Domingo, 09 de septiembre de 2007
LAS PRIMERAS HOJAS SECAS

?En oto?o dice el viento:
ya no es verdad lo que era
verdad esta primavera.
No hay verdad m?s que un momento.?
Jos? Bergam?n.

LA CONVICCION PROVOCADA DE QUE LAS COSAS
NO TIENEN SOLUCION

Al finalizar el verano de 2007, si reflexionamos un momento sobre la situaci?n en que nos encontramos, ad?nde vamos, qu? esperamos, encontramos que se ha invertido el estado de ?nimo en que los espa?oles hab?amos vivido desde fines de 1975. Sent?amos que empezaba una etapa nueva; que ?bamos a alguna parte; y se produjo una impresi?n inconfundible de dilataci?n de la vida. No ocultemos que algunos sent?an temor y desagrado; pero predominaba la esperanza. En todo caso, hab?a expectativa. Desde muy pronto hubo tentativas de provocar el desencanto, el desaliento, la desilusi?n. Con eso se trataba de provocar la pasividad de los espa?oles, de manera que fueran inertes y manipulables. Cuando no hay entusiasmo no hay resistencia, se deja hacer a los que quieren disponer a su antojo de un pueblo.

Durante unos a?os, esos intentos no prosperaron, y se llev? a cabo en nuestro pa?s una transformaci?n imperfecta, con desaciertos pero con superabundante y rapid?sima acumulaci?n de mejor?as; sobre todo, con la creaci?n de un cauce para avanzar en la historia. Con otras palabras, se abri? un camino practicable para la esperanza.

Si somos sinceros, tendremos que confesar que de todo ello queda muy poco. Cuando se lee un peri?dico o se escucha un noticiario, no se espera nada bueno; pero lo m?s grave es que no se espera nada incitante. Se repiten mon?tonas cantinelas de ??xitos? en los que nadie cree -y menos que nadie los que lo proclaman-, o se reiteran enumeraciones de ?fieros males?, que no dejan de existir, pero que a veces no son tan fieros, y sobre todo se siguen hasta tal minucia, que encubren con su insignificancia lo que verdaderamente debe inquietar. Y, por supuesto, no se propone nada atractivo, esperanzador, que incite el apetito de vivir, que prometa una nueva empresa nacional interesante.

Esto explica el fen?meno extra??simo de que el ampl?simo descontento dominante, que tiene pocas excepciones, se presente acompa?ado de la frecuente convicci?n de que las cosas van a seguir como est?n; lo cual no es muy comprensible cuando se vive en un r?gimen democr?tico, en que los ciudadanos tienen en sus manos la posibilidad de cambiar la orientaci?n del pa?s.

Se dir?a que sopla un viento de proa que dificulta el avance. Pero enti?ndaseme bien: no me refiero a las dificultades que son grandes y notorias, pero que nunca han producido por si solas el des?nimo. Al contrario, los pueblos, cuando est?n sanos, se crecen ante las dificultades, que les sirven de est?mulo para dar de s?. Se trata de otra cosa: de la convicci?n provocada de que las cosas no tienen soluci?n, de que no se puede hacer otra cosa que lo que se est? haciendo -o su inversi?n mec?nica sin innovaci?n-.

La impresi?n de que la vida p?blica escapa de los ciudadanos es total, y cada vez se sienten menos ciudadanos. Porque no se sienten tampoco representados por los que -casi siempre tibia y desganadamente- discrepan de la conducci?n de los asuntos sin ofrecer nada atractivo, en muchos casos sin proponer siquiera en serio y de modo fidedigno la modificaci?n de eso mismo de que dicen discrepar.

Esto produce en los espa?oles una impresi?n de que las cosas van a seguir ?as? o de manera muy parecida. Y ello engendra hast?o, desaliento, indiferencia. La forma peor de la resignaci?n. Porque ?sta, la resignaci?n, es una actitud nobil?sima y necesaria cuando consiste en aceptar lo inevitable; pero es desastrosa cuando significa la mera pasividad frente a lo que se puede evitar, corregir, transformar.

?Hay razones, en Espa?a y fuera de ella, para que nos avengamos a vivir precariamente, sin ilusi?n, sin confiar en que el ma?ana nos traiga algo nuevo y valioso? Mejor dicho, en que lo traigamos, lo inventemos, lo realicemos. Creo que no. Las posibilidades con las que no encontramos hace treinta a?os, est?n en principio intactas. Espa?a ser? -dentro de las circunstancias reales, que tambi?n son modificables- lo que queramos. Con la ?nica condici?n de que efectivamente queramos, de que nuestra voluntad no se atrofie.

Pero esa voluntad tiene que estar alimentada, vivificada por el deseo. Siempre me sorprende -y me deprime- la frecuencia con que se quiere lo que no se desea. Se procura, y muchas veces consigue, lo que no atrae, ni ilusiona, ni se estima; lo que acaso produce temor o repulsi?n. Y, sin embargo, la actividad se moviliza hacia ello, impulsada por persuasiones ajenas, por inhibiciones de lo que verdaderamente se desea por descalificaciones con las cuales se deja fuera de juego a los mejores.

Cuando se llega a la convicci?n de que hay que elegir entre posibilidades no deseables, en todo caso no deseadas, hay el peligro de que se elija por inercia o por el m?todo de ?cara o cruz?; es decir, que no se elija, con lo cual la democracia se vac?a de contenido. Por eso, la primera operaci?n que se realiza es la limitaci?n de las posibilidades, la persuasi?n de que no hay m?s.

En otros t?rminos, la amputaci?n de la facultad imaginativa. Porque la verdad es que, con todos los obst?culos que se quiera, el horizonte real est? lleno de posibilidades incitantes. Se puede, se debe entrar ilusionadamente en el oto?o. Y como dijo el poeta: ?Como las hojas ca?das / del ?rbol del coraz?n / dijo Espronceda que son / las ilusiones perdidas. / Tambi?n se pierden las penas: / y por haberlas tenido / nos da m?s pena el perderlas?.

Francisco Arias Solis
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La peor paz es mejor que la mejor guerra.

Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus p?ginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL:
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Gracias.
Publicado por Franciscoariassolis @ 10:43
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