Mi?rcoles, 14 de marzo de 2007
LA VITALIDAD DE UNA SOCIEDAD


?Si el amor nos hiciera poner hombro con hombro,
fatiga con fatiga
y l?grima con l?grima.
Si nos hici?ramos unos.
Unos con otros.
Unos junto a otros.?
Angela Figuera Aymerich.

LA NORMALIDAD Y SALUD DEL CUERPO SOCIAL

La vitalidad de una sociedad como tal se manifiesta en sus fuerzas sociales. Las energ?as de los individuos en sentido estricto son otra cosa; puede haber hombres sumamente en?rgicos, dotados de capacidades creadoras extraordinarias, y ser precarias las fuerzas sociales; puede suceder, a la inversa, que una sociedad vivaz y el?stica no cuente con individuos excepcionales en ning?n orden. La facilidad, rapidez e intensidad con que en una sociedad determinada se constituyen y desvanezcan esos movimientos que me refiero es el criterio que mejor permite medir su vitalidad y vigor, es decir, la normalidad y salud del cuerpo social.

Las fuerzas sociales son el oleaje de la sociedad; en ciertos casos, el oleaje est? determinado por vientos dominantes, que lo definen en una direcci?n precisa y le dan cierta duraci?n, una relativa estabilidad -por ejemplo, cuando se trata de vientos peri?dicos-; este oleaje, en la sociedad como en el mar, es el factor que evita la putrefacci?n de las aguas estancadas. Pero, por otra parte, para que las aguas sean navegables se requiere que el oleaje est? regulado.

Un Estado inseguro de s? mismo y afectado por una interna debilidad se afirma en?rgicamente y siente recelo de toda fuerza que no sea la suya, y, por tanto, de las fuerzas sociales; no puede soportar su juego libre y, como medida de seguridad, las sofoca, ahoga y paraliza -por ejemplo, mediante un sistema de trabas burocr?ticas muy densas, prohibiciones, tr?mites, dilaciones, etc., que disipan el entusiasmo y suspenden el desarrollo de toda iniciativa-. Algunas veces, por ?ltimo, el Poder p?blico se adscribe a una fuerza social particular -o, lo que viene a ser igual, una fuerza social, institucionalizada, se erige en Poder p?blico o se identifica con ?l-; esta fuerza, entonces, en virtud de su car?cter, ?privilegiado?, no juega libremente con las dem?s, sino que act?a desde luego con una ventaja previa, alterando, por tanto, las ?reglas de juego?; podr?amos decir que las funciones sociales est?n perturbadas por un handicap no reconocido, que prejuzga el resultado y conserva la ficci?n del juego.

Las fuerzas sociales no tienen por qu? adquirir car?cter institucional y permanente; m?s bien al contrario en su estado de pureza son esencialmente transitorias: se hacen y se deshacen, se constituyen y se disuelven, sin dejar residuos inertes; una parte -aunque no todos- de los ?grupos sociales? son el precipitado, la ceniza podr?amos decir, de fuerzas sociales operantes, una vez que su actividad se ha suspendido o se ha canalizado en un funcionamiento mec?nico. Comp?rase un partido pol?tico con lo que se llama movimiento de opini?n: cuando en una sociedad hay fuerzas sociales operantes en el campo de la pol?tica, se forman n?cleos de opini?n espont?nea, fugaces, que se originan en vista de una situaci?n concreta, se condensan sin implicaciones ajenas, se desvanecen tan pronto como la ocasi?n ha pasado, sin que los individuos que formaron ese movimiento queden ligados despu?s; los que en un momento coincidieron y ejercieron su presi?n juntos, al d?a siguiente vuelven a una mutua indiferencia o una rivalidad; el apoyo circunstancial a un hombre p?blico no queda permanentemente adscrito a ?l, sino que puede convertirse en repulsa cuando su pr?xima gesti?n suscite repugnancia. Lo mismo ocurre con cualquier otra actividad o aspecto de la vida social. Imag?nese la actividad desplegada con ocasi?n del Carnaval, en las sociedades que el Carnaval est? vivo: energ?as de toda ?ndole -econ?micas, fisiol?gicas, imaginativas- se acumulan en la breve empresa; miles de individuos concurren en la organizaci?n de ese festival colectivo: carrozas, disfraces, bailes, m?sica, ingenio, tensi?n personal, esfuerzos de toda ?ndole; no se interviene en eso a t?tulo personal, sino colectivo: el an?nimo de la m?scara subraya esto expresamente; pero nada de esto se perpet?a: no se constituye una ?comisi?n permanente? del Carnaval -cuando esto ocurre es que el Carnaval est? muerto, que no hay fuerzas sociales que lo sostengan, que no hay Carnaval, sino otra cosa (por ejemplo, decisi?n oficial de que haya Carnaval)-; el mi?rcoles de ceniza disuelve autom?ticamente toda la energ?a -a veces enorme- acumulada en los d?as de regocijo. Y es que, como dijo el poeta: ?Las cosas suceden as?, / sencillamente?.

Francisco Arias Solis
e-mail: [email protected]
URL: http://www.arrakis.es/~aarias


Jam?s hubo una guerra buena o una paz mala.

Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus p?ginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL:
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Gracias.
Publicado por Franciscoariassolis @ 2:43
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