Viernes, 23 de febrero de 2007
LUIS DE GONGORA
(1561-1627).


??Oh excelso muro, oh torres coronadas
de honor, de majestad, de gallard?a !
?Oh gran r?o, gran rey de Andaluc?a,
de arenas nobles, ya que no doradas!?
Luis de G?ngora.

LA VOZ ANDALUZA DE PALABRAS VIBRANTES.

Cuando el poeta escribe su soneto A C?rdoba, se encuentra lejos de su ciudad lejana y amada. ?Nunca merezcan mis ausentes ojos?, nos dice G?ngora, mientras evoca con los ojos del esp?ritu sus callejuelas estrechas y silenciosas, en las que nuestros pasos hacen que el silencio sea sonoro. ?No vio G?ngora desde estas calles cordobesas, hace cuatro siglos, este mismo paisaje que seguimos contemplando? El poeta cordob?s puso en este soneto a su ciudad su sentido amor, con un fondo de una melancol?a, que sentimos al recrearnos en su lectura.

?Todos los andaluces somos gongorinos de nacimiento -escribe Rafael Alberti- el m?s gongorino de los poetas de la generaci?n del 27-, por carta de naturaleza; como se dice. Don Luis de G?ngora, al abrir los ojos a este mundo, en la ciudad de C?rdoba, ya lo era y, naturalmente, el mejor y m?s gongorino de todos, pues iba a ser con su apellido el bautizador, no dir? de una escuela, sino de una manera de ver y, por lo tanto, de sentir?.

Luis de G?ngora y Argote nace en C?rdoba el 11 de julio de 1561, en el seno de una familia acomodada. Cl?rigo desde los catorce a?os y tras sus estudios en Salamanca, es nombrado racionero en la Catedral de C?rdoba. En 1617 se orden? sacerdote para poder ser nombrado capell?n en la corte madrile?a, donde sostuvo pol?micas personales y literarias con Lope de Vega y Francisco de Quevedo. Cargado de deudas y gravemente enfermo regresa a su C?rdoba en 1626, donde fallece el 29 de mayo de 1927.

La dualidad -y aun la contradicci?n - que marca su talante vital tendr? un reflejo en su actividad po?tica. La mirada fustigadora y cr?tica, cuando no ?nicamente burlona, se combina con la del poeta de m?s altos vuelos imaginativos e idealizadores que rara vez ha conocido la literatura mundial. Esos dos mundos se orillan respectivamente en las llamadas composiciones nuevas (en especial letrillas y romances sat?ricos y burlescos) y en las mayores (es decir, los poemas extensos). El arte gongorino llega a su cima en los dos poemas mayores la F?bula de Polifemo y Galatea y las Soledades. En estos grandes poemas se lleva a un extremo la tradici?n cultista que empez? con Garcilaso, complic?ndose ahora profundamente con una agudeza conceptista de suma dificultad. ?A G?ngora -dec?a Federico Garc?a Lorca- no hay que leerlo, sino estudiarlo?. La sustancia de esta poes?a es un paisaje virgiliano y ovidiano cada vez m?s ricamente variado; el juego de las met?foras evoca detalles coloristas de la materia f?sica, y se combina con la musicalidad de raras palabras h?bilmente combinadas y con alusiones dif?ciles de resolver. Todo se dispone para darnos a entender una visi?n muy particular de la realidad. ?Mientras que todos piden pan -nos vuelve a decir Federico- ?l pide la piedra preciosa de cada d?a. Sin sentido de la realidad real, pero due?o absoluto de la realidad po?tica?. El redescubrimiento de este mundo gongorino fue la haza?a cultural de los poetas de 1927.

Y otro gran poeta andaluz de esa generaci?n, Luis Cernuda, nos dijo: ?Gracias demos a Dios por la paz de G?ngora vencido; / gracias demos a Dios por la paz de G?ngora exaltado; / gracias demos a Dios, que supo devolverle (como har? con nosotros), / nulo al fin, ya tranquilo, entre su nada?.

Francisco Arias Solis
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La paz no se reduce a la ausencia de guerras

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Gracias.
Publicado por Franciscoariassolis @ 19:27
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