Domingo, 12 de agosto de 2007
EL GRAN MITO DE DON JUAN

??Qu? largo me lo fi?is!
Y mientras Dios me d? vida,
yo vuestro esclavo ser?.
Esta es mi mano y mi fe.?
Tirso de Molina.

EL SIMBOLO VIVIENTE DE LA
SEDUCCION AMOROSA MASCULINA

La capacidad creadora de caracteres que se ha atribuido a Tirso como su m?rito m?s alto, se manifiesta especialmente en estas dos grandes producciones dram?ticas: en El Burlador de Sevilla y Convidado de piedra y en El condenado por desconfiado; mucho m?s, sin embargo, en la primera de ellas, con la que Tirso crea el gran mito humano y literario del Don Juan, del que afirma do?a Blanca de los R?os, sin exageraci?n alguna, que ?en grandeza y universalidad excede a los gigantes de Shakespeare, en el inter?s humano y en intensidad dram?tica supera a Fausto y en virtud prol?fica a don Quijote?, aseveraci?n indudable, pues aparte de la perennidad inagotable y la universalidad de las pasiones de que es portador -o precisamente por ello-, ning?n otro mito literario ha reflorecido tan insistentemente como ?l en todas las literaturas, circunstancias y ambientes, ni recibido tan diversas interpretaciones y matices, que modifican detalles pero dejan intacto su car?cter esencial.

Don Juan, mito eterno, ha venido a convertirse -cualesquiera que sean sus grados- en s?mbolo viviente de la seducci?n amorosa masculina, de la agresividad sexual, del conquistador irresistible, del hombre audaz y disoluto que convierte el placer en fin de todas sus acciones. De aqu? su condici?n de ?burlador?, es decir, de hombre que busca a la mujer para la satisfacci?n ego?sta de su goce, y escapa a toda permanente coyunda.

El Tenorio es un ?caballero? apuesto y cortesano, que encubre sus perfidias con refinada elegancia aristocr?tica, sabe envolver su persona de cuanto pueda hacerla atractiva y rinde religioso culto al honor (palabra que no se le cae de la boca), siempre que se trate del propio, por supuesto: porque pisotear el ajeno es una de las glorias: ?Sevilla a veces me llama / el Burlador, y el mayor / gusto que en mi puede haber / es burlar una mujer / y dejarla sin honor?.

En esta forma fue dramatizado por Tirso en su obra. Don Juan Tenorio, hijo de noble familia sevillana, huye de N?poles despu?s de burlar a la duquesa Isabela, en cuya habitaci?n hab?a penetrado fingi?ndose el duque Octavio, su prometido. Naufraga en las playas de Tarragona, es llevado a la caba?a de una pescadora, Tisbea, la seduce bajo palabra de casamiento y huye luego. Llega a Sevilla; entra en la casa de do?a Ana de Ulloa, hija del Comendador don Gonzalo, debido a que consigue interceptar una carta de aquella en que citaba a su prometido el marqu?s de la Mota. Cuando a los gritos de do?a Ana, que advierte el enga?o, acude su padre, don Juan lo mata y se da a la fuga. Mientras prenden al marqu?s de la Mota, don Juan huye a Dos Hermanas a tiempo en que est? para celebrarse all? una boda de campesinos; aleja el novio con enga?os y seduce a la novia deslumbr?ndola con sus riquezas y la promesa de matrimonio. Despu?s de dejar a la infeliz campesina regresa a Sevilla. Cierto d?a encuentra en una iglesia la estatua del Comendador, que el hab?a matado, puesta sobre su tumba, la escarnece y la invita a cenar; el Comendador acude al convite y le invita a su vez para otra cena en su propia sepultura. Don Juan acepta, pero al tender la mano a la estatua, siente que le penetra por ella un fuego que le mata. Grita, pide confesi?n, pero ?sta no llega y muere como un r?probo.

Ati?ndase bien a este desenlace, porque es indispensable para entender el drama de Tirso. A lo largo de toda la obra se le amenaza a don Juan con el castigo que pueden acarrearle sus acciones. Tisbea hab?a tratado de asegurarse de la promesa de matrimonio de don Juan, dici?ndole: ?Advierte / mi bien, que hay Dios y que hay muerte?, a lo que responde para s? don Juan, con palabras que ha de repetir muchas veces con c?nica temeridad: ??Qu? largo me lo fi?is!?

De la pluma de Tirso, puesta en pie de su genio, sali? la estampa del Burlador, lista para correr el mundo con el mito de su significaci?n amorosa. Pero la intenci?n ?ltima que hab?a puesto en ella, al crearla, el fraile mercedario era manifiestamente moral y ejemplarizadora. Men?ndez Pelayo se?al? con toda claridad que cuando el Romanticismo despoj? a Don Juan de su grave lecci?n moral, destruy? la finalidad perseguida por su creador; si bien lo lanz? a vivir por otro de los muchos caminos abiertos y posibles a su proteica diversidad.

Comentando la universalidad y perennidad del Burlador, escribe Valbuena: ?Por preceder de una creaci?n vital, antes que literaria, Don Juan ni se logra ni se muere. Queda siempre -sombrero de plumas y espada al cinto- en todas las encrucijadas de las ?pocas, presto a emprender una nueva conquista, pero tambi?n pronto a evadirse?.

Cuando don Juan acude al convite del Comendador, cantan misteriosamente unas voces: ?Adviertan los que de Dios / juzgan los castigos grandes / que no hay plazo que no llegue / ni deuda que no se pague?.

Francisco Arias Solis
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Jam?s hubo una guerra buena o una paz mala.

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Gracias.
Publicado por Franciscoariassolis @ 23:22
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