Mi?rcoles, 14 de noviembre de 2007
IGNACIO ALDECOA
(1925-1969)

?Toda la voz, toda la voz es poca
para llamarlos desde mi distancia.?
Ignacio Aldecoa.

LA VOZ GENIAL DE UN VITALISTA

Este noviembre en que el oto?o toma cuerpo definitivamente, caliente para algunos, templado para los de siempre, se cumplir?n treinta y ocho a?os de la muerte de Ignacio Aldecoa, y en esta Espa?a conmovida y recelosa, a medias entre el miedo y el tedio, seguramente nadie recordar? la suya entre tantas otras, nadie se acordar? de un escritor espa?ol hoy que las planas de la prensa literaria se abren tan generosamente a los exegetas de autores extranjeros.

Pocas veces, como en el caso de Aldecoa, la vida de un escritor fue tan consecuente con su obra. La muerte de Aldecoa -desatenta e inesperada- significaba la ruptura de un ?proyecto? adem?s de la desaparici?n de uno de los narradores m?s honestos del pa?s. Aldecoa, tan vitalista, tan lleno de vida, tan ejemplar en su modo de asumir la dif?cil aventura de ?ser? escritor en Espa?a, hab?a declarado en 1954: ?La literatura es una actitud ante la vida, no un medio de vivir?. Su memoria que con el tiempo cobra medida y peso, est? claro que no ha menguado desde su muerte, tal como algunos pensaban, tal como otros tem?amos. De su obra nadie podr? decir, por tanto, que se halla en trance de ser recuperada porque, nunca perdida, presente cada d?a, ni los nuevos estilos, ni los nuevos modelos, ni la nueva literatura de consumo le afectaron demasiado en vida, ni mucho menos hoy, al cabo de los a?os.

Aldecoa es el mejor cuentista que la literatura espa?ola ha producido en el pasado siglo. Escribi? muchos cuentos, y de los buenos. En los ocho libros que public?, levant? Aldecoa un mundo riqu?simo de observaci?n de la vida espa?ola de su tiempo, de solidaridad con los perdedores, con quienes padecen la historia y de desprecio por quienes la ejecutan. En una entrevista Aldecoa se?al? que la preocupaci?n por lo social ?es la base fundamental de mis obras, pero pretendo tambi?n que tengan calidad literaria, h?lito po?tico y expresivo adobo?. Y a?ad?a: ?Supongo que soy un escritor social, porque tengo preocupaciones de car?cter social, y aunque no las tuviera tambi?n lo ser?a, porque toda la literatura es social?. El proyecto de Aldecoa, quebrantado y roto por la muerte, se apoyaba b?sicamente en la realidad espa?ola; Espa?a como preocupaci?n y experiencia vital informar? toda su narrativa desde los primeros poemas y cuentos de universitario bohemio y rebelde en Salamanca, hasta su ?ltima novela, Parte de una historia, publicada en 1967. Aldecoa no trata de dar ning?n mensaje (y en ello se separa su obra de la de sus amigos de la generaci?n del realismo cr?tico), aunque el esfuerzo, sufrimiento e incluso miseria de sus protagonistas constituyan un reflejo de un estado social.

Ignacio Aldecoa nace en Vitoria el 24 de julio de 1925 y muri? en Madrid el 15 de noviembre de 1969. Estudia Filosof?a y Letras en la Universidad de Madrid. Siendo vasco de tierra adentro, admiraba de los vascos la vocaci?n marinera. Le hubiera gustado ser viajero incansable con la literatura al hombro, silencioso navegante solitario. ?Era febril -nos contaba Carlos Edmundo de Ory-, sediento de vida y voluntarioso. Recuerdo, sobre todo su estampa vertical, su garbo... Era alegre, simp?tico, no dejando ver tristezas?.

A?os antes de 1950, Ignacio hab?a publicado algunos cuentos en revistas universitarias; despu?s, un cuento de Aldecoa, era una insoslayable realidad literaria de primer orden, que, adem?s de contribuir poderosamente a la revalorizaci?n del g?nero, le instalaba en una zona de dif?cil acceso a la improvisaci?n y al efectismo. Porque sus cuentos eran, como entonces empezaba a pedirse, ?literatura social? y neorrealismo, por la dif?cil senda de hacer radicalmente protagonista a criaturas antes adjetivas en la narraci?n: al hombre mismo. La honradez vasca de Aldecoa se pon?a de manifiesto tanto en la autenticidad del testimonio, de la verdad contemplada, como en el estilo, a la realidad que se propone desvelar.

Aunque publica dos libros de poes?a, Todav?a la vida, en 1947, y Libro de las algas, en 1949, su primera novela, El fulgor y la sangre, no aparece hasta 1954 y es ya una obra madura, controlada, sobria, precisa, que se apoya en varios a?os de dedicaci?n severa a la escritura (poes?a, narraciones cortas). Se ha hablado del ?clasicismo? de Aldecoa. Se debe ello tal vez a que en Aldecoa domina la objetividad, una sabia distancia entre el narrador y lo narrado y lo que se ha llamado ?perfecci?n formal?, as? como, tem?ticamente, su atenci?n a vidas y hechos que, por lo general, hab?an quedado fuera del campo de mira de la novela de posguerra. ?Lo que me mueve, sobre todo -dec?a Aldecoa-, es el convencimiento de que hay una realidad espa?ola... que est? casi in?dita en nuestra novela?.

Se inscribe as? Aldecoa en una vieja tendencia de la novela moderna que intenta ocuparse de lo que Unamuno llamaba ?intrahistoria?, cuyos antecedentes m?s cercanos bien podr?an ser algunas narraciones del mismo Unamuno o del Baroja, de, por ejemplo, Vidas sombr?as. As?, en El fulgor y la sangre las angustiadas meditaciones de las mujeres de los guardias civiles aparecen, parad?jicamente, como parte de un cotidiano vivir al margen de la sociedad, del mismo modo que el duro y peligroso trabajo de la pesca en altura -esencial en la sociedad, pero llevado a cabo por hombres de cuya existencia s?lo en el puerto de origen se tiene conciencia- aparece narrado en Gran Sol (1957), desde la perspectiva de la cotidianidad, de la monoton?a del trabajo y del peligro. En este sentido parece aceptable establecer una relaci?n entre Aldecoa y S?nchez Ferlosio en cuanto iniciadores de un nuevo ?objetivismo?. Parte de una historia, es una ensimismada cr?nica de la nada, narraci?n del mar sin mar y abrumador viaje al vac?o. En esta novela su estilo alcanza la apoteosis.

Aldecoa no pudo sacar adelante aquella novela Los pozos, con la que se cerraba su trilog?a de la Espa?a inm?vil, aquella que se iniciara con la Guardia Civil, El fulgor y la sangre, y que continuaba con los gitanos de Con el viento solano, que despu?s llevar?a al cine su amigo Mario Camus.

La generaci?n de Ignacio Aldecoa es la generaci?n del medio siglo, esa que se est? haciendo ese a?o de 1952, cuando Jos? Manuel Caballero Bonald, un joven poeta jerezano, conoce por Carlos Edmundo de Ory, a Aldecoa, ?y lo conoc? en esos ejercicios itinerantes de tasca en tasca a los que Ignacio era tan aficionado?. ?Fuimos una generaci?n -insiste Caballero Bonald- de mucho vivir y de mucho beber?.

?El era un vitalista tremendo -contaba Josefina Aldecoa, su mujer-, pero a la vez se destru?a conscientemente. El sab?a que no pod?a beber ni fumar, y lo hac?a, a pesar de esa ?lcera sangrante?. Aldecoa vivi?, eso s?, dedicado a la literatura todas las horas de su existencia, cuando viv?a, cuando beb?a y cuando re?a. Teniendo muy presente, adem?s, aquella frase de Ortega: ?La vida, como la moneda, hay que saber gastarla a tiempo y con gracia?.

Francisco Arias Solis
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Gracias.
Publicado por Franciscoariassolis @ 19:03
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