FRANCISCO ARIAS SOLIS
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LA CONDICION ESPAÑOLA DE CERVANTES
“Y he de llevar mi libertad en peso
sobre los propios hombros de mi gusto.”
Miguel de Cervantes.
LA AFIRMACION GARBOSA DE LA LIBERTAD.
Cervantes lleva con toda su naturalidad su condición
española, aunque con clara conciencia de ella. Cervantes piensa que la condición de español es la suya,
pero no es la única, ni mucho menos. Está instalado en ella irremediablemente y por supuesto tiene
contenido, ser español quiere decir algo preciso, que se va explicando en diversos pasajes. Cervantes
va diciendo cosas de España o de los españoles, muy especialmente en el teatro.
Hay cierto carácter extremado o extremoso: “Un
ánimo indomable, acelerado, / al mal y al bien contino aparejado”, dice de los españoles el Rey en
El trato de Argel. No es precisamente un elogio, no es absolutamente favorable, la “aceleración”
puede llevar al bien o al mal. Cuando el Cautivo en el Quijote, cuenta las cosas heroicas que Cervantes
hizo en Argel, las refiere a “un soldado español, un tal Saavedra”.
Ese carácter indómito, esa convicción de que no hay
manera de contrariar a los españoles y hacerlos desistir, aparece muchas veces, por ejemplo, en unos
versos de Los baños de Argel: “Si no me cortas los pies, / al huirme no hay reparo. / Caraoja,
¿este no es / español? Pues, ¿no está claro? / ¿En su brío no lo ves?”
Si no le cortan los pies intentará escapar; es gente
indomable que no atiende a razones ni se desanima por nada. En otro pasaje hay un muchacho, casi un
niño que quieren convertir al mahometismo, y uno de los musulmanes le dice al otro: “Pues no te
canses; / que es español y no podrán tus mañas, / tus iras, tus castigos, tus promesas, / a hacerle
torcer de su propósito... / Antes que moro, le verás sin vida”.
Pero hay otros aspectos, más alegres que tienen que
ver con la gracia. Cuando el eunuco entusiasta le está explicando al Sultán la belleza de doña Catalina
en la comedia La gran sultana doña Catalina de Oviedo, dice entre otras cosas: “Tal jamás la ha
visto el sol, / ni otra fundió en su crisol / el cielo, que la compuso; / y sobre todo, le puso / el
desenfado español”.
Y en otro momento, cuando van a hacer unas danzas
pero no saben bailar y temen que resulte un desastre, hay estos versos que se han hecho famosos: “No
hay mujer española que no salga / del vientre de su madre bailadora”.
El desenfado, el donaire, el garbo, la gracia; a esto
adhiere Cervantes, lo ve como cosa propia, tanto como el carácter fiero, indomable, que no se
doblega, que puede ser disparatado. Y a esto se añade lo que podríamos llamar la afirmación garbosa
de la libertad, con la que nos encontraremos más en serio en otro lugar, en estos dos versos que
encuentro maravillosos: “Y he de llevar mi libertad en peso / sobre los propios hombros de mi
gusto”.
En esto consiste para Cervantes ser español, algo que
tiene un contenido propio. Otros pueblos son de otra manera distinta, y Cervantes los admira. La
condición española de Cervantes lo lleva a cierta idea de España que no va a aparecer teóricamente,
porque Cervantes no es un teórico, sino un autor de novelas y comedias y poemas, no un tratadista o
un “intelectual” en el sentido moderno de la palabra. Ve una España que es profundamente variada,
tiene conciencia de las variedades españolas y por todas tiene entusiasmo; no se le pasa por la cabeza
que unos sean menos españoles que otros, pero advierte las peculiaridades de cada región, su
personalidad, sin duda mucho más acusada que ahora.
Cervantes tiene libertad de crítica y de expresión de su
descontento, de ver que muchas cosas andan mal y decirlo, justamente porque está instalado en su
condición de español. El evangelio habla de la “libertad de los hijos de la casa”; cuando alguien está
instalado en su condición nacional, tiene la libertad y puede criticarlo todo y mostrar sus descontentos;
esta es la situación de Cervantes.
Cuando se habla de libertad es frecuente que se la
considere, sobre todo en psicología de una manera errónea. Se piensa a veces que la libertad consiste
primariamente en deliberación; es decir, cuando no sé qué hacer, cuando estoy dudando si hacer una
cosa u otra, delibero y al final me decido, eso es -se piensa- un acto de libertad. Evidentemente esto es
así. Aunque no es menos cierto que nunca me siento más libre que cuando hago algo con toda el alma,
cuando me lanzo a algo porque es lo que absolutamente quiero, sin reserva, sin residuo de vacilación o
duda. Es entonces cuando estoy en la cima de la libertad, cuando soy plena, íntegramente libre. El
ejemplo más evidente sería el enamoramiento. Tiene un elemento de azar, uno se enamora de una mujer
a la que ha encontrado por azar; por otra parte, el que se enamora tiene una impresión de
“inevitabilidad” -”nadie elige su amor”, dice Antonio Machado-; y, sin embargo, nunca se siente uno
más libre que cuando se enamora, cuando va la realidad entera al objeto de ese amor.
Pues bien, algo así representaría el ser español en
Cervantes. Es su condición, no la ha elegido, no es como la asociación en la cual se ingresa, a la que se
preexiste; la pertenencia a la familia es otra cosa, me encuentro en una que no he elegido, en la cual he
nacido, como he nacido en España. En Cervantes hay una particular intensidad de esa condición
española y en ella se siente en libertad; puede decir de España lo que quiera, puede estar contento o
descontento, entusiasmado o desesperado; está irremisiblemente ligado a esa condición que es la suya,
en la cual consiste. Por eso dirá sin descanso “Tú mismo te has forjado tu ventura”.
Cádiz, 1 de mayo de 2000
FRANCISCO ARIAS SOLIS.