EL DOMINIO FORESTAL ANDALUZ
“Y ya muy tarde, ayer tarde
oía hablar a los árboles.“
Juan Ramón Jiménez.
UNA ENORME DIVERSIDAD FLORISTICA Y FITOSOCIOLOGICA
El denso entramado forestal que debió poblar Andalucía ha sido objeto de numerosas intervenciones. La roturación del monte para cultivos, el uso de leña para abastecer la industria metalúrgica, el pastoreo, la extracción de madera para la construcción de barcos y viviendas e incluso la quema de montes durante innumerables guerras han formado el actual paisaje forestal andaluz.
Las desamortizaciones realizadas a mediados del siglo XIX pusieron en venta gran parte de los terrenos forestales con consecuencias desastrosas. Más de 430.000 hectáreas de monte fueron enajenadas en Andalucía y la mayor parte de ellas descuajadas rápidamente.
Nuestro bosque mediterráneo es bastante menos denso que las selvas subtropicales, pero más diverso y rico en adaptaciones que los monótonos bosques de los climas templado-fríos. Ello viene determinado, sobre todo, por las características del clima. Las especies deben hacer frente sobre todo a la larga sequía estival, a la combinación de elevadas temperaturas y a la ausencia prácticamente total de precipitaciones. La principal estrategia desarrollada es la formación de hojas pequeñas y duras, capaces de evitar pérdidas de agua por transpiración y conseguir respuestas rápidas a los cambios climáticos. Estas hojas se renuevan, además, a lo largo de varios años, permaneciendo el árbol siempre verde.
Las difíciles condiciones del medio hacen que las plantas mediterráneas diversifiquen su dispersión de semilla en busca de factores que faciliten su posterior germinación. No es casualidad que el reino mediterráneo sea el de las plantas de flores llamativas y con multitud de frutos. Las flores, generalmente de escasa duración, intentarán atraer el mayor número posible de insectos polinizadores para garantizar la formación de semillas en el menor tiempo posible. Mediante la producción de frutos, la plantas consiguen igualmente que la fauna los disperse al alimentarse de ellos y que las semillas, generalmente protegidas contra los jugos gástricos germinen entre las deyecciones en un medio fertilizado de antemano.
El mundo mediterráneo ha terminado así por configurar una vegetación característica en un ámbito biogeográfico reducido y único. El contraste evolutivo con otros ámbitos es nítido.
Las plantas mediterráneas, tienen sistemas radicales lateralmente muy extensos para aprovechar agua y luz, por lo que las masas son claras permitiendo prosperar el matorral.
El dominio forestal andaluz está caracterizado por una enorme diversidad florística y fitosociológica. Esta heterogeneidad conlleva, sin embargo, una mayor vulnerabilidad e inestabilidad que obedece sobre todo a las características del propio clima mediterráneo. La sequía estival puede dificultar la regeneración en zonas áridas y semiáridas aun sin estar influidas por el hombre.
La vegetación del monte mediterráneo se sustenta, pues, en condiciones de equilibrio muy frágiles, y ello hace que la diferentes acciones del hombre sobre el bosque pueden ser particularmente destructivas.
No puede olvidarse que el estado actual del dominio forestal andaluz sería incomprensible sin considerar la acción humana, la prolongada relación de las culturas con el monte. Es probable que el término natural no puede ser aplicado ya, en sentido estricto, a ningún monte en Andalucía. Y es que, como dijo el poeta: “Las semillas esparcidas, / florecieron... / Pero apenas florecidas / se perdieron”.
Francisco Arias Solis
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Paz, queramos paz.
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Gracias