Martes, 14 de agosto de 2007
SILVERIO LANZA
(1856-1912)

?Yo procuro que mis libros aburran
desde su tercera p?gina a los lectores tontos,
y as? ellos y yo nos desenga?amos mutuamente.?
Silverio Lanza.

LA VOZ DE UN GRAN SOLITARIO.

Tanto se ha hablado de Silverio Lanza que Silverio se ha convertido en un ente de raz?n, bromeaba Azor?n al referirse al solitario de Getafe y a lo poco, muy poco que de ?l se sab?a. Y Segundo Serrano Poncela, uno de los cr?ticos que con mayor inteligencia se ha acercado a este escritor, se?ala que para ?levantar este velo de ceniza ser?n necesarios muchos esfuerzos. Silverio Lanza es casi una entelequia y en ocasiones se llega hasta dudar de su existencia?.

Si para los que le conocieron y lo trataron fue siempre Silverio Lanza un hombre misterioso, un solitario que se hab?a apartado de la vida literaria de su tiempo (?Yo ya soy un marino anclado en Getafe? sol?a decir, este gran ensayista y novelista espa?ol); para nosotros tan alejados de la ?poca de la Restauraci?n en que le toc? vivir y escribir, el acercamiento a Juan Bautista Amor?s, llamado Silverio Lanza, hombre algo fantasmal que aparece con su gesto altivo y amargado, en plena ?poca fantasmal, es empresa ardua. ?La Restauraci?n -dec?a Ortega- fue un panorama de fantasmas, y C?novas el gran empresario de la fantasmagor?a?. Esa fue la ?poca en que se movi? la figura -que los a?os y el descuido de sus contempor?neos han borrado en parte- de Silverio Lanza que vendr?a ser as?, colocado en su ?poca, una especie de fantasma de segundo grado.

Juan Bautista Amor?s y V?zquez de Figueroa naci? en Madrid el 3 de noviembre de 1856 y muri? en Getafe el 30 de abril de 1912, donde resid?a desde 1885, atrincherado en una casa en la que hab?a dispuesto un complejo sistema de timbres que sorprend?an a sus escasos visitantes, como ha recordado con gracia Ram?n G?mez de la Serna. Inici?, como su hermano Narciso, carrera en la marina y alcanz? la graduaci?n de teniente de nav?o, pero hubo de abandonar esa profesi?n por problemas de salud.

Serio, taciturno y radical en sus opiniones, se gan? pronto fama de raro: el solitario de Getafe, como dieron en llamarlo, apenas hac?a concesiones y, de cuando en cuando, sorprend?a a sus contertulios con una afirmaci?n extravagante o una frase provocadora tras la que se adivinaba siempre su pesimismo.

El retraimiento de Lanza adquiri? tintes amargos tras verse envuelto en un proceso absurdo como consecuencia de la publicaci?n de su novela Ni en la vida ni en la muerte (1890): siempre lament? ?haber sido preso y procesado por escribir libros en un pa?s en que escasean los hombres que sepan escribir y leer?. En mayo de 1910, dos a?os antes de su muerte; Lanza escrib?a: ?Hoy cuando leo las obras, que honr?ndome, me env?an j?venes como usted, tengo la jactancia de creer que me deben ustedes la libertad que disfrutan?.

?Escrib?a yo libritos -sol?a contar Silverio Lanza- que me acarrearon la persecuci?n insidiosa y la persecuci?n legal: la imposibilidad de ejercer cualquiera de mis profesiones, y la c?rcel?. Y sin embargo el hombre cuyos libros -seg?n Azor?n- ?no se parecen a nada; ?nicos en su ?poca?, merece m?s atenci?n, un mayor inter?s. Quiz? lo m?s urgente ser?a una reedici?n de algunas de sus obras: Artu?a, El a?o triste, Ni en la vida ni en la muerte, Mala cuna y mala fama, De la quilla al tope, La vida del Excelent?simo Se?or Marqu?s del Mantillo... M?s de una vez los amigos de Silverio Lanza han vaticinado un ?xito p?stumo que todav?a no ha llegado: ??Cu?ndo saldr? a flote? -se preguntaba P?o Baroja en 1902-. Quiz? les pase a sus obras como a las de Sthendhal ... como ?ltimamente entre nosotros a los libros de Ganivet...; una reacci?n va inici?ndose que har? que estos grandes desconocidos sean, al fin, los triunfadores?. Pero el caso es que de todos los escritores de la generaci?n del 98 que tuvieron relaciones personales con Silverio Lanza, Baroja es de los menos entusiastas con respecto a ?l.

Silverio Lanza cree que es imprescindible acabar con la aristocracia de la riqueza y con la aristocracia de cuna, que conforman el sistema caciquil. Por el bien de un pa?s sojuzgado, es preciso que el gobierno pase a manos de una minor?a intelectual (mezcla de saber y de virtud, advierte) capaz de dignificar la vida espa?ola. En cuanto a la Iglesia, advierte Lanza, deber?a aplicar m?s decididamente su doctrina a los problemas sociales reales, es decir, deber?a comprometerse con la sociedad en la lucha por desterrar el caciquismo, que todo lo contamina, desde la literatura al ej?rcito.

Baroja debi? de admirar en Lanza lo que ?ste ten?a de inadaptado, de irregular, de rebelde. Tambi?n, sin duda debi? interesarle su ingenio parad?jico y arbitrario. Lanza ten?a afinidades con el anarquismo y con el antiguo ?arbitrismo? ib?rico.

Para dar una conferencia sobre el caciquismo en el Ateneo de Madrid, Silverio Lanza se present? vestido de negro y con chistera. A esta conferencia asisti? inesperadamente la Condesa de Pardo Baz?n, la hac?a tiempo consagrada y popular Do?a Emilia a la que le pareci? o?r cosas terribles.

Quiz? uno de los riesgos m?s modernos de Lanza se encuentra en su humorismo amargo, violento, cruel, mucho m?s af?n a las bromas pesadas del barroco que al humorismo dulz?n del siglo pasado. Otras ideas de Lanza que debieron gustarle a Baroja eran su implacable rechazo a los caciques, su misantrop?a de la Espa?a contempor?nea, su mezcla de lo absurdo y lo sentimental. Y como dijo el poeta: ?Cuando el coraz?n se inclina / a ese fantasma irreal, / siente su pulso mortal / id?ntico, en su latido, / a otro coraz?n que ha sido / el de un sue?o fantasmal?.

Francisco Arias Solis
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Gracias.
Publicado por Franciscoariassolis @ 6:22
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