FRANCISCO ARIAS SOLIS
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FRAY BARTOLOMÉ DE LAS CASAS
(1474-1566)
“Decid, ¿con qué derechos y con qué justicia
tenéis en tan cruel y horrible servidumbre a aquellos indios?”
Fray Bartolomé de las Casas.
LA VOZ DEL PROTECTOR DE LOS INDIOS
La vida de Las Casas es la vida de una pasión en favor del indio, que realizará en todos los niveles: la acción política y misional, en la praxis; la elaboración doctrinal de planes de colonización y de interpretación de los hechos americanos, en la teoría.
Fray Bartolomé de las Casas nació en Sevilla en 1474; allí hizo sus primeros estudios de Latín y Humanidades, recibiendo Ordenes menores. En 1502 acompaña, como doctrinero, a don Nicolás de Ovando, que iba entonces nombrado gobernador de la Española. Desde el primer momento, se incorpora a la tarea colonizadora de los españoles en el Nuevo Mundo. Por aquellas fechas, aunque se desconoce exactamente el año y lugar, Las Casas se ordena sacerdote. Muy pronto su situación de colono y encomendero iba a entrar en contradicción con su vocación religiosa. En 1513 pasa a la isla de Cuba, acompañando a su amigo Pánfilo de Narváez, como capitán castrense, en la expedición emprendida por Diego Velásquez; allí recibirá, en premio a sus servicios, cerca de Jaguá “un buen repartimiento de indios, empleados en la extracción de oro y de la plata”. Pero la visión del maltrato dado a los indios, junto con alguna matanza de los mismos, le llevará a su “conversión” de 1514, en que hallándose en Santi Espiritu, con ocasión de preparar unos sermones recae su atención sobre unos versículos del Eclesiástico donde se dice: “Quien roba el pan del sudor ajeno es como el que mata a su prójimo. Quien derrama sangre y quien defrauda al jornalero, hermanos son”. A partir de aquel momento podemos decir que empieza la segunda etapa de la biografía de Las Casas: determinando cambiar su vida, se persuadió de “ser injusto y tiránico cuanto cerca de los indios en estas Indias se cometiera”.
Esta segunda etapa de su vida se va a caracterizar por una tenaz e ininterrumpida lucha por la justicia para con los indios. En 1515 embarca para España, llegando a tiempo de ver morir al rey Fernando el Católico; en 1516 se entrevista con el cardenal Cisneros, al que presenta un Memorial de catorce remedios, completísimo plan de gobernación de las Indias, a base de un “sistema de comunicación”, según el cual se propone la propiedad comunitaria de todos los repartimientos, así como la común distribución de todos los beneficios obtenidos. Ese mismo año, vuelve a las Indias con una comisión de jerónimos nombrada por el Emperador para investigar la situación social de españoles y americanos en las nuevas tierras; en 1517 le tenemos nuevamente en España, donde se entrevistará con Carlos V.
La insistencia del que sería llamado “Protector de los Indios” logró que el Emperador aprobase su Plan de Tierra Firme de Cumaná (Venezuela), donde se afirmaba que “los indios generalmente debían ser libres”. En 1522 le tenemos de nuevo en la Española, donde determina ingresar en la Orden dominicana, profesando en ella al año siguiente. Por estos años escribió De único vocationis modo y debió comenzar la redacción de su Historia de las Indias, que no llegaría a concluir.
En 1540 le tenemos de nuevo en España, donde asiste en 1542 a la promulgación de las Leyes Nuevas, en las que se recoge gran parte de su doctrina acerca de los indios; es quizá el mayor de los éxitos, que va unido a la aprobación de su experiencia de Vera Paz. De 1542 es la redacción de su libro más famoso, aunque sin duda no el más importante; Brevísima relación de la destrucción de las Indias, que no se publicará hasta 1552. Antes de volver a las Indias, obtiene reconocimiento a su labor apostólica al ser consagrado obispo de Chiapas en el convento dominicano de San Pablo (Sevilla), el 30 de marzo de 1544. En este mismo año, ya con setenta de edad, vuelve a embarcar hacia las Indias.
En 1546 escribe su discutido Confesionario, libro que se mandaría a recoger dos años después, llegando a organizarse autos de fe en que ejemplares del mismo se arrojaban a la hoguera. Visto el tremendo fracaso de las Leyes Nuevas y de su política, al volverse al sistema de encomiendas, regresa a España en 1546.
En 1552 Las Casas se haya desengañado, pero de ningún modo cansado ni vencido. En ese mismo año, publica en Sevilla sus famosos ocho “tratados” . De 1555 a 1559, se entrega de lleno a la redacción de la Apologética Historia, y posteriormente, a continuar su Historia de las Indias, que da por acabada en 1560, si bien la Historia quedó definitivamente sin terminar.
Los últimos años de su vida Las Casas los dedica a redactar un libro De Thesauris, acerca de la legitimidad de la posesión de bienes procedentes del rescate de Atahualpa y de tesoros de los sepulcros de los Incas. Al fin, Las Casas morirá en Madrid, en el convento de Nuestra Señora de Atocha, el 15 de julio de 1566, de donde se trasladaron sus restos al convento de San Gregorio, de Valladolid. El servicio a la “Humanidad” de este ilustre sevillano fue inmenso, pero a costa de mantener cierta antigüedad en su pensamiento, que precisamente por eso hoy nos parece tan moderno.
Cádiz, 6 de marzo de 2006.