miércoles, 01 de noviembre de 2006
FRANCISCO ARIAS SOLIS
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LA HORA DE LAS DECLARACIONES



“Fe empirista. Ni somos ni seremos.
Todo nuestro vivir es emprestado.
Nada trajimos; nada llevaremos.”
Antonio Machado

HACIENDA SOMOS CASI TODOS

Los ciudadanos ya estamos inmersos en una nueva declaración de la renta, exactamente la correspondiente al ejercicio 2005, millones de contribuyentes nos enfrentamos un año más a la obligación de rellenar impresos, hacer acopio de justificantes y chasquearnos, más o menos, a la vista de los resultados de las cuentas. Pero hay una cosa clara: si todos pagáramos lo que nos corresponde, todos pagaríamos menos; esto que pudiera parecer una frase hecha por la Administración, es la realidad.

La mayor injusticia que se produce con la declaración de la renta es precisamente esa, es decir, que la recaudación se haga a costa de los que viven de un sueldo, de los que no pueden defraudar, mientras que ciertos profesionales liberales, negociantes variopintos, terratenientes de siempre y empresas más o menos dentro de la ilegalidad viven a costa de los sufridos asalariados.

Es cierto que en los últimos años la mentalidad está cambiando y que cada vez son menos los que alardean de engañar al fisco, ahora por lo menos se siente cierta vergüenza y solamente se confiesan los fraudes en los círculos de amigos más íntimos, pero lo cierto es que siguen habiendo pícaros, que encima pretenden hacer gracia con sus declaraciones o por sus comportamientos insolidarios. Quizá, si todos analizáramos lo que a cada uno nos cuestan esas actitudes nos haría mucho menos gracia todavía.

Sería importante, en este sentido que nos habituáramos a pedir factura con IVA, primero porque no facilitaríamos la labor a los defraudadores; segundo, porque en algunos casos esas facturas nos desgravarían a nosotros, y tercero, porque, en definitiva, la prueba más importante con que se cuenta a la hora de efectuar una reclamación es una factura en regla.

Está claro que a nadie le apetece que todos loa años, pese a lo que se lleve cotizado o pese a todos los pequeños o grandes dramas laborales o familiares que se hayan producido, en muchos casos, además, se deba dinero al Tesoro Público y se tenga que renunciar a una parte de los pequeños ahorros.

Por supuesto que todos entendemos las razones de Hacienda. Pero a la hora de las declaraciones, todavía, Hacienda no somos todos, sino que Hacienda somos casi todos. En una palabra y como diría Larra. Hacienda “no es otra cosa que un gran Casi mal disfrazado”. ¿Habrá un día que exista solidaridad y Hacienda seamos todos? Ese día, seguro que todos estaremos menos reticentes a la hora de hacer la declaración de la renta, porque todos pagaremos menos y algunos, en estricta justicia, nada. Y es que, como dijo el poeta: “¿A quién quieres engañar / cuando dices que es mentira / lo que sabes que es verdad?”

Cádiz, 29 de abril de 2006.
Publicado por Desconocido @ 4:37
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