MIGUEL SERVET (1511-1553)
“Nada tan bello como la luz.”
Miguel Servet.
LA VOZ DE UN TALENTO NADA COMUN
El talento de Miguel Servet no era común, y prácticamente no hubo rama de la ciencia que tocase, en que no destacara por algo; principalmente estas ramas fueron la geografía y la medicina. Como geógrafo, se destaca por sus ediciones latinas de la Geografía de Tolomeo. Tuvo Servert una iniciativa original y muy moderna para su época: escribir los nombres de las ciudades en su respectivo idioma.
Probablemente no hay ningún aspecto de la obra de Servet que haya hecho derramar más tinta que su famoso descubrimiento de la circulación de la sangre, al que, por cierto, el propio autor apenas prestó atención. En su libro V del Christianismi Restitutio aparece perfectamente descrita y con todo detalle: nos dice que la sangre circula saliendo del ventrículo derecho, pasa por los pulmones y entra en el ventrículo izquierdo; puntualiza además que, al pasar por los pulmones, la sangre es sometida a una preparación mediante su mezcla con el aire inspirado. Es sabido que en tiempo de Servet se desconocía la existencia del oxígeno, y por lo tanto no podía hablar de oxigenación como hoy hacemos; sin embargo, Servet intuyó el oxígeno, al que llama “espíritu vital”. Señala también que en dicha operación la sangre se purifica de sus impurezas. El hecho de que Servet no le prestase atención fue causa de que un descubrimiento tan trascendental fuera ignorado por los anatomistas durante siglo y medio: hasta 1694: en que Watton reveló que la primacía del descubrimiento se debía a Servet. Algunos autores afirman que Servet llegó incluso a intuir la circulación general.
La obra fundamental de Servet –así lo consideraba su autor- son sus aportaciones teológicas, campo en el que nosotros le situamos entre los reelaboradores del “mito de Cristo” con connotaciones claramente neoplatónicas que le acercan en alguna medida a Fray Luis de León. Su libro básico es el Christianismi Restitutio, cuyo titulo traducido sería este: La Restauración del Cristianismo.
Miguel Servet nació en Villanueva de Sijena, provincia de Huesca, el 29 de septiembre de 1511. Estudió lenguas (latín, griego, hebreo), además de filosofía y teología en la Universidad de Zaragoza; más tarde derecho y medicina en Toulouse. Su vida está marcada por la inquietud que le llevará a una aventura constante. El deseo de viajar y conocer mundo le llevó a enrolarse en el séquito de Carlos V, como secretario de su confesor, fray Juan de Quintana; con el viajó por Italia y Alemania presenciando en Bolonia la coronación del emperador por Clemente VII. Al morir Quintana se instala en Basilea, donde publica sus dos primeras obras trinitarias: De Trinitatis erroribus y Dialogorum de Trinitate, De Iustitia Regni Christi, que ocasionaron enorme revuelo. A partir de entonces usará el nombre de Miguel Villanovano, para evitar su identificación.
Asi empieza una vida de persecuciones, que oculta la inquietud espiritual y el deseo de saber que le devoraban. En Vienne era médico del obispo Pedro Palmier, quien, a pesar de todo, no pudo protegerle mucho. Desde su época de París Servet conocía a Calvino; al principio eran amigos, pero en seguida surgieron las discrepancias religiosas. Cuando en 1533, Servet publica el Christianismi Restitutio, añade al final de volumen las treinta cartas de su polémica con él, lo que indignó al reformador ginebrino, que le denunció a la Inquisición, pero alguien debió permitirle huir de la cárcel. Salió hacia Nápoles, para lo cual pasó antes por Ginebra sin que estén muy claros los motivos; allí fue reconocido en una iglesia, y Calvino le denunció a las autoridades. Se le hizo un ignomioso proceso, del resultas del cual el 27 de octubre de 1533 fue quemado vivo en la colina de Champel, a las fueras de Ginebra, y con leña verde para mayor prolongación del suplicio.
“Sólo la luz –decía Servet-, la celeste y la terrestre, la espiritual y la corpórea, informa y transforma y de ella proceden toda la forma y adorno del mundo. El Creador colocó formas de luz en las cosas para que nunca más estuvieran en el caos oscuro e informe… La luz es la forma visible de todas las cosas. Es la luz lo que transforma el yeso en piedras brillantes y el agua en perlas preciosas. Y en la regeneración es la luz lo que informa y transforma nuestros espíritus, como es también la luz lo que transformará sustancialmente nuestros cuerpos el día de la resurrección final”.
Cádiz, 26 de septiembre de 2003.
FRANCISCO ARIAS SOLIS