Lunes, 29 de octubre de 2007
SABER MORIR

?Ven muerte tan escondida
que no te sienta venir,
porque el placer de morir
no me vuelva a dar la vida.?
Lope de Vega.

LA PRESENCIA VIVA DE LA MUERTE

Se dice que el c?ncer es la enfermedad de nuestro tiempo. No sabemos bien si porque se produce con mayor intensidad o frecuencia que en ?pocas pasadas, o en raz?n a que el repliegue de las dem?s plagas va haciendo, comparativamente, m?s ostensible esta perturbaci?n biol?gica. Hay, incluso, quienes piensan que el c?ncer no es sino la desordenada aceleraci?n de la muerte con que nacemos.

Pero no es el c?ncer el tema que nos ocupa, aunque sea el que motiva esta l?nea. Hablar de la enfermedad como tal corresponde a los bi?logos, ?nicos que podr?n en su d?a hallar el cuadro de soluciones eficaces al mal. Me importa el hombre y la manera y modo en que haya de efectuar mejor el tr?nsito, que es tanto como decir de forma m?s tranquila, consciente y edificante. Y mucho me temo que no se est? procediendo, en general, como se debiera.

Hay seres humanos que siguen temiendo la muerte hasta extremos que denotan un claro fen?meno de malformaci?n intelectual. Ser?a conveniente recordarles la m?xima de Epicteto: ?Temes nombrar la muerte, cual si s?lo su nombre fuera cosa de augurio funesto. Sin embargo, mal puede haber augurio funesto en lo que no hace sino expresar un acto de naturaleza?. Pero la triste consecuencia de la llamada ?sociedad del bienestar?, que es una civilizaci?n hedonista, es la falta de formaci?n integral humana, incluso en amplios sectores de las clases dirigentes universitarias. Desconociendo c?mo sea en realidad el hombre, piensan algunos que es mejor que el enfermo irremediable ignore su enfermedad, a la que llaman desgracia, y muera entre las ansias de la vida f?sica, que es la forma m?s cruel de morir.

Ignoran que es, al menos, tan importante saber morir como saber vivir.

Podr? alegarse que mi cr?tica pierde entidad fuera del marco de una concepci?n espiritualista de la existencia. Nada m?s lejos de la realidad; porque, aun participando de esta concepci?n, comprendo, sin embargo, el sentido materialista de la vida. Pero es que del materialismo al hedonismo hay tan diferente nivel como lo que va del hombre selecto equivocado a la ignorancia del imb?cil.

No s?lo sabe morir quien es consciente de que este paso no representa sino el dolor del alumbramiento hacia una situaci?n mejor de la propia vida. Tambi?n debe saber morir quien, por pensar que la vida se extingue con la muerte, comprende que ha de afrontar ese paso, -por hoy irremediable- con la elegancia desprendida del c?nico, sin cerril empe?o en conservar contra natura unas condiciones biol?gicas que se han desequilibrado de forma irreversible. Desear?, en todo caso, dome?ar en lo posible el dolor y apurar los mejores goces: sabr? morir como S?crates, entre sus disc?pulos; como Petronio entre sus amigos, o como Maximiliano de M?xico, diciendo a sus verdugos sin descomponer su gesto: ?apuntad al coraz?n? -que es tanto como decir: no me hag?is sufrir sin causa-.

Quien no sabe morir -o no le dejan- es aquel que ignora la proximidad del hecho, y dedica los tiempos y energ?as que le restan a luchar por una vida que ya no le pertenece, en lugar de prepararse para el tr?nsito esperanzador o apurar los ?ltimos goces de su propia filosof?a.

De ah? que me inquiete, y me duela, esa decisi?n tan extendida de ocultar al enfermo lo irremediable y pr?ximo de su fin. Para que no sufra -dicen-, como si el ?nico sufrimiento fuera el mero dolor f?sico de la materia biol?gica. Como si no lo fuera, mucho mayor, el tremendo grito de angustia del hombre sorprendido ante su proyecci?n c?smica o estafado en el libre uso de sus ?ltimas horas de vida terrena.

Por ello, si me correspondiera un d?a la gracia de poder morir despacio, rodeado de mis personas queridas, tengo el deseo y la esperanza de que no se me ocultar? la proximidad del fin; porque el ser humano hace, a lo largo de su vida f?sica, tantas cosas de las que desea arrepentirse, que no es mala suerte disponer de un tiempo para corregir la conciencia y preparar la consciencia, a fin de efectuar el tr?nsito con discreci?n y mesura en el gesto, tanto como con honradez y limpieza en el coraz?n. ?Primero fue el conocimiento?, dijo Lao Tse. El ser humano que abdica del conocimiento, abandona gran parte de su propia esencia. Quien lo guarda, sabe, como Eur?pides, que ?lo que proviene de la tierra vuelve otra vez a la tierra, pero lo que tiene un origen celeste torna luego a la esfera de los cielos?. Y como dijo el poeta: ?Si el alma duerme / no hag?is ning?n ruido / que la despierte. / Para que el sue?o / pueda darle a la muerte / silencio eterno?.

Francisco Arias Solis
e-mail: [email protected]
URL: http://www.arrakis.es/~aarias
WIKIPEDIA: http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Arias_Sol%C3%ADs
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Te matan y despu?s
piden perd?n al cad?ver.

Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus p?ginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL: http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm.

Gracias
Publicado por Franciscoariassolis @ 23:17
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