Mi?rcoles, 07 de noviembre de 2007
EN DESCREDITO DE LA INTELIGENCIA

?-Nuestro espa?ol bosteza.
?Es hambre? ?Sue?o? ?Hast?o?
Doctor, ?tendr? el est?mago vac?o?
-El vac?o es m?s bien en la cabeza.?
Antonio Machado.

LOS HOMBRES PUBLICOS DE NUESTRO TIEMPO

El hombre de hoy suele creerse dispensado de ser inteligente. No ya el pol?tico, el tecn?crata, el profesional, el artista o el escritor, sino incluso espec?ficamente el ?intelectual?. No digo con esto que haya menos hombres ?inteligentes? que en otras ?pocas, si por ello se entiende que sus dotes psicof?sicas sean inferiores; por el contrario, creo que dentro que lo llamamos historia, por oposici?n a la prehistoria, las dotes del hombre han sido estad?sticamente muy comparables. Lo que importa no son las dotes, sino lo que se hace con ellas. Ser inteligente nos quiere decir ?poseer? ciertas ?facultades?, sino usarlas en cierta manera, abrirse a la realidad y dejarla penetrar en la mente, oprimirla en conceptos y obligarlas a soltar su zumo, ligar una cosa a otra con conexiones racionales.

El fen?meno que me inquieta no tiene ra?ces biol?gicas o psicof?sicas, sino sociales. Se trata de que la inteligencia ha perdido vigencia y prestigio, ha empezado a ser menos estimada, y eso ha producido su mengua. Lo que ha acontecido, lo que est? aconteciendo ante nuestros ojos distra?dos, es nada menos que el menoscabo de la inteligencia.

En las primeras d?cadas del pasado siglo, la inteligencia irritaba profundamente a muchos hombres -no se pod?a entender la floraci?n de los fascismos sin tener en cuenta esta actitud-. Pero irritaba precisamente porque ten?a prestigio y vigencia, porque se la estimaba enormemente, porque se la deseaba, se la consideraba necesaria, su ausencia se sent?a como privaci?n.

Esto es lo que ha cambiado; la inteligencia apenas irrita m?s que a los supervivientes de generaciones que conocieron la situaci?n anterior; ahora m?s bien es olvidada, omitida, pasada por alto; no se la percibe, ni la echa de menos; apenas se la envidia; no se distinguen bien sus grados. Advi?rtase que es infrecuente que se elogie a una persona por su inteligencia -ni siquiera a un intelectual-; se suele encomiar su informaci?n, sus realizaciones, m?s todav?a su orientaci?n o filiaci?n; se alabar? a un intelectual por ser de tal observancia, no por ser inteligente; y el intelectual no se molestar? casi nunca en justificar lo que dice o en mostrar la agudeza o rigor con que su teor?a se ajusta a la realidad, sino que proclamar? que ?eso es lo que interesa? o ?lo que cuenta? o que ?ese es el sentido de la historia?.

La causa real de la disminuci?n efectiva de la inteligencia en los primeros a?os del siglo XXI es su deterioro o deslustre, el haber perdido ?parte de la estimaci?n o lucimiento que antes ten?a?. Porque es menos estimada, la inteligencia es menor.

Estamos en uno de los momentos en que los hombres ?p?blicos? han sido menos interesantes. Haga el lector el experimento de intentar recordar qui?nes gobiernan en los dem?s pa?ses -desde cierto nivel, incluso en el propio-; encontrar? que en inaudita proporci?n no lo sabe; y cuando lo sabe, apenas sabe m?s que el nombre, sin que el gobernante se presente a sus ojos con una figura personal, con un contenido humano, mental o program?tico identificable. Es un hecho que los hombres notoriamente inteligentes rara vez ocupan puestos directivos, y si los abandonan esto no se siente por casi nadie como una p?rdida grave: son fundamentalmente ?prescindibles?.

V?anse los elogios que se tributan por los cr?ticos a los artistas, a los literatos: rara vez apuntan a la inteligencia, a la comprensi?n de la realidad. Y ?qu? duda cabe de que el arte, no ya en sus formas literarias, sino la m?sica o la pintura, es siempre comprensi?n, interpretaci?n de la realidad, y que puede y debe ser inteligente, aunque no sea conceptual? ?No es evidente la inteligencia de Leonardo, Vel?zquez, Rembrandt o Picasso, la de Mozart, Beethoven, Debussy o Falla, la del Dante, Petrarca, Shakespeare, Cervantes, Quevedo, B?cquer, Baudelaire, Rub?n Dar?o, Neruda, Machado o Lorca? Yo me pregunto si es algo semejante lo que se busca, lo que se desea, lo que se exige o se estima.

Esa falta de estimaci?n social de la inteligencia como tal, el que haya dejado de ser ?requisito?, conduce al descenso de su nivel afectivo. Falta la necesidad, el est?mulo, m?s que nada el ?contagio?: el pensamiento es algo que se hace normalmente porque se ve c?mo funciona -esta es la ?nica justificaci?n seria de eso que se llama un profesor-; cuando empiezan a faltar los ejercicios de inteligencia, es m?s infrecuente su espect?culo y por tanto su contagio, y por consiguiente la probabilidad de que se engendren nuevos focos disminuye. Es una reacci?n en cadena, y muy r?pida.

Por esto son posibles las ??pocas est?pidas?, en que la inteligencia parece haberse atrofiado, en que casi nadie es inteligente -aunque las dotes permanezcan iguales-. Cuando no se espera, reclama, exige una conducta inteligente, se bajan las defensas, se deja que penetre en la mente el t?pico, la consigna, la moda; y entonces es infrecuente que nadie se encuentre con un ejemplo vivaz, ejecutivo de pensamiento inteligente, y que en ?l se encienda una luz an?loga.

Son constantes los cambios de posici?n de muchos hombres p?blicos: hoy defienden lo que ayer atacaron y combatieron; vilipendian lo que hace poco ensalzaron, se horrorizan de lo que les pareci? admirable. A veces estas transiciones son m?gicas y sin que vea el camino recorrido ni el porqu? de la variaci?n, lo cual hace sospechosa su honestidad; a veces la honestidad queda a salvo, porque se justifican, se hace la oportuna rectificaci?n; pero en todo caso queda en pie el problema de la inteligencia: los que tan hondamente han cambiado, es porque se equivocaron, porque interpretaron injusta y err?neamente la realidad. ?Es que plantea siquiera la reflexi?n de que una u otra conducta es acaso menos inteligente? Y es que, como dijo el poeta: ?No hay que fiarse ni un pelo / de los que de modo igual gritan: ??Vivan las cadenas!?/ o ?Viva lo liberal?...?

Francisco Arias Solis
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Sus palabras son bellas... pero luego no cumplen sus promesas.

Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus p?ginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL:
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Gracias.
Publicado por Franciscoariassolis @ 3:53
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