ENTRE TANTO
“De querer tanto, mi España,
tu querer no tiene en dónde.”
Miguel de Unamuno
HASTA QUE LLEGUEN LAS PROXIMAS ELECCIONES
Leemos en el Tesoro de la lengua española, de Covarrubias que el término interin lo es “forense, introducido en nuestro vulgar, vale en el entre tanto”. Sin perder su carácter legalista, en su vulgarizado entre tanto caben otras tantas interpretaciones que lo amplíen o reduzcan en el espacio y en el tiempo.
Ese tiempo que pasa o transcurre hasta las próximas elecciones generales, ¿es un entre tanto?¿Entre tanto qué? Porque no es sólo un entre paréntesis como un entre dos luces, o entre dos aguas como en nadar, o más sencillamente, entre dos platos, es decir, nada. Entonces, ¿qué será? Podrá serlo todo o nada, efectivamente, extremadamente, según el lenguaje paradójico de un Quevedo o un Goya: un “todo o nada” muy típicamente español. Entre tanto, en el entre tanto, ese o esos entretantos se parecen, más bien, a un “suspense” cinematográfico, tan esperado como desesperado y desesperante.
Hubo entretantos o interinidades históricas, se dice, que duraron años o hasta siglos, y no solamente meses o días. “Estoy viendo pasar la Historia de España”, decía una vez, desde su escaño en el Parlamento, don Antonio Canovas del Castillo, del que dijo un personajillo simbólico de Galdós que no se sabía si era un gran estadista o un gran coleccionista.
Pero volvamos los ojos ahora a esta España nuestra de hoy. Millones de ojos están viendo pasar “un momento histórico”, como se suele decir tópicamente, de la Historia viva de España. ¿Qué idea tenemos o nos hacemos de esta España? ¿Qué idea tenía de aquella España suya Larra, cuando preguntaba por ella como si la hubiera perdido, cuando preguntaba: en donde está? ¿Dónde está la España?, preguntaba, se preguntaba Larra. Y notemos que él decía la España, como si quisiera precisar y aclarar y distinguir mejor su idea, asegurándola con certeza, sin oscuridad, ni confusión, ni duda. Pues, ¿qué España fue aquélla y qué tiene que ver con ésta? Aquella era una España (que no es lo mismo que España una) a la que Larra articulaba y modulaba con un la menor o mayor según los casos (y los casis, “toda España es un gran Casi mal disfrazado”, escribía). La España de ayer y de hoy, ¿dónde está? ¿En un mañana del que diría Lope que nunca mañanea? “Siempre mañana y nunca mañanamos”, escribió Lope.
Al compás de su guitarra coplera Unamuno hubiera podido cantar aquella copla de este otro modo: “de querer tanto, mi España –la suya- , mi querer no tiene en dónde”. Y ahora lo que tendríamos que adivinar de ese querer o esa querencia ese el dónde. Y hasta preguntarnos, donde está su dónde, si es que puede estar en alguna parte. ¿Pues España no tiene dónde, ni cómo, ni por qué?
Y como dijo el poeta, transformado la famosa cuarteta teatralera: “Si de la noche en su abismo / cayera el día español / moriría como el sol / antípoda de sí mismo”.
La idea de una España “antípoda de sí misma” nos parece bastante incierta. Y muy poco recomendable para preparar entre tanto las elecciones generales, como si se tratara de un gran pastel. Que no parece que esté el horno para esta bollería o pastelería demagógica. Ni aunque fuese el de la cocina eventual de Santa Teresa, porque entre esos pucheros ahora el que anda es el Señor Diablo. “Poderoso Caballero”, quevedesco, como Don Dinero.
Francisco Arias Solis
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En Navidad,
Paz y Libertad.
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