ANTONIO DE CAPMANY
(1742-1813)
“No hemos de confundir la pureza del lenguaje
con el purismo... Todos los puristas son ordinariamente fríos,
secos y descarnados en sus escritos.”.
Antonio de Capmany.
LA VOZ DE UN GRAN FILOLOGO
Donde verdaderamente sobresale Capmany es en el ámbito de la filología en el que parece que hay acuerdo entre todos los estudiosos. “Capmany destaca sobre todo como filólogo”, dice Alborg.
Una de las primeras obras que escribió fueron los Discursos analíticos sobre la formación y perfección de las lenguas y sobre la castellana en particular. El estudio es incompleto y probablemente por eso lo hizo seguir de un opúsculo titulado Formación de la lengua castellana, en cuyas sugerencias ha bebido muchas veces toda la crítica posterior.
Antonio de Capmany y de Montpalau nació en Barcelona el 24 de noviembre de 1742. y murió en Cádiz el 14 de noviembre de 1813. Había estudiado humanidades y filosofía, pero se decidió por la carrera militar al ingresar en el Regimiento de Dragones de Mérida. Con todo, tampoco ésta debía satisfacerle, pues .-tras intervenir en la guerra de Portugal de 1762- abandonó el ejército para dedicarse por entero al estudio y la investigación. Colaboró con Olavide en las poblaciones de Sierra Morena, viviendo algún tiempo en La Carolina. En 1773 se instaló en Madrid donde se relacionó con el mundo literario y de la política, llegando a ser miembro de la Academia de la Lengua y de la Historia. A raíz de la invasión francesa en 1808 se trasladó a Andalucía y fue diputado en las Cortes de Cádiz por Cataluña, teniendo una actividad política muy intensa hasta su muerte.
Capmany interviene en la polémica española sobre la organización gremial del trabajo y de la producción de finales del siglo XVIII, enfrentándose a Jovellanos y Campomanes defendiendo la pervivencia de los gremios. Capmany representa una opción conservadora teñida de cierta ingenuidad.
Como historiador, la gran obra de Capmany son sus Memorias históricas sobre la Marina, Comercio y Artes de la antigua Ciudad de Barcelona (1779-1792), compuesta a instancias de la Junta de Comercio de Barcelona. Se consideró entonces una novedad en la historiografía europea, por la seriedad y el rigor con que está hecha, haciendo una aportación sustancial a la “historia civil” . Menéndez Pelayo dice es éste “uno de los libros que más honra a la cultura española del siglo XVIII”.
Muy discutida ha sido su Filosofía de la elocuencia (1776). Su intento de superar el casuismo en el estudio del arte de la oratoria, pasando de la fría enumeración de normas a una interpretación filosófica y racional de las mismas, está lleno de nobleza intelectual.
La obra de madurez de Capmany es su Teatro histórico-crítico de la elocuencia castellana (1786). Los propósitos que guían al autor son básicamente dos: mostrar a los extranjeros la existencia de una rica literatura castellana y poner a disposición de los españoles una serie de modelos dignos de ser imitados. El criterio de selección será muy exigente, y esto es uno de los grandes valores de la obra. Lázaro Carreter dice del Teatro histórico-crítico que es “la obra más importante de la filología nacional en el siglo XVIII”. Y añade más adelante: “Se exige una inmediata y cordial revalorización de este gran filólogo, verdadero campeón de nuestra lengua en su momento crítico, en el instante, si no más peligroso, más decisivo de su historia”.
Francisco Arias Solis
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