Martes, 23 de enero de 2007
LOS ENEMIGOS DE LA LIBERTAD

?Que mi voz brille libre, letra a letra
restregu? contra el aire las palabras.
Ah, las palabras. Alguien
hel? los labios -bajo el sol- de Espa?a.?
Blas de Otero.

TENEMOS LA LIBERTAD DE ELEGIR ENTRE TENERLA O PERDERLA

He vivido una gran parte de mi vida en una situaci?n de muy escasa libertad; en grandes porciones de ese tiempo, m?nima. En este tipo de situaciones, las posibilidades que se ofrecen son pocas, y no muy agradables. La m?s f?cil y frecuente es la entrega, la renuncia a la libertad. Otra consiste a la renuncia a la vida p?blica y el paso a la clandestinidad, desde la cual se lucha contra la opresi?n. Hay tambi?n una tercera: tomarse el m?ximo posible de libertad -pagando por ello el precio necesario-. Siempre queda un resto de libertad: la que uno se toma.

Algo que me inquieta profundamente es la propensi?n a renunciar al ejercicio de la libertad tan pronto como es amenazada o restringida. Basta con que se diga que no hay libertad, o que hay menos, o que tiene riesgos, para que muchos concluyan que no se la puede usar. Es decir, lo contrario de lo que acabo de recordar.

En los momentos actuales, dada la desorientaci?n que evidentemente padece, nuestro pa?s, hay que buscar la orientaci?n necesaria, indispensable si queremos seguir hacia adelante, con un ?nico m?todo posible: la libertad. ?Qu? quiere decir esto?

Cuando se produce una restricci?n de la libertad en cualquier punto, o una amenaza, o una presi?n m?s o menos disimulada, o una descalificaci?n, hay que apresurarse a ejercer la libertad en todo, y no solo en ese punto afectado. La raz?n de esto es lo que se llama sistemas de las libertades, o el car?cter sistem?tico de la libertad. Todas las libertades son caras o facetas o aspectos de la libertad, que es una e indivisible.

Los enemigos de la libertad -que son tantos, y a veces tan bien enmascarados- conocen muy bien la t?cnica. Se disminuye, cercena o anula (o desprestigia) una libertad; los que sienten la amenaza, se repliegan; los que no est?n directamente interesados en esa libertad, se encogen de hombros y dejan hacer. O bien se ataca la libertad perteneciente a un grupo social, profesi?n o estamento; los dem?s piensan que ?no va con ellos? y no acuden en defensa de ese grupo ajeno, agredido o afrentado. As? se lleva a cabo la eliminaci?n de la libertad ?por partes?, y al cabo de alg?n tiempo, no queda ninguna para nadie. Que es lo que se trataba de demostrar.

Solo esto explica que en muchos pa?ses la libertad est? tan expuesta, parezca tan fr?gil, sufra tan frecuentes eclipses. Hay, sin embargo, la experiencia de algunos en que esto no ha ocurrido nunca o en alg?n fugaz momento excepcional, tras el cual la libertad rebrota y florece de nuevo. Depende de los ciudadanos pertenecer a uno o otro tipo de pa?ses. Quiero decir que tenemos libertad de elegir entre tenerla o perderla; al menos, de esforzarnos o no por conservarla o recobrarla.

En Espa?a, tras unos a?os de libertad sin restricciones y que promet?a un largo incremento, es decir, que auguraba una dilataci?n de la vida, una ampliaci?n del horizonte de posibilidades, una intensificaci?n de los proyectos, se ha iniciado un proceso de involuci?n que nos trae memorias poco agradables. Pero hay que decir que de hecho persisten las posibilidades de ejercer la libertad. Puede tener algunos inconvenientes, puede acarrear malas consecuencias -menores que durante cuarenta a?os anteriores, por supuesto-: pero esto no me parece raz?n suficiente para renunciar. Sobre todo, aparte de la repugnancia que se puede y debe sentir, porque esos inconvenientes son incomparablemente menos graves que los que trae consigo la disminuci?n de la libertad.

Cuando hablo de restricciones de la libertad no me refiero exclusivamente a las que proceden del Poder p?blico; incluyo en ellas las presiones de grupos, manifiestos, sarcasmos, vinculaciones, intencionadas con cosas que nada tienen que ver, interpretaciones peyorativas, execraciones en nombre de una autoridad que no se tiene.

En un r?gimen democr?tico -y el nuestro lo es, y lo seguir? siendo si no dimitimos-, la decisi?n est? en manos de los ciudadanos. El estado de ?nimo de muchos de ellos -no s? cu?ntos, pero su n?mero es alt?simo- es de fuerte descontento y decepci?n . Es evidente que estos ciudadanos tienen que decidir qu? quieren para la conducci?n de los asuntos p?blicos. Por tanto, ello est? en sus manos, y deber?an expresar su descontento. As? es, pero un n?mero considerable de ellos no lo creen, quiero decir que no creen que est? en sus manos, y esa creencia err?nea significa que efectivamente no lo est?. De ah? la profunda desorientaci?n que se siente en torno.

Basta con rechazar esa convicci?n que se desliza insidiosamente en las mentes para que la libertad rebrote, para que cada uno vuelva a tomar posesi?n de s? mismo, de sus posibilidades y de su responsabilidad. Se trata de que cada espa?ol se pregunte qu? quiere, y todav?a m?s qu? desea, y obre en consecuencia. Y como dijo el poeta: ?Aquella voz, palabra y d?a / -oh, libertad- tienes y guardas / cuando te escucho, todav?a / sonando a timbre de esperanza?.

Francisco Arias Solis
e-mail: [email protected]
URL: http://www.arrakis.es/~aarias


Se ama la libertad como se ama y se necesita el aire, el pan y el amor.

Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus p?ginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL:
http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm

Gracias.
Publicado por Franciscoariassolis @ 19:11
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