S?bado, 09 de junio de 2007
LEER PARA RELEER

?Vuelve a cantarme la misma
canci?n que ya me cantaste.?
Miguel de Unamuno

OLVIDAR PARA RECORDAR

?Olvidado de puro sabido?, es dicho habitual espa?ol. Olvidar de puro saber. ?Qu? olvidar, qu? saber es ?se? Entiendo que este dicho se refiere al hecho de que olvidamos con facilidad aquello mismo que mejor creemos saber. Que creemos saber, digo. Pues si lo supi?ramos tanto, ?lo olvidar?amos? Esto de olvid?rsenos algo de puro sabido me parece a m? cosa grave. Pues tan puro pudiera ser el olvido como el saber. Nos suceder?a como a aquel del cuento, que se march? a una isla desierta para olvidar, y cuando, transcurridos muchos a?os, le encontraron all? unos navegantes, abandonado y solo, pregunt?ndole qu? quiso olvidar en aquellas soledades, contest?: ?No lo s?, ya se me ha olvidado?.

Un puro olvidar que corresponde con exactitud a un puro saber, queda, en definitiva, en nada. No extrememos tanto la sutileza. Lo olvidado de puro sabido es, seg?n el decir popular, lo que todav?a puede recordarse.

Lo primero que se ense?a al ni?o son las letras para que lea: y a leer, por consiguiente. Lo segundo que habr?a que ense?arle es a releer; cuando no aprenda s?lo. Ense?ar literatura no es otra cosa que esto. Ense?ar a releer lo que ya se ha le?do y olvidado de puro le?do. ?Yo no ense?o, se?alo?, dec?a el fil?sofo matem?tico Husserl. Es igual. Ense?ar es se?alar. A veces, sencillamente, subrayar. Subrayar, que es volver sobre lo le?do con repetici?n y atenci?n dobladas. Releer, en suma.

El que quiere saber lo que lee, y por saberlo puramente quiere no olvidarlo relee y no lee solamente. Y el que lee y relee de ese modo es hombre de relectura, esto es, de religi?n, es hombre religioso. Pues el que lee se liga a s? mismo en lo que lee, para reley?ndolo, religarse -religiosamente- con ese prop?sito o voluntad, sant?sima voluntad humana, de un puro saber que no quiere olvidarse por tan puramente saberse. Saberse a s? mismo: saborearse.

Entonces, ?de qu? saber se trata?

?Sapiente?, sabio, nos dice el santo etimologista, san Isidoro de Sevilla, es el ?hombre de paladar delicado que conoce el sabor de las comidas; y as? se dice s?pido; lo contrario es ins?pido?. Cuidado, lector, no sonr?as. No soy yo que el que est? jugando ahora con el vocablo. Saber es sabor. Se trata de un saber que es sabor. El que lee y relee lo que gusta o paladea de esa manera, el hombre que decimos religioso, es como un gourmet espiritual, un gustador de la sabidur?a -de una sabidur?a sabrosa-; lo contrario, la ignorancia es ins?pida. Leer es tomarle gusto, saber al sabor mismo; que es el saber mismo. No basta leer, hay que releer. Releer siempre. Mientras m?s hayamos le?do, m?s y mejor, podremos ser hombres que saborean, gustan, paladean, la vida, las cosas.

?Qu? nos dice un saber, que es un sabor, a m?s de serlo? Por de pronto, que, por serlo, tan puramente, lo olvidemos con igual pureza; para tener que volverlo siempre a repetir, a recordar. Repetir, recordar, releer... Por principio, cualquier lectura es una llamada de atenci?n sobre s? misma: un l?eme para volverme a leer, para releerme. Desconfiemos de una lectura -dec?a Dostoievski- que nos entrega enteramente su ser de buenas a primeras: de un escritor que en una primera lectura se nos entrega. No podremos nunca releerle. Y si nos podemos releerle no podremos hacerlo nuestro -y a nosotros suyo- religiosamente, por saberlo, por saberlo saber, por saborearlo. Un libro es duradero, perdurable, por la capacidad de relectura que nos ofrece.

Leer para releer. Olvidar para recordar. Y recordar es como despertar despu?s de haber dormido: o de haber so?ado. Del dormir se dice, habitualmente, conciliar el sue?o con la muerte, su enemiga. Por lo que despertar es reconciliar -el sue?o- con la vida: su natural y sobrenatural engendradora. Y recordar es despertar. ?Recuerde el alma dormida?... Que es y no es solamente despertar, porque si s?lo fuera esto, el poeta, ni aun por ripio, repetir?a ?avive el seso y despierte?. Recordar es m?s que despertar todav?a: es, tal vez, seguir so?ando, seguir viviendo; releerse y no solamente leerse uno a s? propio. Y para esto hay que leerse y releerse en los otros, en los dem?s. Esto es lo que nos ense?a el novelista de novelistas Cervantes. Porque en el coraz?n de la noveler?a late esa sangre luminosa de la que se nutre y enciende la ficci?n viva: la del cuento de nunca acabar. El coraz?n de la novela, de la noveler?a, del novelar, es siempre cuento; y ese cuento es el que siempre se repite, igual y diferente siempre, el que leemos y releemos sin cesar, el cuento que nunca se acaba. ?Y qu? bien nos lo cont? Cervantes en su Don Quijote! Como en sus Novelas ejemplares, como en su Persiles y Sigismunda. El cuento de nunca acabar. Olvidar de puro saber, para recordar. Leer para releer: para ligarnos y religarnos, religiosamente, a los otros, al mundo: a la vida, a la verdad. Para no estar solos. Y es que, como dijo el poeta: ?Si te he visto no me acuerdo. / Pero si otra vez te miro / te seguir? siempre viendo?.

Francisco Arias Solis
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La paz pide una oportunidad.

Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus p?ginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL:
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Gracias.
Publicado por Franciscoariassolis @ 18:31
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