FRANCISCO DE MEDRANO
(1570-1607)
“Veré al tiempo tomar de ti, señora,
por mí venganza, hurtando tu hermosura;
veré el cabello vuelto en nieve pura,
que el arte y juventud encrespa y dora.”
Francisco de Medrano.
LA VOZ DEL AMOR TORTURADO
Francisco de Medrano se coloca cronológicamente entre Herrera y Góngora, pero sobre todo se nota en su obra la influencia de Fray Luis de León, a quien sigue en sus traducciones e imitaciones de las odas de Horacio. También son muy clásicos sus sonetos, que dan muestras de una particular sensualidad espiritual. Poéticamente se halla a medio camino de Herrera y Fray Luis; de ahí precisamente extrae su personalidad, entregada a depurar tanto el sentimiento como la abundancia verbal. Entre los poemas más conocidos de Medrano se encuentra la oda de “La profecía del Tajo” muy similar a la que escribió Fray Luis con el mismo título.
Francisco de Medrano nace en Sevilla en 1570, hijo de una familia acomodada, inicia sus estudios en el colegio sevillano de San Hermenegildo, ingresando en 1584, en la Compañía de Jesús en Montilla. Medrano estuvo durante quince años en la Compañía de Jesús, que le mandó a varios colegios en Córdoba y otras ciudades castellanas; pasó gran parte de este tiempo en Salamanca, donde se ordena sacerdote. En 1602 salió de la Compañía, tal vez por haber simpatizado con algunas posturas rebeldes en las controversias internas de la orden. Medrano vuelve a Sevilla a pasar sus últimos cinco años como hombre de letras y dueño del cortijo “Mirarbueno” que le sirve de refugio e inspiración poética. Francisco de Medrano muere en Sevilla en 1607.
Las treinta y cuatro odas y cincuenta y dos sonetos de Medrano, que lo vincula plenamente con la escuela salmantina, son en casi su totalidad amorosos; pero no es el suyo un amor petrarquesco, sino algo más personal y torturado, que tortura a su vez los ritmos inundados de sensualismo. Su estilo destaca por su concisión, elegancia y sobriedad. En su poesía se manifiesta una clara preferencia por Horacio (que llega a veces a una inteligente imitación); son admirables sus traducciones de éste, hechas con entera libertad, pero conservando el mismo número de versos y aún de sílabas de sus estrofas latinas. Lo que el crítico Adolfo de Castro lo refleja, dictaminando que Madrano es, sin duda alguna, el mejor de los imitadores españoles de Horacio. Su lírica amorosa está dirigida a Flora, que se identifica con una tal doña Inés de Quiñones, a Amaranta, referida a María de Esquivale , a Amarilis, de quien se ignora el nombre, y a Catalina de Aguilar. Las obras de Medrano aparecieron publicadas en Los remedios de amor (1617) de Pedro de Venegas Saavedra. Le fue atribuida la Epístola Moral a Fabio, pero los estudios de Dámaso Alonso mostraron claramente la falsedad de tal atribución, adjudicando la paternidad de la famosa Epístola a Andrés Fernández de Andrada
Algunos críticos de la Generación del 27 como Cernuda y Dámaso Alonso han intentado llamar la atención sobre la calidad literaria de Medrano, ocupándose Dámaso Alonso de la edición de su poesía y publicando Vida y obra de Medrano (1948).
Soneto famoso de Medrano es el dedicado a las ruinas de Itálica en el que se ve un claro antecedente del poema de Rodrigo Caro: “Estos de rubia mies, campos agora, / ciudad fue un tiempo Itálica. Este llano / templo fue, en que a Teodosio y a Trajano / puso estatuas su gente vencedora”.
Francisco Arias Solis
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Paz, queramos paz.
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