, un trabajo magistral. En 1912 ingresó en la Academia de la Historia. Fue también director del Centro de Estudios Históricos dependiente de la Junta de Ampliación de Estudios, lugar en el que se formó una riquísima escuela de filólogos e historiadores y donde continuó hasta 1939, en el que los vencedores de la guerra civil decretaron su desaparición. En 1956 se le concedió el premio March de literatura, cuyo importe total entregó a la Real Academia Española para una fundación destinada a estimular los estudios de filología, crítica histórica, literatura y otras materias mediante premios a los investigadores, y en 1959 la Facultada de Filología le otorgó la medalla de gratitud a la labor magistral. En 1962 fue elegido presidente de honor del I Congreso Internacional de Hispanistas y en 1963 se le nombró doctor honoris causa por la Universidad de Salamanca y fue galardonado con el gran collar de la orden de Alfonso X el Sabio. En 1967 recibió el doctorado honoris causa por la Universidad de Lieja.

En 1909 viaja a los Estados Unidos y dio varias conferencias en diferentes universidades bajo el epígrafe “El romancero español”. Durante la guerra civil desarrolló breves cursos en las universidades de Toulouse y La Habana y fue profesor durante dos semestres en Columbia University de Nueva York. Volvió a España poco después de terminada la guerra civil.
Su libro La España del Cid es uno de los más sugestivos y más bellos que se han escrito sobre la historia de nuestra Edad Media, Don Ramón consagró su vida entera a sus trabajos de investigación literaria. Las infinitas horas de lectura sobre códices y pergaminos antiguos le ocasionó el desprendimiento de la retina. Tendido pacientemente en su lecho, hacía que su hija Gimena le leyese los viejos romances que, con el título de Flor nueva de romances viejos, fueron publicados en esos meses de forzoso retiro. Están dedicado a su hija, que le había permitido “sacar del olvido este Romancerillo, que estaba hacía muchos años arrumbado”.

La mayor empresa de Menéndez Pidal fue el estudio de la historia de la lengua española y de la literatura de la Edad Media sobre la base de documentos vivos y originales. En este camino constituyen sus libros fundamentales el Cantar del Mio Cid, texto, gramática y vocabulario (1908-1911; reeditado con la reproducción y análisis crítico del manuscrito en 1944), La España del Cid (1930; ampliado y corregido en 1947) y En torno al poema del Cid (1936). Las obras más conocidas entre su extensa producción, aparte de las ya mencionadas son: La leyenda de los Infantes de Lara (1896), Crónicas generales de España (1898), Manual de gramática histórica española (1904), con numerosas reediciones y ampliaciones, La epopeya castellana a través de la literatura española (1910), Poesía juglaresca y juglares (1924), Orígenes del español (1926, edición ampliada en 1951), su obra fundamental y más innovadora; Flor nueva de romances viejos (1928), Idea imperial de Carlos V (1940), Romances hispánico: hispano-portugués, americano y sefardí (1953), La chanson de Roland y el neotradicionalismo (1959), El padre de las Casas, su doble personalidad (1962) y sus introducciones a la casi totalidad de los tomos de la Historia de España que publica Espasa Calpe y que fue dirigida por él hasta su muerte. Dirigió también durante muchos años, la Revista de Filología Española, de inmenso prestigio internacional.

Menéndez Pidal representa el esfuerzo más genial, auténtico y desinteresado que se ha dado en España en los últimos siglos.

Menéndez Pidal elaboró una visión de la Edad Media, y en ella, una sociología de su literatura, cuya forma más intensa y persuasiva aparece en Poesía juglaresca y orígenes de las literaturas románicas.

La consideración de la literatura en su realidad histórico-social efectiva llevó a Menéndez Pidal a lo que quizás sea lo más valioso y fecundo de su obra: la atención de la poesía juglaresca y a las actividades de los juglares, y, con ello una nueva visión de la Edad Media. Se ve que la literatura románica medieval ha sido, ante todo y sobre todo “juglaría”, y que lo demás ha sido relativamente secundario.

“Los juglares eran difundidores de cantos noticieros sobre sucesos actuales y referidores de historias antiguas acreditadas –nos dice Pidal-; eran, como portadores de mensajes versificados o prosísticos, un poderoso órgano de propaganda política; en fin, eran editores y periodistas ambulantes, agentes de toda clase de publicidad”.

Francisco Arias Solis
e-mail: aarias@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias

No disparar donde haya niños. Stop.
En la gloria no necesitamos más ángeles.

Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus páginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL: http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm.

Gracias
Publicado por Desconocido @ 21:27
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