Mi?rcoles, 25 de julio de 2007
CAMPESINOS

?Cuando caminan, cabalgan
a lomos de mula vieja,
y no conocen la prisa
ni aun en los d?as de fiesta.
Donde hay vino, beben vino;
donde no hay vino, agua fresca.
Son buenas gentes que viven,
laboran, pasan y sue?an
y en un d?a como tantos,
descansan bajo la tierra.?
Antonio Machado.

SU VOLATIZACION ALTERA LA ESTRUCTURA SOCIAL

Uno de los hechos m?s notorios de nuestra ?poca, que preocupa a los economistas y soci?logos, y pronto inquietar? a los historiadores, es la alteraci?n de las condiciones de vida de los hombres que viven del cultivo de la tierra, y por consiguiente del tipo humano mismo realizado por esos hombres. Se ha se?alado la evoluci?n del campesino, que se ha convertido en agricultor y tiende a no ser sino industrial agr?cola, pero estas variaciones se han considerado casi siempre desde el punto de vista econ?mico y t?cnico, es decir, teniendo en cuenta las exigencias y posibilidades de la producci?n; a lo sumo, se ha intentado ver las repercusiones sociales de esas causas t?cnicas y econ?micas. Creo que las cosas son m?s complejas, y que con esos fen?menos se ligan otros estrictamente sociol?gicos, que tal vez sean los decisivos; y, sobre todo, no me parece posible conjurar los evidentes riesgos que amenazan como consecuencia de esos cambios si no se tiene suficiente claridad sobre ese aspecto sociol?gico, al que me quiero referir brevemente.

Ante todo, el campesino actual empieza a sentirse mucho menos radicado en una tierra determinada, por lo pronto porque la facultad y necesidad de los desplazamientos le hace conocer otras. M?s importancia a?n tiene la cuesti?n de la propiedad de la tierra. Su sentido se ha debilitado enormemente, y esto es decisivo. De un lado, la inestabilidad jur?dica de la propiedad ha minado su fuerza social; en segundo lugar, la intervenci?n de la Uni?n Europea en los cultivos, cosechas, precios, etc., ha mediatizado igualmente el dominio del propietario; en tercer lugar, porque en la actualidad lo que m?s interesa a los contempor?neos es el uso de las riquezas, no su propiedad permanente como fondo de disponibilidades; por eso se prefiere, aun en formas de econom?as modestas, un salario elevado a una peque?a hacienda, de valor comparable.

Adem?s, se est? produciendo una uniformaci?n relativa entre la ciudad y el medio rural; se ha suprimido la diferencia abrupta entre ambos, que hac?a penosa la comunicaci?n. La consecuencia de esto es doble. De un lado, se produce la ?urbanizaci?n? del campo, el acceso de los labriegos a una serie de formas reservadas antes a las ciudades, y as? se produce una nivelaci?n en el pa?s. Pero de otro lado, como al fin y al cabo esas formas ?urbanas? de los medios rurales son deficientes, a veces m?seras, el campesino tiene conciencia, cada vez m?s viva, de limitaci?n. El mundo del pueblo le parece angosto, tosco, aburrido, poco incitante. En la ciudad encuentra con otra plenitud lo que en su lugar se le ofrece en una versi?n lamentable. El resultado inevitable es el descontento. Se objeta a esto que los campesinos, salvo en algunas regiones, viven hoy a un nivel que no hab?an alcanzado nunca, comen mejor, disponen de una serie de comodidades y aun peque?os lujos a que ni siquiera aspiraban hace treinta o cuarenta a?os. Todo esto es cierto; pero el error estriba en creer que lo econ?mico es lo decisivo, que el descontento o la satisfacci?n en un tipo de vida es mera consecuencia del nivel adquisitivo que permite. Claro es que en condiciones miserables no cabe sino el descontento; pero si se eliminan los casos extremos, importa mucho m?s la ilusi?n por una forma de vida que parezca atractiva y apetecible. El campesino empieza a sentir que, sean cualesquiera sus ventajas econ?micas, la ciudad es m?s agradable y permite posibilidades m?s atrayentes: la consecuencia es el absentismo, el desplazamiento hacia las grandes agrupaciones urbanas. Que esto es grave, a nadie se le oculta. Pero quiz? no se advierte hasta qu? punto lo es. Porque se atiende a las consecuencias inmediatamente econ?micas: abandono de la agricultura, disminuci?n de la producci?n, aumento del paro, etc.; pero no se suele pensar en la destrucci?n de un tipo humano, el del campesino, que ha sido durante milenios una de las piezas esenciales de la sociedad europea, con una funci?n cuya importancia es decisiva. Su volatizaci?n altera la estructura social.

Cuando se advierte esto, se suele considerar la situaci?n como una ?calamidad? que ha sobrevenido como un ?mal? que amenaza a la sociedad, que antes estaba ?bien? constituida. Y se propende a buscar dos tipos de soluciones igualmente ingenuas: la lamentaci?n o el intento de dar marcha atr?s. Ninguna de las dos tiene sentido, porque no se trata de ninguna calamidad, sino de la alteraci?n, perfectamente explicable, de una situaci?n pret?rita, que tal vez encierre graves riesgos, pero que en s? misma se impone. Como las causas que han determinado esta innovaci?n son reales y siguen actuando, no hay manera de anularlas y volver a lo anterior. La ?nica soluci?n posible a los inconvenientes habr?a de empezar por reconocer y aceptar la situaci?n efectiva, hacer hincapi? en ella, perseguirla hasta sus ?ltimas ra?ces y buscar en ella misma su superaci?n. ?De qu? se trata, en definitiva? De una ruptura del mundo del campesino, que lleva consigo la evaporaci?n de ?ste como tipo humano tradicional. Hay que preguntarse perentoriamente: ?qu? es ser campesino? ?C?mo se puede ser campesino en el siglo XXI? ?Es posible un proyecto vital del labrador que sea incitante y atractivo, dada la situaci?n real en que el mundo se encuentra? Y como dijo el poeta: ?Y a preguntas sin respuesta / ?qui?n te podr? responder??.


Francisco Arias Solis
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La paz pide una oportunidad.

Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus p?ginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL:
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Gracias.
Publicado por Franciscoariassolis @ 23:52
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