FELIX JOSE REINOSO
(1772-1841)
“Los pájaros al aire derramados,
en colorida turba se desprenden,
cual nube que matiza en oro y grana,
coronada de lirios, la mañana.”
Félix José Reinoso. .
LA VOZ DE UN DEFENSOR DE LOS EXILIADOS
Los grupos de poetas que centran el neoclasicismo, de un punto a otro, van concurriendo al albor prerromántico y así nos encontramos con poetas como Alvarez de Cienfuegos, Arjona, Maury, Quintana, Lista, Nicasio Gallego, Somoza y el propio Reinoso.
Félix José Reinoso nace en Sevilla el 20 de noviembre de 1772. Cursó estudios eclesiásticos durante doce años en la Universidad patria. En 1793 funda con Lista, Blanco, Arjona y José María Roldán una Academia de Letras Humanas, que en 1799,premió el poema de Reinoso La inocencia perdida. Obtuvo en 1801 el curato de la parroquia de Santa Cruz en Sevilla, que desempeñó hasta 1811; fundó entonces dos hospitales para atender a sus paisanos, víctimas del hambre que aquella ciudad padecía. En 1815, la Sociedad Económica de Sevilla le confió por aclamación la cátedra de Humanidades, que regentó durante cinco años, al cabo de los cuales y hasta 1823 trabajó para la Diputación provincial de Cádiz. Publicó, bajo el seudónimo El político moruno, varios artículos en los periódicos gaditanos el Diario Mercantil y La Constitución y las Leyes. A principios de 1827 fue nombrado primer redactor de la Gaceta del Gobierno. Es presentado a su Santidad, en 1833, para Juez Auditor del Tribunal de Rota, y ese mismo año se le comisionó para que en unión de otras dos personas, preparasen todos los decretos, comunicaciones, etc., relacionados con la jura de Isabel II. Entre 1834 y 1838 fue miembro de la Inspección General de Imprentas y Librerías. Se le había conferido ya el decanato de la Santa Iglesia metropolitana de Valencia cuando falleció en Madrid el 27 de abril de 1841.
Reinoso fue también crítico e historiador y de estas dedicaciones nos ha dejado algunos escritos, en los que hay que recordar entre otros, Discurso sobre la influencia de las bellas artes en la mejora del entendimiento y la rectificación de las pasiones, Discurso sobre el estilo de la pintura sevillana, Curso filosófico de una poética y Discurso sobre las causas del atraso de la elocuencia en España, además de la defensa que hizo de los afrancesados en su manifiesto político titulado Examen de los delitos de infidelidad a la patria, imputados a los españoles sometidos bajo la denominación francesa, (1816), una de los mejores alegatos en defensa de la causa de los exiliados y que le valió el apodo de Obispo francés.
Sin duda, movido por la sensibilidad humana que le era propia, y de la que no es posible separar su amistad con Lista, así como de la injusticia con que los afrancesados habían sido tratados tras la restauración del absolutismo en 1814, Reinoso sintió la necesidad de escribir un libro que ha quedado en los anales de nuestra historia literaria como su justificación teórica y moral más estimable. Su libro Examen de los delitos de infidelidad a la patria , reeditado en varias ocasiones, ha sido llamado por Menéndez Pelayo el “Alcorán de los afrancesados”, para a continuación arremeter contra él llevado de su furor anti-afrancesado . Entre otras cosas dice que es “el libro más fríamente inmoral y corrosivo, subvertidor de toda noción de justicia, ariete contra el derecho natural y escarnio sacrílego del sentimiento patria; obra, en suma, que para encontrarle parangón o similar sería forzoso buscarlo en los discursos de los sofistas griegos en pro de lo injusto”.
La verdad es que tanto la vida como la obra de Reinoso, no justifica una opinión infamante como la expuesta. Hans Juretschke dice que “el Examen se convirtió en el compendio de los afrancesados (...) , redactado con extraordinaria agudeza de espíritu y habilidad y que contiene muchas cosas verídicas, se desprende aún hoy día una gran fuerza persuasiva, de tal modo, que merece la pena examinar su pensamiento fundamental más de cerca”. El punto de vista de Reinoso es el de un liberal que defiende la libertad de expresión, y como en los afrancesados lo que se reprobaba era un delito de opinión sale gallardamente en su defensa con palabras como éstas: “Mas el nombre de los afrancesados no debe estar destinado para significar las acciones sino las opiniones manifestadas, o acaso presumidas. Y si yo no tengo equivocadas torpísimamente las ideas, no puede cometerse mayor injusticia, no puede darse un ataque más fuerte contra la libertad de un pueblo, que condenar como delitos semejantes opiniones”:
Es posible que Reinoso estuviera hoy más olvidado de no haber escrito más que en versos pastoriles y anacreónticas al modo de Villegas, o las odas religiosas y morales semejantes –aunque no sabemos si anteriores o posteriores- a las de Lista, etc., pero habrá que recordarle siempre, a lo menos, por algunos excelentes pasajes de su poema en dos cantos, La inocencia perdida, escrito lo más tarde en 1799 y publicado en 1804. En este poema, compuesto de doscientas octavas reales, que acusa el influjo de Milton, encontramos bellas descripciones naturales que otorgan a Reinoso un lugar destacado en al panorama de la poesía española de su época. Y como dijo el poeta sevillano: “Revela el canto que escuchó del ave”.
Francisco Arias Solis
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