Martes, 02 de enero de 2007
LO MEJOR POSIBLE

?Despacito y buena letra:
el hacer las cosas bien
importa m?s que el hacerlas.?
Antonio Machado.

LAS CUENTAS SUELEN AHUYENTAR LA CALIDAD.

En tiempos dif?ciles, lo ?nico aconsejable es hacer las cosas bien. Y precisamente la tentaci?n es hacerlas mal o por lo menos no cuidarse de su calidad. Cuando se ve que las estimaciones son vacilantes, que se elogia o se vitupera por motivos que no tienen nada que ver con el valor de la conducta o de la obra; que -sobre todo- se administra el silencio de tal manera que se pasa por alto lo importante, como si no existiera, y se habla interminablemente de lo que no tiene m?s realidad que esa, la de ?dar que hablar?, es f?cil pensar: ?Qu? m?s da? y abandonarse, o plegarse a las demandas de los que, seg?n piensan ?hacen la opini?n?.

Pienso estrictamente lo contrario. Cuando se dan esas condiciones, es absolutamente necesario hacer las cosas lo mejor posible. Y empleo esta expresi?n porque es aplicable a todos los niveles de excelencia y no supone ni requiere ninguna genialidad, ni siquiera unas dotes excepcionales. Siempre he cre?do que las dotes son relativamente secundarias, y que lo importante es lo que se hace con ellas. Y esto est? al alcance de todos, y por eso somos de ello responsables.

Todos los que quieren tener las ideas claras debieran repasar en su memoria lo que ha sucedido -en Espa?a ante todo, pero se puede generalizar, o trasladar a otros pa?ses- a lo largo del pasado siglo, para no tomar las cosas desde muy lejos. V?ase qu? figuras, qu? autores, qu? obras han parecido eminentes y han recibido plena iluminaci?n; consid?rese qu? ha pasado con esas obras o personas al cabo de algunos decenios; se advertir? que una parte de la realidad actual; cuando se vuelven los ojos a lo que estuvo en primer plano de la atenci?n, en muchos casos resulta injustificable, incre?ble y uno se pregunta por qu? se le dio importancia.

En cambio, otras figuras p?blicas, otros libros, cuadros, m?sicas, ideas, pel?culas, crecen al cabo de los a?os, suscitan admiraci?n, entusiasmo; y lo que es m?s, esperanza. Invariablemente se reconoce en esos restos del pasado una alta calidad, un esmero en su realizaci?n, un grado de autenticidad que los salva del peligro de marchitarse, de ser algo ?anticuado?.

Si dejamos el pret?rito y volvemos los ojos al presente, cabe ejercitar la imaginaci?n y adivinar qu? ser? en los primeros decenios del siglo XXI de lo que ocupa nuestro escenario p?blico. No es muy dif?cil. H?ganse las cuentas de lo que ha sobrevivido, por ejemplo, del primer decenio del r?gimen que imper? desde el final de la guerra civil, para tomar magnitudes comparables. ?Qu? figuras p?blicas merecen nuestra estimaci?n, o simplemente nos parecen interesantes? ?Qu? artistas nos parecen valiosos? ?Qu? libros de entonces seguimos leyendo? ?Qu? ideas, qu? juicios resultan respetables, incluso a los ojos de sus propios autores, de manera que los recuerden y repitan?

Pero lo interesante no es separar lo que ha perecido de lo que sobrevive, sin encontrar qu? ten?a esto ?ltimo para asegurar su pervivencia. Invariablemente aparecer? la calidad. Y esto nos pone sobre la pista del n?cleo de la cuesti?n, de lo que conviene ver claro.

Pero quiero salir al paso de un error que ser?a peligroso, que invalidar?a todo lo que hasta ahora he querido decir. Al mostrar la coincidencia de la calidad con la pervivencia, no me he propuesto sugerir que debemos buscar la calidad para asegurar la perduraci?n. Este c?lculo ser?a incorrecto, porque nunca se lograr?a esa calidad si se la persiguiera animado por la creencia de que ?trae cuenta?. Ante todo, porque casi nunca trae cuenta, al menos durante mucho tiempo; en segundo lugar, porque las cuentas, en casi todo lo humano, suelen ahuyentar la calidad. Es bien claro que as? sucede en el amor y en la amistad, pero tambi?n en todo lo que, por contener un elemento de creaci?n o inspiraci?n, se acerca a esas realidades: la literatura, la ciencia, el arte; y tambi?n la pol?tica, si merece llamarse as?.

Sin una dosis de desinter?s, de lirismo, de ?ntima efusi?n, la calidad se evapora. Nada se puede esperar, de un amor, de una amistad personal, de un libro, un cuadro, una teor?a, un proyecto de vida p?blica, si eso falta. El acierto, lo que hace posible la supervivencia, no se puede buscar directamente, ajustando las cuentas; es, como dec?a Arist?teles del placer, ?un fin sobrevenido?, algo que cae sobre nosotros, inesperadamente, cuando hemos buscado otra cosa. Y como dijo el poeta: ?Qui?reme porque te quiero? / no es lo que dice el querer / cuando es querer verdadero. / Las palabras verdaderas / del querer son las que dicen / ?te quiero aunque no me quieras?.

Francisco Arias Solis
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La primera condici?n para la paz es la voluntad de lograrla.

Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus p?ginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL:
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Gracias.
Publicado por Franciscoariassolis @ 7:13
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