sábado, 25 de noviembre de 2006

JORGE ISAACS POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

JORGE ISAACS
(1837-1895)

“Las almas como la de María ignoran el lenguaje
mundano del amor, pero se doblegan a la primera
caricia de aquel a quien aman, como la adormidera
de los bosques bajo el ala de los vientos.”
Jorge Isaacs.

LA VOZ DE LA MEJOR NARRACIÓN DEL ROMANTICISMO AMERICANO

Jorge Isaac ha transmitido su nombre a la posteridad con una sola novela, célebre siempre en toda América, bien conocida en España: la titulada María, publicada en 1867. Hay otra novela en la moderna literatura colombiana que goza hoy de una popularidad parecida a la que en su época alcanzó María: Cien años de soledad de García Márquez.

En Colombia el éxito del costumbrismo orientó a muchos hacia los cuadros de costumbres y artículos, mientras la novela apenas tuvo cultivadores. Citaremos a un hombre sencillo, Eugenio Díaz, autor de Manuela, novela de realismo concreto y descriptivo; a José Manuel Marroquín , político, presidente de la República, que publicó Amores y Leyes, que historia la decadencia de una familia bogotana. Pero no podemos hablar de gran novela en Colombia hasta Jorge Isaacs, que en María, dejó la gran novela hispanoamericana del romanticismo.

Jorge Isaacs Ferrer nació en Cali, Valle del Cauca, el 1 de abril de 1837. Descendiente de una rica familia, su padre era un judío ingles procedente de Jamaica y su madre, hija de un oficial de la Marina española, que poseían dos haciendas cerca de Cali, denominadas “La Manuelita” y “El Paraíso”, esta última será el escenario de la novela María. Isaacs estudió primero en Cali y después en Bogotá. De vida ajetreada, tan pronto periodista –director del semanario La República-, como funcionario consular o buscador de petróleo en el norte del país, Jorge Isaacs participó en las guerras civiles y luchó contra la vida que, según decía en sus últimos años, le había derrotado. Jorge Isaac contrajo el paludismo y murió en la pobreza en Ibagué, Tolima, el 17 de abril de 1895.

Además de cultivar la poesía sentimental –publicó unas 100 Poesías (1864), en la línea de la poesía romántica francesa e inglesa- con algunas composiciones de interés, como “Río Moro”, “La tierra de Córdoba”, “Saulo”, etc. dejó ese documento inestimable: María.

Isaacs siguiendo la tradición hispánica del relato autobiográfico fundió distintas corrientes novelescas del periodo: la sentimental, la indígena y la descriptiva con una hipersensibilidad contagiosa y una poética que debe mucho al fatalismo romántico. Al lado de esto hay que anotar el canto a la Naturaleza, humanizada, y el examen de la realidad histórico-social y costumbrista. El protagonista, Efraín, en su regreso al terruño paterno, en su encuentro con su prima María y en el lento y apasionado brote del amor, no es sino una idealización sutil de los sentimientos del escritor, a quien la crítica ve retratado en el personaje, luego interviene el sino, la enfermedad que pesa sobre María y que la lleva a la tumba. Aunque el realismo costumbrista se expresa en toda su potencia, el motor que lo mueve es plenamente romántico, está sensibilizado al igual que la naturaleza, que participa plenamente de los sentimientos de los protagonistas.

El apasionado idilio acaba con “el monólogo terrible del alma ante la muerte”, cuando el amante visita la tumba de María, para lanzarse, luego, a galope, a través de la solitaria pampa, con esa vaguedad final con que tantas novelas americanas terminan sus narraciones.

Isaacs refleja en su popular novela, unos ideales de la sociedad patriarcal, una visión del orden jerárquico y una armonía en la que el amor tiene su sitio a la espera de que madure. El hogar de Efraín está gobernado por un patriarcalismo suave, paternalista, donde los esclavos están “bien vestidos y contentos y el amo asiste a sus matrimonios, bautizos y muertes”.

La estructura y el lirismo de esta concepción poemática hacen de María uno de los idilios más morales y de más ternura de la literatura contemporánea. Y la pareja Efraín y María son los amantes que simbolizan el mundo romántico americano. Sus descripciones de la naturaleza son tan magistrales que bien pudieran ser incluidos en una antología clásica. En ellas el autor muestra cierto exotismo a la manera de Chateaubriand al exaltar los paisajes propios, sentidos y amados.

Esta novela ha resistido los cambios de gusto a pesar de su sinceridad sentimental, de su lirismo, de su lento desarrollo y de corresponder plenamente al temperamento colombiano de la época en que fue escrita. No sólo no ha perdido calidad con el tiempo, sino que, al contrario, ha demostrado cómo las viejas maneras románticas son siempre nuevas cuando son expresadas por un verdadero escritor. Fue, simplemente, la novela romántica del siglo XIX.

Francisco Arias Solis
e-mail: aarias@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias

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