LOS ENEMIGOS DEL FERROCARRIL
“Tren, camina, silba, humea,
acarrea
tu ejército de vagones,
ajetrea
maletas y corazones.”
Antonio Machado.
EL PRINCIPAL ENEMIGO DEL FERROCARRIL ES EL CONFORMISMO
Los sistemas de transportes actuales tienen un denominador común; su eficacia y especialización. Es evidente que la especialización conlleva una mejora de métodos y una mejora de costes. Así, se puede comprobar la distinta eficacia de los medios terrestres, aéreos o marítimos frente a la demanda del mercado y, de ahí, la evolución de las distintas y múltiples empresas de transportes.
Frente a ese mundo dinámico, el ferrocarril es un medio único con una oferta única y, en la mayoría de los casos escasamente competitiva que debe como el ave Fénix, resurgir de sus cenizas si quiere mantener un espacio. .
Difícilmente se podrá justificar ningún kilómetro de explotación si ésta no alcanza el umbral mínimo que quiere asumir la sociedad para su funcionamiento. Una de las dificultades mayores que está soportando el ferrocarril es la falta de competitividad con respecto a los transportes alternativos, y ello se debería obviar si se pretende que el ferrocarril sea un medio de transporte y no una reliquia de museo.
El principal enemigo del ferrocarril es el conformismo. Pasar de una posición de monopolio en el mercado y de fuerza en lo social a una posición de competencia en el mercado y de conformismo en lo social hace difícil que el conjunto empresarial sea competitivo.
Es evidente que cada medio de transporte tiene sus aliados y sus contrincantes que, en ocasiones puntuales puede llegar a ser sus detractores. Y así como en la época dorada del ferrocarril las empresas mineras eran las aliadas naturales, en la actualidad todo el sector petrolero apoya el transporte por carretera. La carretera con todos sus aliados naturales, que permiten establecer que un 20 por ciento del sector productivo esté ligado al transporte por carretera, es en la actualidad el más poderoso de los medios de transporte.
Otro enemigo no menos cualificado de ferrocarril es el planteamiento urbanístico. La reclasificación de los terrenos con la actual legislación permite unas actuaciones, que si bien en materia urbanística puede ser beneficiosa, la eliminación de determinadas instalaciones puede resultar enormemente perjudicial para el ferrocarril.
Desde luego el ferrocarril tiene futuro, lo difícil va a ser determinar las líneas de la red que tienen futuro, ya que para ello será necesario saber los criterios políticos que van a seguirse.
El ferrocarril ha dejado de ser un elemento de transporte en régimen de monopolio para pasar a un sistema alternativo de transporte, lo que representa un cambio sustancia, pero de la misma forma que en el transporte por carretera hay medios ya sean económicos como políticos como de mercado para poder establecer la jerarquización del uso y, a través de él la potenciación o regresión, es necesario que en nuestro país el ferrocarril dé un paso más, creando los mecanismos necesarios para permitir que cada línea o conjunto de líneas alcance a establecer por sí misma el “ranking” de utilización y, a través del mismo, poder fijar el grado de utilización.
Demostrado que el centralismo dirigido no permite el libre crecimiento, habrá que buscar otros criterios de control centralizado que sí permitan el funcionamiento del ferrocarril en régimen de libre mercado. Y es que como dijo el poeta: “Por el camino que voy / mirando mi sombra vi: / que ayer maravilla fui / y hoy sombra mía no soy”.
Francisco Arias Solis
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