lunes, 16 de octubre de 2006
FERNANDO DE CASTRO
(1814-1874)

“El linaje de la gente plebeya que hasta hace poco
nacía sólo para aumentar el número de los que viven,
hoy nace para aumentar el número de los que piensan.”
Fernando de Castro

LA VOZ PIONERA DE UNA NUEVA MENTALIDAD

La preocupación de Fernando de Castro por las clases oprimidas fue una constante en su vida y en su obra. En cierto modo se pone al lado de los trabajadores y frente a la frivolidad de las clases acomodadas. Cuando en el Sermón de las barricadas le dice a la reina Isabel II: “La sublevación es sofocada, pero el malestar general continúa y, bajo la misma o diferente forma, las revoluciones se reproducen”.

Quizá pocos personajes como Fernando de Castro encarnen tan fielmente la figura paradigmática del krausista en su versión religiosa.

Fernando de Castro y Pajares nace en Sahagún, provincia de León, el 30 de mayo de 1814, siendo muy joven ingresó como franciscano descalzo en el convento de San Diego de Valladolid, cogiéndole de lleno la exclaustración del 1834 previa a la desamortización de Mendizábal, lo que le obligó a ordenarse sacerdote. Actuó como profesor de filosofía en el Seminario Conciliar de San Froilán de León y también como bibliotecario de la Biblioteca Provincial de León. En 1845 ya le tenemos en Madrid, donde será primero profesor de historia en el Instituto de San Isidro, director de la Escuela Normal de Filosofía y, finalmente, catedrático de “Historia general” en la Universidad Central. La amistad con Sanz del Río se hace íntima y la “conversión” al krausismo es ya evidente en 1866., cuando pronuncia su discurso de ingreso en la Real Academia de la Historia con el título de Caracteres históricos de la Iglesia española. El escándalo era inevitable, ya que Fernando de Castro había sido nombrado en 1848 predicador real en la Corte de Isabel III y en 1850 Capellán de Honor de S.M. Sin embargo, la evolución era previsible, pues ya en 1861 había pronunciado un Sermón en Palacio –el llamado Sermón de la barricada- en el que amonestaba seriamente a la reina y a la Corte por su ligereza y licenciosidad.

En 1868 Castro se ve envuelto en la “primera cuestión universitaria” por la que queda separado de la cátedra, junto con Sanz del Río, Castelar, Salmerón y Giner de los Ríos. Al triunfar la revolución de 1868, la Junta Revolucionaria de Madrid le nombra rector de la Universidad Central, por indicación de Sanz del Río, a quien se le había ofrecido previamente; razones de salud le obligan a declinar, proponiendo a su amigo y correligionario.

Como rector su actividad fue infatigable. Pone en marcha unas conferencias dominicales para la educación de la mujer, otras de extensión universitaria para las clases pobres, funda la Asociación para la Enseñanza de la Mujer y desarrolla una incansable labor al frente de la Sociedad Abolicionista Española. Al fin muere en Madrid el 5 de mayo de 1874, habiendo dedicado los últimos meses de su vida a la redacción de una Memoria testamentaria, que constituye una sucinta exposición autobiográfica de su ideario religioso.

Su preocupación por los oprimidos, no se centra exclusivamente en las clases proletarias, sino que se extiende a todos los seres marginados o explotados por la civilización. Entre ellos hay que situar a las mujeres, objeto muy preferente de la atención de Castro. En su Discurso de apertura de curso académico 1868-1869, entre las tareas de extensión universitaria que aparecen en su programa hay una que se refiere específicamente a la necesidad de “abrir cursos especiales destinados a completar la educación de la mujer”. Era el 21 de febrero de 1869, cuando Fernando de Castro leyó en el Paraninfo su Discurso en la inauguración de las Conferencias Dominicales para la Educación de la Mujer, que después fueron continuadas, domingo tras domingo, por numerosos oradores. Entre ellos citaremos los siguientes nombres: Juan de Dios de la Rada, Francisco de Paula Canalejas, Antonio María Segovia, Fernando Corradi, Santiago Casas, Segismundo Moret, José Echegaray, Florencio Alvarez Ossorio, Asenjo Barbieri , José Moreno Nieto.

El éxito obtenido por las Conferencias Dominicales fue enorme, hasta el punto que llevó a la idea de crear algunas instituciones afines que sirviesen de cauce a la inquietud y expectación que el tema de la educación de la mujer había despertado en la sociedad del momento. La culminación de este movimiento será la fundación en 1871 de la Asociación para la Enseñanza de la Mujer, pero antes surgirán otras instituciones de las que conviene dar cuenta. Uno de esos precedentes será la Escuela de Institutrices, que empezó a funcionar el 1 de diciembre de 1869, agregándose después a la Asociación. Paralelamente, el día 3 de febrero de 1869 se inauguró, también por Fernando de Castro, un llamado Ateneo Artístico y Literario de Señoras, presidido por doña Faustina Sáez de Melgar. “El Ateneo de Señoras” –como se vino a llamar- no duró demasiado, a pesar de estar muy bien representado. Entre las damas de la Junta consultiva estaba Concepción Arenal, una de las personalidades femeninas más relevantes del siglo XIX, bien conocida por sus tareas penitenciarias y de beneficencia. No es extraño que le escritora gallega llame a Fernando de Castro “el hombre más humano que he conocido”.

Francisco Arias Solis
e-mail: aarias@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias


Mi guerra es no ir a la guerra.

Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus páginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL:
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Gracias.
Publicado por Desconocido @ 4:09
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