Martes, 28 de agosto de 2007
EL PORVENIR DE ANDALUCIA

?Es la hermosa Andaluc?a,
esa que hoy lucha esperando
salga de la noche el d?a?.
Rafael Alberti.

SIGNOS DE UNA PROXIMA PROSPERIDAD ANDALUZA

Hace m?s de un siglo, en abril de 1905, Azor?n, el suave y l?rico Azor?n, baj? hasta Andaluc?a. Ven?a a mirar, entender, explicar ?La Andaluc?a tr?gica?, la que agonizaba, la que se mor?a literalmente de tuberculosis causada por el hambre, la de los labriegos de salario mezquino y paro ?estacional? -de largas estaciones que duraban la mitad del a?o-, la de los caciques, engendradores de insolidaridad y de odio. Los que hablan de o?das y dicen que Azor?n y los dem?s escritores del 98 eran ?escapistas?, meros ?literatos? sin sentido social, pueden leer estas p?ginas terribles en Los Pueblos. ?Y yo he visto -escrib?a Azor?n- estos rostros fl?cidos, exang?es, distendidos, negrosos de los labriegos. Y estas mozas escu?lidas, encogidas en un rinc?n, como acobardadas, tal vez con una flor mustia entre el cabello crespo. Y estas viejecitas, acartonadas, avellanadas; estas viejecitas andaluzas que no comen nada jam?s, jam?s, jam?s....?

A los conformistas no les gust? que Azor?n les recordara la existencia de esa Andaluc?a, y sufri? no pocos reproches; a los de hoy tampoco les gusta. A otros conformistas -con otras cosas- les desagrada igualmente que se les recuerde que no toda Andaluc?a es tr?gica, y que en ella -en toda ella- hay tambi?n otras cosas.

La rica, ub?rrima, espl?ndida Andaluc?a ha venido a ser, en muchas de sus comarcas, en algunos estratos de su sociedad, muy pobre. La epidemia de filoxera que destruy? los vi?edos andaluces a fines del siglo XIX fue un golpe tremendo que introdujo la crisis en forma aguda, y con ella una perturbaci?n constante; Andaluc?a fue desde entonces una sociedad afectada en amplias zonas de empobrecimiento -que no es id?ntico con la pobreza- y el descontento. A??dase que Andaluc?a, pa?s viej?simo, ha conservado estructuras arcaicas innecesarias, derivadas de su origen en la Reconquista: los se?or?os de los reconquistadores han pesado gravemente sobre Andaluc?a -pi?nsese en las ciudades ducales- y a su imagen se organiz? buena parte del territorio, aun sin motivos directo para ello. Finalmente, el centralismo de la segunda mitad del XIX, al atraer hacia Madrid a las aristocracias, dej? Andaluc?a con una singular despoblaci?n de lo alto, literalmente venida a menos, sin fermentos ni principios estimuladores de la vida, que le hab?an dado su grandeza entre el siglo XV y la ?poca rom?ntica. Se dir? que pod?an sustituirse por otros, y es muy cierto; solo a?adir? que hab?a que hacerlo y no se hizo.

Desde finales del siglo XIX, con una zona de agudizaci?n inmediatamente despu?s de la guerra civil, prolongada hasta hace muy pocos a?os, Andaluc?a ha vivido en gran parte por debajo de s? misma. De su historia, de su realidad f?sica, de su primores todos, de sus estratos m?s altos. La desigualdad espa?ola ha alcanzado en Andaluc?a caracteres dram?ticos. La desconfianza, las soluciones exasperadas, el arbitrismo, la hostilidad, todos han hecho de las suyas en esta tierra. Olvidarlo ser?a ingenuidad o algo peor complicidad. Pero aqu? empieza precisamente el problema.

Con una mentalidad tan arcaica como las estructuras econ?micos-sociales, se ha tratado durante varios decenios de enfrentarse con este problema seg?n estos principios: cultivo a ultranza de todo el suelo, eliminando pastos, dehesas y cotos, cuanto parec?a ?lujoso? o ?feudal?; en ?ltimo extremo, emigraci?n -al Pozo del T?o Raimundo, a Barcelona o a Alemania- de una parte importante de su poblaci?n. Ahora bien, ocurre que la econom?a actual est? m?s inclinada a dejar de cultivar suelos medianos que a roturar y sembrar los incultivables, a devolver al pasto y a la caza las extensiones cuyo rendimiento s?lo permite subsistir a un nivel que hoy se juzga infrahumano; que el gran problema de la agricultura de muchos pa?ses es la atomizaci?n, que impide industrializarla, y se procura a destiempo la concentraci?n parcelaria; y que la emigraci?n suele ser uno de los caminos m?s seguros de la infelicidad y el desarraigo.

Los problemas andaluces, como los humanos de cualquier parte, solo pueden plantearse adecuadamente en vista de lo que est? ante nosotros, de lo que est? viniendo. El porvenir econ?mico de Andaluc?a va a estar decisivamente condicionado por dos factores que en muchas zonas andaluzas apenas han contado hace unos a?os: el turismo y el desarrollo tecnol?gico. El pa?s como tal -su clima, su paisaje, su belleza, su encanto humano, su arte acumulado, sus formas- se vuelve inesperadamente productivo. Y por otra parte, Andaluc?a, porci?n de Espa?a, fragmento de una Europa que se dilata y va hacia la unidad, se incorpora quiera o no a la gran empresa econ?mica de nuestro tiempo, a la elevaci?n de la totalidad de las sociedades a otro nivel de lo humano. Democracia y t?cnica han sido los art?fices del crecimiento y la dilataci?n de Europa desde 1800; pero lo que entonces se llamaba t?cnica era un juego de ni?os; por primera vez en la historia, el se?or?o de la naturaleza est? haciendo que el hombre, a fuerza de m?quinas, sea propiamente humano.

Cuando se recorre Andaluc?a en 2007 se ven s?ntomas inequ?vocos de transformaci?n. Como las flores de los almendros en la primavera temprana se anuncian t?midos signos de una pr?xima prosperidad andaluza. Hay que llamarla y salirle al encuentro y no dejarla marchar. Hay tambi?n que darle el alto, mirarla a los ojos y no permitirle que se lleve de calle, torpe, apresuradamente, una de las formas de vida m?s altas que ha alcanzado el hombre y que se llama Andaluc?a.

Francisco Arias Solis
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Gracias.
Publicado por Franciscoariassolis @ 21:07
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