sábado, 28 de octubre de 2006
FRANCISCO ARIAS SOLIS
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ERNESTINA DE CHAMPOURCIN
(1905-1999)

“Todos van, todos saben...
Sólo yo no sé nada.
Sólo yo me he quedado
abstraída y lejana,
soñando realidades,
recogiendo distancias."
Ernestina de Champourcín.

LA VOZ DE LA VOCACIÓN LITERARIA

“Mi infancia y mi adolescencia constituyen el cielo verdaderamente intelectual de mi vida. Durante esos años he escrito y leído en serio, cómicamente en serio. Mis muñecas y mis allegados tuvieron que sufrir las exuberantes y acaparadoras primicias de mi vocación literaria”, nos dice Ernestina de Champourcín. Y añade: “Pero esto es historia antigua, mejor dicho, historieta. En la actualidad no puedo oír mi nombre, acompañado por el horrible calificativo de poetisa, sin sentir vivos deseos de desaparecer, cuando no de agredir al autor de la desdichada frase”.

Ernestina de Champourcín es una de las pocas autoras que aparecen en algunas de las antologías que se han hecho en nuestro país, y que no han sido realizadas en función del sexo como elemento diferenciador del resto de los escritores, lo que es síntoma evidente de salud literaria. A lo largo de la obra de Ernestina hay mucha poesía, mucha belleza, mucha autenticidad.

Ernestina de Champourcín nace en Vitoria el 10 de julio de 1905. Desde pequeña habla y escribe perfectamente francés, inglés y castellano. Realiza el bachillerato elemental en el Colegio del Sagrado Corazón y los exámenes de bachiller superior los realiza en el Instituto Cardenal Cisneros. Aparecen sus primeras obras poéticas: En silencio, Ahora, La voz del viento, Cántico inútil. Poco después de la rebelión militar de julio, en noviembre de 1936, contrae matrimonio con el poeta Juan José Domenchina. A causa de la guerra civil, primeramente se traslada de Madrid a Valencia, y, finalmente, fija su residencia en Barcelona. Colabora en la revista cultural Hora de España, en ella publica un emotivo poema: “La noche para siempre, la noche con su esquivo / y vacilante rumbo. Nada puede ya el lino / de mis manos abiertas ni su apoyo tendido / en el rastro borroso de tu andar indeciso”... Al final de la guerra pasó la frontera buscando refugio en Francia. En junio de 1939 llegó a México. Allí Ernestina trabaja de traductora para el Fondo de Cultura Económica, mientras sigue escribiendo poesía.

En 1952, en la Colección Adonais, de Madrid, se publica un libro de Ernestina de Champourcín, que sigue exiliada en México y de cuyos versos uno de nuestros más agudos críticos Enrique Díez-Canedo había afirmado que podían contarse entre los mejores “escritos por mano de mujer en España”. Con la publicación de Presencia a oscuras nos llega una muestra amplia de la obra de destierro de la poetisa. En 1960, en México, publica un nuevo libro: El nombre que me diste. Seguirán Cárcel de los sentidos, Hai-Kais espirituales y Cartas cerradas, todos publicados en México. En 1972 vuelve a España, donde se publica Poemas del ser y del estar. Y posteriormente los libros: Primer exilio, La ardilla y la rosa, La pared transparente y Huyeron todas las islas, y tras algunas antologías, un último libro, al filo de sus 90 años, Del vacío y sus dones (1993). En 1989, recibe el Premio Euskadi de Literatura. Ernestina de Champourcín muere en Madrid, en una residencia para personas mayores, el 27 de marzo de 1999.

El sentimiento que impulsa toda la creación poética de Ernestina Champourcin durante sus últimos veinticinco años o más, es el amor a Dios: a un Dios concebido tal y como cualquier creyente cristiano, católico ortodoxo, es de suponer que lo conciba. “¿Mi concepto de la poesía? Carezco en absoluto de conceptos. La vida borró los pocos de que disponía, y hasta ahora no tuve tiempo ni ganas de fabricarme otros nuevos. Por otra parte, cuando todo el mundo define y se define, causa un secreto placer mantenerse desdibujado entre los equívocos linderos de la vaguedad y la vagancia”, nos dice la prolífica autora alavesa.

En México, los poetas malagueños Emilio Prados y Manuel Altolaguirre iban a resucitar de nuevo la revista Litoral con José Moreno Villa, Juan Rejano y Francisco Giner de los Ríos. En aquel resucitado Litoral, la voz de Ernestina de Champourcín se oye oír: “Si eres mujer, no llores. Tu congoja / irrita y exaspera al que no te entiende. / ¡Qué saben ellos de ese amor oculto / que estremece tu cuerpo mal guardado, / de la enorme ternura desolada / que te invade sintiéndote desnuda”.

Cádiz, 4 de marzo de 2006.
Publicado por Desconocido @ 21:35
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