UN BUEN TRAJE
“Te vestiste ayer de negro
y hoy te has vestido de blanco;
lo negro te está mejor
porque es un color menos claro.”
Augusto Ferrán.
LA VERDAD DE LO APARENTE
¿Cuándo debe un hombre poner más cuidado en su atuendo y apariencia? ¿Cuándo está en un lugar que no lo conozca nadie o cuando se encuentra en otro donde es conocido de todo el mundo?
-No te fijes en mi traje –le decía cierto terrateniente andaluz, célebre por su desaliño vestimentario, a un amigo que lo había sorprendido hecho un adán en uno de sus cortijos-: Ya sé que voy muy andrajoso, pero no importa. Aquí todo el mundo sabe de sobra quien soy...
Y, algún tiempo después, como el mismo amigo se lo hubiese encontrado en el centro de Madrid, con los mismos andrajos, el terrateniente andaluz le endilgó esta otra cantinela:
-Mi indumentaria sigue dejando todavía bastante que desear, no cabe duda, pero ¡qué quieres! Después de todo, aquí soy un perfecto desconocido y puedo permitirme el lujo de andar como se me antoje...
¡Extraños, arduos y complejos problemas todos los que se relacionan con la indumentaria masculina! Por regla general los hombres alardean de vestirse de un modo más práctico y sencillo que las mujeres, pero este es un asunto sobre el que habría mucho que hablar. Así, un día en que el juez McCardie se permitió reprobar desde su tribunal las extravagancias sartoriales del bello sexo, su atavío, según observó la escritora Virginia Wolf, se componía de las siguientes prendas: una túnica escarlata de amplios y dilatados pliegues, una esclavina o manteleta de armiño y una enorme peluca rizada. Ninguna mujer ajena a la judicatura hubiera llegado jamás a tales extremos, ni aun en sus momentos de mayor desvarío suntuario, y es que, indudablemente, en esto como en todo, y, según dice el refrán, “unos cardan la lana y otros llevan la fama”.
En nuestro país no son menos complejos, los problemas relacionados con la indumentaria femenina, Mención especial merece las vicisitudes seguidas, primero por el bikini , considerado “trivial atuendo femenino”, en una sentencia del Tribunal Supremo de 1970. Y más recientemente, por el “top-less”, cuya utilización incluso en el ámbito privado, como es el jardín de la propia casa en un lugar del cinturón residencial de Madrid, puede dar lugar a una condena por falta, porque su contemplación “ofende a una gran parte del pueblo español en su moral, buenas costumbres y decencia”, según una sentencia del la Audiencia Provincial de Madrid de 1982.
Pero volviendo a nuestro tema inicial, y si se nos permite presentarlo de una manera algo diferente, ¿qué hombres deben preocuparse más de su ropa? ¿Los muy conocidos o los completamente desconocidos, esto es, los que tienen una reputación que mantener o los que, careciendo totalmente de ella, necesitan hacérsela con el concurso de un buen traje?
¡Vaya usted a saber! Por mi parte, no creo que un buen traje le dé nunca a nadie otra reputación más que la de ser una persona bien trajeada, mientras unas ropas de ésas que se caen a jirones pueden fácilmente crearle a cualquiera una reputación de sabio, de poeta y hasta de millonario o de terrateniente andaluz. Y como dijo el poeta: “La verdad de lo aparente / no es verdad porque lo es / sino porque lo parece”.
Francisco Arias Solis
e-mail: aarias@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias
La paz pide una oportunidad.
Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus páginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL:
http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm
Gracias.