Jueves, 11 de enero de 2007
LA VERDADERA DEMOCRACIA


??Ay Espa?a, tu hermosura
qu? de llantos acarrea!?
Jaime Gil de Biedma.


LA DEMOCRACIA DEBE SER VIVIDA DEMOCRATICAMENTE

Parece que en opini?n de los hombres de nuestro tiempo la democracia es excelente: nadie se atreve a hablar mal de ella, apenas hay partido que no la reivindique y la haga suya, casi todos los reg?menes la proclaman y la inscriben en sus t?tulos.

Esta universal ?buena prensa? de la democracia hace dudar de la sinceridad de los elogios; son demasiados abstractos, y bajo ese nombre se esconden demasiadas cosas, dispares cuando no contrapuestas. Yo creo que la democracia es, en muchos sentidos, excelente, pero valdr?a la pena preguntarse por qu?, es decir, en qu? consiste su excelencia, y con qu? condiciones. Y hay todav?a una cuesti?n a?n m?s importante: ?cu?les son las relaciones de la democracia con la excelencia? Quiero decir, ?en qu? sentido la promueve y favorece o estimula? ?O tal vez la amenaza, la disminuye, acaso en ocasiones la destruye? Si estuvi?semos en claro, nuestra adhesi?n a la democracia ser?a m?s sincera, en?rgica y eficaz; y sobre todo, cuidar?amos de que cumpliese las condiciones que intensifican la excelencia, evitar?amos los riesgos de que en nombre suyo se deteriore, de que el mundo y cada una de sus partes sean inferiores a lo que pueden y deben ser.

La excelencia capital de la democracia es que en nuestra ?poca -no en otras, ciertamente- es el ?nico r?gimen pol?tico que posee plena legitimidad. Todo gobierno que no sea verdaderamente democr?tico sabe que no es leg?timo, que envuelve una dosis mayor o menor de ilegitimidad, violencia o fraude.

M?s all? de la grav?sima cuesti?n de la legitimidad, la democracia, cuando realmente existe y es fiel a su condici?n, es promotora de excelencia, en el sentido de que moviliza a todos los individuos que componen cada sociedad. Excluye la pasividad, la marginaci?n, hace que todos sean en sentido estricto ciudadanos, con voz y voto, con participaci?n real en los destinos del pa?s. Siempre me ha parecido una falacia el razonamiento de los que protestan contra el principio ?un hombre, un voto?, arguyendo la desigualdad entre los hombres, la injusticia que supone equiparar el voto del hombre o la mujer distinguidos por sus calidades con el de aquellos que tienen pocos m?ritos.

La democracia, rectamente usada, crea un v?nculo activo entre el Estado y los ciudadanos, y significa una enorme elevaci?n del nivel real de la humanidad que goza de ella. Pero todo esto es as? cuando la democracia es vivida democr?ticamente, cuando es fiel a su inspiraci?n ?ltima, que es el esp?ritu de libertad. Si esto falta, la democracia se desvirt?a y se convierte en un instrumento de destrucci?n de la excelencia. El dictador sabe siempre que lo es y tiene la conciencia intranquila; sabe que tiene el poder de hecho, que lo ha alcanzado por caminos turbios; que, aun en el mejor de los casos, es decir, cuando la dictadura se ha establecido para salvar una crisis grav?sima y superar un estado previo de ilegitimidad, se trata de una situaci?n provisional, precaria, que debe desaparecer cuanto antes para dejar paso a la legitimidad rigurosamente democr?tica. En otras palabras, el dictador sabe que debe abandonar el poder, cuanto antes mejor.

Por el contrario, cuando el origen de ese poder es democr?tico, y por tanto leg?timo, es f?cil caer en la tentaci?n de ejercerlo dictatorialmente, y adem?s con la conciencia tranquila, con desprecio de la opini?n de grandes grupos -tal vez de la mayor?a-, contando con la fuerza de los hechos consumados, y acaso irreversibles, solamente con la vaga zozobra de temer perder las elecciones siguientes, acaso confiando en la eficacia de los recursos de que dispone el poder, cuando se ejerce sin limitaciones ni miramientos, para impedir la consolidaci?n de una opini?n adversa, electoralmente eficaz.

Si esto ocurre, se produce una inversi?n del papel propio de la democracia: en lugar de ser un motor de la marcha hacia la excelencia, la debilita, desalienta, contamina. A veces, la mera extensi?n indebida del principio democr?tico, llevado m?s all? de la elecci?n de los gobernantes, es una amenaza contra su excelencia. La exacerbaci?n abstracta de la democracia la destruye. Y es que, como dijo el poeta: ?Al toreo que ahora ves, / de tanto bajar los brazos / se le cae el alma a los pies?.

Francisco Arias Solis
e-mail: [email protected]
URL: http://www.arrakis.es/~aarias

Paz, queramos paz.

Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus p?ginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL: http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm.

Gracias
Publicado por Franciscoariassolis @ 18:44
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