Mi?rcoles, 21 de febrero de 2007
LA DILATACION DE LA VIDA.


?Para ti, patria, ?rbol arrastrado
sobre los r?os, ardua Espa?a m?a,
en nombre de la luz que ha alboreado:
alegr?a.?
Blas de Otero.

LA ALEGRIA AFECTA A LA PERSONA MISMA.

La alegr?a es asunto de cada uno de nosotros, y en buena medida depende de diversos azares. A veces la poseemos y nos llena el alma; otras, mantenemos con esfuerzo un hilo que nos permite seguir adelante; en ocasiones nos est? negada por un destino adverso. Las circunstancias exteriores la pueden hacer posible, tal vez favorecer, es decir, hacerla m?s probable, pero nunca la pueden dar.

Pero hay otra forma, que no puede ser impersonal, porque la alegr?a afecta a la persona misma, pero que tampoco es estrictamente personal, de cada uno de nosotros. Es la que podr?amos llamar alegr?a transpersonal, que es compatible hasta con una situaci?n particularmente dolorosa. Corresponde al estado de la vida colectiva; la estimula la dilataci?n de la vida que en ocasiones se experimenta, sea cualquiera nuestro estado de ?nimo personal. Y otro tanto podr?a decirse de la tristeza, de la angostura en que no respiramos bien, del despliegue de cada uno a un rinc?n de s? mismo. A la larga, la primera situaci?n engendra magnanimidad; la ?ltima, pusilanimidad. Es lo que explica hist?ricamente que algunos pueblos, en ciertas ?pocas, tengan grandeza, y otros queden reducidos a una penosa mezquindad. No se trata de un fatalismo ?tnico, no depende de las dotes, sino de lo que se hace en ellas, de la configuraci?n que la vida va tomando.

La vida es particularmente dura; hay mil problemas, inconvenientes, males; pero todo eso parece normal, la estructura misma de las cosas, y no es objeci?n para lanzarse a los proyectos atractivos, a las empresas que ilusionan.

Hace treinta a?os, los espa?oles sentimos esa dilataci?n de la vida que preludia y hace posible las formas interesantes de la vida colectiva. Hemos dado pasos decisivos hacia adelante, m?s largos y seguros de lo que nadie hubiera esperado unos a?os antes. Los temores que invad?an la sociedad espa?ola, expresados en la lamentable pregunta ??Qu? va pasar??, se disiparon; en su lugar se sinti? confianza, casi seguridad de que no iba a pasar nada, se entiende, nada malo.

Pero hay un cierto catastrofismo larvado. A muchos hombres de nuestro tiempo, lo que no es malo no les sabe a noticia. Cuando no pasa verdaderamente nada malo, se empieza a pensar que no pasa nada, y se pasan por alto las m?s importantes transformaciones positivas. Si acaso, se subrayan los aspectos menos buenos, los inconvenientes que la realidad siempre muestra; poco importa que sean proporcionalmente m?nimos, desde?ables: es lo ?nico que se se?ala, exagera, comenta.

Ha habido un prop?sito decidido y bastante sistem?tico de agriar una vida que , a pesar de sus asperezas, mostraba una manifiesta voluntad de dulzura y cordialidad. El diestro manejo del silencio ha ido llenando de sombras intencionadas el horizonte de nuestra vida colectiva; se ha procurado -y en gran parte se ha conseguido- que las figuras grandes parezcan peque?as, que algunos pigmeos se agiganten por un defecto de ?ptica, que se prefiera lo inferior a lo superior. Esa tentaci?n de nuestro tiempo -y de otros-, el rencor contra la excelencia, ha tenido una extensi?n desmesurada, ha sido aceptada y consentida por demasiados.

Pero nada de esto es verdaderamente grave. Para remediarlo basta con una sola cosa: que los espa?oles no lo acepten. Quiero decir que no renuncien a esa dilataci?n que les pertenece y ten?an ya en sus manos; que recobren su capacidad de imaginaci?n, proyecci?n, decisi?n. Que no se contenten con lo que les ofrezcan, sino que sean capaces de buscar por s? mismos y elegir con libertad.

Basta con que no nos dejemos fascinar por la pintura negra, por la mezquindad, por la preferencia por lo torvo y sucio. Si los espa?oles rechazan ese sutil sistema de ?vetos? que se les est? sirviendo, si vuelven los ojos a lo que posee, si prefieren lo superior a lo inferior, si no dejan que decidan por ellos, el horizonte volver? a estar abierto. Y pronto se alumbrar?n sea cualquiera nuestra situaci?n particular, esos manantiales de alegr?a transpersonal sin la cual no hay creaci?n hist?rica ni vida colectiva digna. Y como dijo el poeta: ?Para el hombre hambreante y sepultado / en sed -salobre son de sombra fr?a- / en nombre de la fe que he conquistado: / alegr?a?.

Francisco Arias Solis
e-mail: [email protected]
URL: http://www.arrakis.es/~aarias


El futuro se gana, ganando la libertad.

Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus p?ginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL:
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Gracias.
Publicado por Franciscoariassolis @ 19:17
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