GIL VICENTE
(1465-1536)
“Dicen que me case yo:
no quiero marido, no.
Mas quiero vivir segura
nesta sierra a mi soltura,
que no estar en ventura
si casaré bien o no.”
Gil Vicente.
LA VOZ DEL FUNDADOR DEL TEATRO PORTUGUES
Gil Vicente es una encrucijada de lenguas, de épocas, de ideologías; en sus autos se dan la mano lo medieval de las barcas y los atisbos renacentistas de los amores de don Durados y Oriana; todas las clases sociales, aunque distanciadas, aparecen en sus obras, que incorporan además al momento escénico la poesía popular, tan hábilmente soldada a la trama como no volveremos a encontrar hasta Lope de Vega. Poco tiene este dramaturgo portugués de humanista, a no ser su interés por lo humano, si bien rehuyó las formas italianizantes, su renacentismo queda reflejado en la vitalidad, en el vívido sentimiento de la naturaleza y en el lirismo, en esa interpolación de elementos extraños al hecho dramático en sí.
Establecer la biografía de Gil Vicente ha planteado numerosos problemas a la crítica: nacido en Lisboa, Guimares o Barcelos hacia 1465, fue al parecer orfebre, o al menos lo era un personaje de su mismo nombre autor de una custodia gótica que hoy se conserva en el Museo Nacional de Arte Antiguo de Lisboa. Estuvo al servicio de doña Leonor, viuda de Juan II, y ocupó diversos cargos como director de la Casa de la Moneda. Desde esta perspectiva cortesana no puede extrañar que Gil Vicente asuma el papel de poeta, músico y dramaturgo oficial de la corte, en la que representó la primera pieza en 1502. Casó en dos ocasiones y murió probablemente en Evora hacia 1536. Sus hijos prepararon la edición completa de sus obras en 1562 bajo el título de Compilaçao, que recoge once piezas en castellano, dieciséis en portugués y diecisiete en ambos idiomas: de todas formas, el lenguaje vicentino está tachonado de dialectismos, vocablos en sayagués, castellanismos cuando escribe en portugués y a la inversa. La dualidad idiomática no ofrecía dificultades de comprensión a los espectadores, dado el medio cortesano en que se escenificaban y en el que estaba de moda el castellano, debido a los parentescos que unían a las dos familias reales de la Península.
Los inicios dramáticos de Gil Vicente son de aprendizaje en la imitación de Lucas Fernández y Encina, en su primera pieza, el Monólogo do vaqueiro, o Auto de la Visitación, conserva la pobreza de personajes, uno sólo, de los autores salmantinos, la métrica, la estructura e incluso el mismo dialecto, el sayagués. El Auto pastoril castellano sigue muy de cerca a Encina aunque contiene rasgos vicentinos. Tras el Auto dos reis magos, viene el distanciamiento total de los modelos que puede apreciarse en el Auto da Sibila Casandra (1513), sobre tema navideño: lo nuevo aquí es la incorporación de elementos paganos propios del Renacimiento y de otros medievales, como el tipo femenino de la Sibila, en cuya boca pone Gil Vicente, así como en la del coro, poemas de gran delicadeza inspirados en motivos populares: “Dicen que me case yo, no quiero marido, no”, la canción de cuna “Ro, ro, ro”, inspirada en Gómez Manrique y sobre todo la cantiga “Muy graciosa es la doncella”.
De la segunda época vicentina (1508-1516) interesa el Auto dos quatro tempos, último de sus autos navideños en castellano. Así llegamos a la trilogía “das barcas”, que constituye la tercera fase de la obra vicentina: sus dos primeras piezas, Barca do inferno, Barca do purgatorio están escritas en portugués; la tercera, Barca de la Gloria, en castellano.
La primera comedia o farsa de carácter costumbrista de Gil Vicente data con toda probabilidad de 1514: Comedia do viudo, y es antecedente directo de una pieza clave que inaugura la cuarta y última etapa del teatro vicentino, la Tragicomedia de don Duardos, sobre el tema del príncipe disfrazado de labrador para enamorar a su dama, considerada su mejor obra y que ha sido calificada por Menéndez Pelayo de “delicioso idilio”. Razón sobrada tuvo Dámaso Alonso para darnos en 1942 una edición con abundantes comentarios, de esa obra, de la cual escribe: “La Tragicomedia de don Duardos, no publicada nunca (aunque parezca mentira) en España, es un obra de una belleza tal, que está pidiendo a voces ser leída y gustada por el público”. La otra tragicomedia el Amadís, presenta la simplificación temática del don Duardos, aunque lo los amores del protagonista con Oriana estén faltos del lirismo de esa pieza, a la que aventaja en matización de los caracteres, especialmente en el de Oriana.
Gil Vicente fue un hombre de teatro, pero también un gran poeta. Su temperamento lírico se manifiesta en su obra dramática y también sus composiciones sueltas que nos dejado: Pocos como el supieron entroncar con la vena lírica tradicional, de ella nos ha dejado composiciones deliciosas (glosas, villancicos, zéjeles, cantares, etc.) que influyeron notablemente en la poesía del Siglo de Oro e, incluso, en los poetas contemporáneos que, como Rafael Alberti , encontraron en esa poesía un venero para su inspiración lírica. Y como cantó el poeta portugués: “Muy graciosa es la doncella, / ¡cómo es bella y hermosa! / Digas tú, el marinero / que en las naves vivías, / si la nave o la vela o la estrella / es tan bella”.
Francisco Arias Solis
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Te matan y después
piden perdón al cadáver.
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