Domingo, 25 de febrero de 2007
LA TORTURA


?Los tristes de la locura,
de la sangre y el espanto,
la tortura y la tortura.?
Rafael Alberti.


UNA REMOCI?N EN LAS CONCIENCIAS

La abolici?n de la esclavitud fue un m?ximo tema para la civilizaci?n del siglo XIX, para la civilizaci?n con epidermis blanca, por supuesto. Lo que nos resta de a?o se debiera tomar a empe?o de honor la supresi?n de la tortura ejercida todav?a en muchos pa?ses por las minor?as violentas. Una vez suprimida la pena de muerte tan est?pida como b?rbara en los pa?ses civilizados, lo m?s urgente ser?a la eliminaci?n de las torturas y horrores en fr?o, como pr?ctica consuetudinaria, c?nica y felina. Digo felina porque no s? si hay otros animales, fuera de la gata, que brinden a sus peque?uelos un ratoncete moribundo para su solaz y adiestramiento.

Todo lo dem?s resbala a segundo plano: derechos humanos, c?digos, salarios, libertades p?blicas y sociales, escuelas, higiene, la manifestaci?n del s?bado tarde; todo ser? miseria y basura mientras sea posible que unos hombres armados torturen. Y mientras eso pueda acontecer, todas las pretendidas leyes de humanidad y justicia ser?n m?s que in?tiles, ya que tapan la boca a quienes gritan espantados ante esas efectivas vigencias.

Habla Quevedo de cierto p?caro, tan humilde y modoso, que no ?levantaba los ojos a ninguna mujer, aunque s? las faldas?. A esta civilizaci?n se le ha ido la fuerza por la pluma. Mucha ley, mucho reglamento; m?s la vida hace un regate y te saca un palmo de narices. Son cien veces m?s honestas las leyes que se hac?an hace muchos a?os para ser cumplidas.

He aqu? un pasaje de Montaigne, incalculablemente actual por donde quiera que abramos sus Ensayos: ?A los muertos no los compadezco, y m?s bien lo envidiar?a; los que est?n muriendo s? me causan gran pena. No me ofenden tanto los salvajes que asan y comen los cuerpos difuntos, como quienes los atormentan y persiguen en vida. En la misma justicia, todo lo que va m?s all? de la muerte simple me parece pura crueldad, y esto vale sobre todo para nosotros, que debi?ramos cuidar de que las almas partiesen en buen estado; lo que no puede ser, si han sido agitadas y desesperadas por tormentos insoportables?. Adorable Montaigne: eres un cl?sico, sigues viviendo. Tales palabras tendr?an todav?a que perforar las conciencias de piedra de muchos pretendidos cristianos.

El remedio a semejantes desventuras no puede brotar de las leyes, ni de los reg?menes pol?ticos que soslayan muy tangencialmente los senos profundos de la vida y de los afanes humanos. Ni es posible curar una infamia realizando otra mayor, porque entonces ser?a el cuento de nunca acabar. La cura de tan inmensos da?os s?lo puede venir de una remoci?n en las conciencias y de una voluntad firme y sostenidamente exteriorizada. El hombre del siglo XXI tendr?a que experimentar una angustiosa sensaci?n de verg?enza, de no poder vivir, mientras ocurra que semejantes suyos son sometidos sa?udamente a violentas torturas. Bastar?a incluso con preocuparse fuertemente de ello mientras se platica con el amigo en la calle o con Dios en el templo. Nada resiste a un sentir vivido y manifestado. Y como dijo el poeta: ?Hoy no quiero cantar, / quiero mi voz para el grito, / mi aliento para gritar.?

Francisco Arias Solis
e-mail: [email protected]
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No se debe admitir la violencia ni siquiera contra la violencia

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Gracias.
Publicado por Franciscoariassolis @ 20:00
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