Martes, 21 de agosto de 2007
EL SABOR DE ANDALUCIA

?En el sur tan distante quiero estar confundido.
La lluvia all? no es m?s que una rosa entreabierta.
Su niebla misma r?e, risa blanca en el viento.
Su oscuridad, su luz son bellezas iguales.?
Luis Cernuda.

ALEGRIA Y TRISTEZA ENTRELAZADAS

Andaluc?a apenas es ?pica, solo por excepci?n, pero encierra una incre?ble dosis de lirismo. La personalizaci?n de las cosas, su car?cter individual y no colectivo, la ausencia de colosalismo, la dulzura del ambiente, que permite una transici?n f?cil entre la intimidad y lo exterior, algo as? como una reserva que se manifiesta, todo ello contribuye a ese lirismo difuso que empapa las formas todas de la vida andaluza.

Andaluc?a ha tenido probablemente m?s capacidad de desear que ninguna otra regi?n espa?ola, y que la mayor?a de las del mundo. Solo esto explicar?a la proporci?n en que ha contribuido a la literatura y a las artes, y que es de un desnivel impresionante, si se tiene alguna sensibilidad para la significaci?n de lo cuantitativo. La esterilidad, la sequedad que ciertas partes del mundo o ciertas ?pocas presentan no se puede explicar por falta de ?capacidades? o de ?dotes?, sino por una manera singular de estar instalado en la vida, por una atrofia de las funciones de imaginar, inventar, proyectar, desear; por una pobreza desiderativa que puede coincidir con la riqueza de los recursos. Y aun en las ?pocas en que el arte y la literatura en sentido estricto han deca?do, el torso general del fen?meno persiste. La raz?n es clara: la poes?a, la novela, el pensamiento, la pintura son actividades ejercitadas por minor?as creadoras, mejor dicho por individuos que en una o en otra dimensi?n las engendran y constituyen; por unas u otras causas estas minor?as pueden languidecer o desmoralizarse, pero esto no significa que desaparezca enteramente la actitud vital que las sosten?a. Por debajo de esas minor?as, siempre problem?ticas e inseguras, queda el pueblo en su conjunto; pues bien, la fecundidad ideadora, improvisadora, del pueblo andaluz, de f?rtiles deseos, no se ha extinguido nunca, y la encontramos all? donde ponemos los ojos o aguzamos los o?dos. Y ah?, en esa viva facultad de desear y de inventar, en esa capacidad de fabulaci?n y sue?o, de vivir mitad en la realidad y mitad en la ficci?n, reside la peculiaridad de la condici?n andaluza. Pero no se olvide que esa es, si se toman las cosas en serio, la condici?n del hombre.

Esta es la raz?n, si no me enga?o, de que Andaluc?a sea alegre y triste, en tan alto grado. La alegr?a consiste muy principalmente en la dilataci?n de la vida. Como los pulmones se llenan de aire al dilatarse o al llenarse de aire se dilatan, el alma se dilata al llenarse de realidad, o si se prefiere su dilataci?n mediante el deseo ejerce una succi?n sobre lo real, que se precipita en ella. Pero esa realidad es de muy diversa condici?n. Por lo pronto, eso que llamamos ?realidad? alberga en su seno dos porciones distintas: lo que llamamos efectivamente real y lo que es solo realidad ficticia; el hombre se pasa la vida transitando de una u otra regi?n, pero la transici?n es siempre problem?tica, engendra fricci?n y frecuente dolor. Nos pasamos el tiempo queriendo que nuestros sue?os se conviertan realidad, y sufrimos cuando esto no es posible; pero, por si fuera poco, tambi?n sufrimos cuando nuestra realidad deja de ser sue?o, cuando es ?solo? real. Adem?s, las realidades entran en conflicto unas con otras: se excluyen, se eliminan, se suceden; al entrar en el ?mbito de nuestra alma, luchan entre s? y con ella. La gozosa dilataci?n de esta es una penosa distensi?n, un desgarramiento.

Pienso que Andaluc?a ha sentido con extra?a profundidad ese car?cter de la vida; su vejez ha aprendido a aceptarlo, a amarlo y resignarse a ?l. As? ha cruzado su historia milenaria envuelta en tristeza y d?ndola por bien empleada, sabiendo que es el precio de la alegr?a que en sus ?ltimas ra?ces la penetra. Los cantares de Andaluc?a son la expresi?n popular, inmediata y vivida de esa actitud. No es casualidad que los toros, que tanto han gravitado sobre lo espa?ol, en general, y que simbolizan ciertos aspectos parciales, pero profundos, de Espa?a, hayan sido siempre primariamente una forma andaluza. Y ambos principios, alegr?a y tristeza entrelazadas, dominan la vida religiosa de Andaluc?a, en la que son realidad, y no mera convenci?n, lo gozoso y lo doloroso.

Cuando se le pide mucho a la vida, el dolor y fracaso son inevitables; bastan para ello los caracteres estructurales de la realidad, y en especial de la realidad humana: su limitaci?n, su condici?n excluyente, su fugacidad, la imposibilidad de su posesi?n ?simult?nea y perfecta?. Pero Andaluc?a ha sabido que solo pidiendo mucho a la vida tiene esta sabor, olor, consistencia, realidad, en suma. Durante siglos ha resistido a contentarse con poco, a no exponerse al dolor, que quiere decir no arriesgarse a la felicidad. ?Qui?n dijo que Andaluc?a era solo gracia plena, encantada poes?a? Ni siquiera sab?a que cantando la pena, la pena se olvida.

Francisco Arias Solis
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La peor paz es mejor que la mejor guerra.

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Gracias.
Publicado por Franciscoariassolis @ 7:37
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