S?bado, 07 de julio de 2007
LA VIDA COMO RESPETO

?Hay una patria de esperanza y sombra
donde amanece el hombre cada d?a,
tierras aradas en silencio, campos
que en soledad siguen so?ando vida.?
Leopoldo de Luis.

LA DEMAGOGIA ES UNA FORMA SUTIL DE DESPRECIO

La forma radical de despreciar a una persona es ?no hablarle?. Cuando a alguien ?se le niega la palabra?, se lo excluye de la comunicaci?n humana, se deja de considerarlo como persona. Hay formas pol?ticas que consisten en esto, en no hablar a los ciudadanos (que, naturalmente no son ciudadanos). Cuando los gobernantes ?saben lo que hay que hacer?, est?n en el secreto, no tienen nada que justificar, se cuidan de administrar a sus s?bditos, de ordenar sus vidas, de decidir lo que pueden hacer, leer, contemplar, esta es la forma m?s pura del desprecio. El cual no est? disminuido por la adulaci?n que busca la complicidad, como cuando se pasa la mano por el lomo de un animal: aquellas situaciones en que se declara admirable, orgullo del mundo, a los pobres hombres con quienes no se cuenta y que nada tienen que decir; o aquellas otras en que se proclama ?due?os de todo? a los que no pueden disponer ni siquiera de su propia realidad.

Hay una forma m?s sutil y menos extremada de desprecio que es la ?demagogia?, El demagogo habla, ciertamente, y hasta habla todo el tiempo, pero no habla ?a los dem?s?. Habla, simplemente, para s? mismo, o para una camarilla domesticada y encargada de desencadenar los aplausos o ante un resonador de personas previamente condicionadas, hipnotizadas, reducidas a mecanismo ps?quico o social, con recurso al terror o al soborno; es decir, reducidas a cosas, despersonalizadas.

Todos hemos vivido, en una u otra medida, durante periodos m?s o menos largos, estas experiencias. Son muchos los hombres de nuestro tiempo que han nacido y han vivido siempre sometidos al desprecio, que no han conocido otra cosa; apenas pueden imaginar con viveza y eficacia nada distinto; me estremece pensar lo que puede ser una sociedad uniformemente compuesta de hombres as? condicionados, sin alternativas, sin ?mezcla? de estratos sociales diferentes, de supervivientes de otras situaciones, que tienen presentes otras posibilidades, por lo menos en forma de nostalgia.

Pero no es esto lo ?nico que pasa en el mundo. Hay muchas sociedades en que la norma es el respeto del hombre. No significa esto una ut?pica perfecci?n; no quiere decir que haya actualmente pa?ses en que no pueda ?faltarse el respeto? a los ciudadanos, o a algunos de ellos. Pero en estos casos, el desprecio concreto es una excepci?n, vivida como tal, repudiada por muchos, que se hace constar y expresamente queda identificada as?. Algo contra lo cual se puede recurrir, que se rectifica, se sanciona. Algo que se reconoce y confiesa -de grado o por fuerza- por los mismos que lo han cometido. Entre las mayores falacias que circulan en nuestra ?poca hay una que quiero desenmascarar. Cuando se muestra en qu? consiste la vida p?blica en una sociedad determinada, los defensores de ella suelen aducir alg?n hecho particular semejante, ocurrido en una sociedad distinta. Pero hay que preguntar: ?Qu? m?s? ?Qu? ha pasado despu?s? ?Qu? consecuencias ha tenido? ?C?mo se sabe? ?Ha tenido constancia p?blica? ?Ha sido condenado? ?Ha sido corregido? Si las consecuencias de ese acto con ?parecido? son enteramente distintas en dos sociedades, habr? que reconocer que esas sociedades son enteramente distintas, y por tanto esos dos actos tambi?n: uno es el ?uso? y el otro, solamente un ?abuso?.

En una parte considerable del mundo actual impera el respeto al hombre, y cuando se le falta ocasionalmente, se puede hacer que sea restablecido. Esto me parece precioso: el bien supremo de la convivencia, porque es la condici?n de todos los dem?s, la posibilidad de que se rectifiquen y superen todos los males, si son superables, si no lo son la dimensi?n negativa de la condici?n humana o de su versi?n en un tiempo determinado.

El m?s claro indicio de equilibrio entre respeto y desprecio es el estado en que se encuentra la verdad. Cuando la verdad puede ser pensada, expresada, contrastada, justificada; cuando se dan cuentas y se pueden pedir, cuando se puede denunciar la mentira, cuando hay medios de saber lo que pasa y lo que va a pasar, entonces existe la vida como respeto.

Cuando la verdad est? inerme e impotente, cuando no se puede hacer o?r -o no se le puede ni siquiera buscar-, cuando se encuentra el silencio desde?oso o la falacia demag?gica o la difamaci?n y faltan los recursos sociales para oponerse a ellos, podemos afirmar que vivimos en tiempo de desprecio.

Claro est? que no basta con establecer un diagn?stico. Es menester, si por fortuna se goza de respeto, no jug?rselo, no exponerse a perderlo. Si no se goza de ?l, hay que esforzarse por exigirlo, por imponerlo, por hacer que llegue a ser la norma de la convivencia. Y como dijo el poeta: ?Hombres, comer es poco para el hombre. / Yo, hermanos, quiero di?logo, ir con todos, / ser con todos y en todos compa?ero / m?s que coincidencia y rabia oscura, / m?s que asco metaf?sico ante el roce / de lo que se odia porque no se entiende.?

Francisco Arias Solis
e-mail: [email protected]
URL: http://www.arrakis.es/~aarias
WIKIPEDIA: http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Arias_Sol%C3%ADs


Por la convivencia frente a la crispaci?n.

Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus p?ginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL:
http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm

Gracias.
Publicado por Franciscoariassolis @ 19:26
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