FRANCISCO ARIAS SOLIS
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LA CRISIS DEL MODELO TURISTICO
“¡Qué sol, señores, qué sol!
¿Qué va a encontrarse en el cielo
mejor que el sol español?”
Rafael Alberti.
ESPAÑA ESTA DEJANDO DE SER UN PAIS BARATO
España se está encareciendo gradualmente desde 1983, con relación al conjunto de los países desarrollados. Por consiguiente, se comprende la pérdida de competitividad española en el mercado turístico mundial así como la menor rentabilidad del negocio turístico.
España está dejando de ser un país barato y, por tanto, los crecimientos cuantitativos del turismo se van a ir resistiendo en el futuro. Esto implica que el encarecimiento de las vacaciones en España puede facilitar un cambio de destino vacacional para buena parte de las masas turísticas europeas si se les hacen ofertas competitivas.
La estrategia de las operadores pasa por presionar fuertemente a los hoteleros españoles para reducir precios. Por consiguiente los hoteleros españoles se encuentran ante un dilema. Por un lado pueden ceder a la presión y bajar los precios, lo que repercutirá negativamente en la calidad del servicio que irá disminuyendo hasta límites que lo hagan detestable. A resultas de ello la imagen turística española se degradará con el mismo deterioro físico del equipamiento hotelero, con lo que el futuro del turismo español también se verá seriamente cuestionado.
La otra alternativa supone adoptar una postura de valentía empresarial para mejorar las instalaciones y dotarlas de equipamientos complementarios que permitan defender precios al tiempo que se emprende una labor de promoción propia y venta directa del producto que, poco a poco, facilite una sensible reducción de la dependencia comercializadora respecto al operador turístico.
Cuando la hostelería española venda estancias y pernoctaciones, en vez de comprar turistas a los operadores, el sector turístico español habrá dado un paso de gigante.
Es preciso señalar que buena parte del encarecimiento español no se manifiesta en el precio del alojamiento sino en el de los servicios complementarios de la localidad o de la zona turística, cuyo coste no está incluido en el paquete turístico. Por tanto, no le sirve de nada al hotelero bajar los precios porque el turista “masivo” carece de capacidad adquisitiva fuera del hotel, y la rebaja de la que puede beneficiarse no la mejora sustancialmente.
Para los turistas constituye un problema del encarecimiento de las vacaciones en España. La reducción de su duración, o su abaratamiento mediante el alojamiento en establecimiento s extrahoteleros que eliminan muchos servicios o la necesidad de la restauración fuera del mismo, es la solución generalmente adoptada por quienes no quieren o no pueden cambiar España por otros destinos. Otras fórmulas como el “time sharing” o el alquiler en origen de viviendas propiedad de residentes extranjeros también presentan un creciente predicamento aunque se desconoce globalmente su importancia.
Y la administración central, hasta el momento, ha permanecido impasible ante esta encrucijada en que nos encontramos, aparentemente sin ideas sobre lo que haya que hacer, mientras las administraciones autonómicas y municipales desde su desconocimiento de la problemática general o con los perspectivas a corto plazo de acrecentar sus recursos, están inmersas, en muchas casos, en una comprensible, complaciente y suicida política de promoción inmobiliaria o de alojamientos hoteleros que agudiza la problemática descrita. Y es que, como dijo el poeta: “¡Los turistas en España! / ¡Qué bien ciega todavía / el sol de Maricastaña!”.
Cádiz, 11 de mayo de 2006.