miércoles, 01 de noviembre de 2006
FRANCISCO ARIAS SOLIS
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EL 16 DE MARZO SE CUMPLEN 70 AÑOS DEL NACIMIENTO DE ENRIQUE BADOSA.

“... el cielo es el papel donde escribamos
siempre de puño y letra libertad,
la mar es la sed fresca que nos limpia
los labios fatigados de callar,
la tierra es la ocasión de vivir recio
contra quienes se niegan a la paz,
y el amor es la tierra, el pan y el vino,
el cielo, el mar y un gesto de bondad.”
Enrique Badosa.

LA VOZ DEL POETA DE LA PAZ.

Badosa es un catalán universal por la temática de sus versos; un poeta existencial, si reparamos en las raíces de su poesía, en el punto de arranque de su obra; las condiciones del entorno se le imponen y desde ellas denuncia lo que de mentira, de cruel o inhumano hay en nuestro mundo. Esta faceta de Badosa es distinta pero no desconectada de la anterior, ya que su denuncia -realizada muchas veces a través del humor- arranca de una postura ética que tiene su fundamento en su concepción de la existencia humana.

Enrique Badosa nació en Barcelona el 16 de marzo de 1927; estudió Filosofía y Letras y Periodismo; ambos aspectos de su formación se descubren en el humanismo de sus versos, en la consideración crítica de la actualidad, en el tono con que se acerca a lo real. Es fundador del Premio Leopoldo Alas para libros de cuentos, colaborador de El Noticiero Universal y director literario del departamento de Lengua Española de la editorial Plaza-Janés. En 1986 obtuvo Premio Francisco de Quevedo por su poemario Epigramas confidenciales, tres años más tarde recibió el Premio Ciudad de Barcelona, y en 1992, el Premio Fastenrath de la Real Academia Española. Sus traducciones poéticas van desde Horacio a los poetas medievales catalanes y J.V. Foie y Salvador Espriu. En el ensayo y la crítica literaria destacan Razones para el lector, La libertad del escritor y Primero hablemos de Júpiter.

Más allá del viento (1956) recoge los primeros poemas en su mayoría sonetos, escritos en una época de carácter existencial, en la que la presencia y el significado de la muerte imponen un acento grave en los versos del joven poeta; la tristeza y soledad dominan su horizonte humano, también la trascendencia y la esperanza, aunque sólo vislumbradas desde la niebla, desde ese Alguien que pasa, que dice, que se acerca, “que promete en las preguntas / y que lo cumple todo en las respuestas”.

El tono grave e intimista de Badosa persiste en Tiempo de esperar, tiempo de esperanza (1959). Comienza el libro con un tema manriqueño: la brevedad de la vida y la inseguridad del tiempo en esta tierra, y para esta herida humana recomienda el poeta “amar palabras más sencillas” “y confiar, persistentes en el tiempo / vivido en el amor de la esperanza”. Este refugio en la esperanza es la única puerta que el poeta advierte, ante la soledad y el vacío en que viven los hombres. En 1963 publicó Baladas para la paz; en este libro es la consideración del prójimo -los creyentes, los niños, los bebedores, los soldados, los peregrinos, los que duermen- la que promueve el trabajar en dar razón a la verdad, oficio de la paz que asume Badosa. Arte poética (1968) recoge poemas dedicados a emociones estéticas: Versalles, Chartres..., de los que no está ausente la reflexión sobre el entorno social, que claramente se advierte en “Madrigal de las Altas Torres”; en el libro hay otras composiciones de tema existencial. En román paladino aparece la ironía, la crítica de la vulgaridad de cada día, la sátira social referida a tipos y acontecimientos actuales. Su conocido libro Mapa de Grecia, es como un inmenso friso lírico en el que compone un canto único al país griego. Historias en Venecia, si contiene poemas -contemplaciones- referidos a la ciudad italiana, se hallan introduciendo otras composiciones, cuyos temas son: el amor, la sátira y el sarcasmo entre tantos hechos de la sociedad de nuestro tiempo que denuncian su decadencia, el terror de los desastres de las últimas guerras, para concluir con un soneto que es, todo él, una metáfora del esplendor de la vida, que aun en su riesgo es salvación. Y como dijo el poeta catalán: “El pan es el derecho cotidiano / de quien trabaja y dice la verdad, / el vino es el deber de los prudentes / que cumplen mandamientos de soñar”.

Cádiz, 12 de Marzo de 1997.
Publicado por Desconocido @ 4:32
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